Cuentos en el blog

sábado, 23 de octubre de 2010

El hombre detrás de la mascara de hielo

 Un niño se cae y se pone a llorar mientras le sale sangre de la nariz. La madre, ve al pequeño y mientras lo limpia con su pañuelo le dice: “No es nada, no es nada, no llores...”¡Que no va a ser nada! Se reventó la nariz contra el suelo y le chorrea sangre...
Ejemplos como este abundan a nuestro alrededor y demuestras como de niños se nos ha inculcado a no exteriorizar, o tratar de ocultar nuestros sentimientos ya que estos son sinónimo de debilidad y fragilidad ante los demás. Nadie puede saber lo frágiles que “supuestamente” somos.
De este modo a medida que vamos creciendo exteriorizamos menos nuestro interior, “tragándonos” enojos, angustias, pasiones..., convirtiéndonos en "el hombre o la mujer de hielo", un ser rígido, frió y calculador, inmutable para todo el mundo, pero que se debate en una terrible lucha interna entre demostrar lo que los demás quieren ver y lo que realmente es.
Para el mundo somos el alto muro de una solida represa, sin embargo, tras ese muro se represa el corrosivo ácido de nuestros sentimientos reprimidos que poco a poco van carcomiendo internamente las paredes de aquella mega estructura que sucumbe desmoronándose ante los ojos de todos, derramando el torrente de todas las rabias, angustias, pasiones y enojos represadas transformándonos en el Increible Hulk, aquel gigante hombre verde de una serie televisiva de los años 70´, o simplemente destruyéndonos, cayendo enfermos, o tal vez simplemente consumiéndonos en nuestra agonía, nuestro veneno interno, y muriendo.
¿Por qué guardarnos todo aquel caudal de emociones que tenemos para compartir con el mundo? Si queremos abrazar o besar a alguien hagámoslo, puede que recibamos un cachetazo... o tal vez no.
Si alguien nos afecta física o emocionalmente demostremos nuestro enojo, el callar nos hará más mal que el golpe en la cara que podamos recibir.
Dejemos de ser la sociedad hipócrita que recibe al extraño empuñando una flor en la mano del frente y un cuchillo en la de la espalda. La convivencia no se construye sobre la base de mentiras e hipocresías sino sobre la sinceridad y la verdad.   

sábado, 16 de octubre de 2010

¿Es que acaso necesitamos de una desgracia para que trabajemos como se debe?

Por primera vez en mucho tiempo una “verdadera noticia” ocupó la primera plana de la mayoría de los periódicos americanos y del mundo, desplazando a las sanguinolentas, deprimentes y decadentes que ocupan la primera plana y a las que se nos tiene acostumbrados.
Sin duda lo que acaparó la atención de millones de personas esta semana fue el rescate de los mineros chilenos de las entrañas de la tierra.
Sirenas, petardos y hasta fuegos artificiales, en varios países, sonaron cuando la Fenix surgió de las entrañas de la tierra por ultima vez.
¿Quien dice que una buena noticia no vende?
Esta vez el ingenio del hombre y en especial la extremada sincronización llevaron a buen puerto la tarea. Se debía llegar al objetivo y para ello primó la capacidad de cada individuo, dejándose de lado diferencias y jerarquías.
Del mismo modo que Alemania y Japón demostraron que se puede resurgir de las cenizas de la guerra, los chilenos demostraron que sí es posible rescatar a un grupo de personas, a casi setecientos metros de profundidad, solamente con una buena coordinación y optimo aprovechamiento de los recursos disponibles, tanto humanos como técnicos.
Que distinto sería el mundo si tanto los gobernantes como sus gobernados, dejando de lado etnocentrismos, racismos, politiqueria, aplicaran todos sus recursos disponibles para desanudar los nudos que impiden su crecimiento como naciones y como seres humanos.
En el rescate chileno, todos lo pudimos ver, no importó si el que diseñó la capsula Fénix fue un “milico”, o de que partido político, o de cual club de fútbol era tal o cual rescatitista, solo importó que esa persona era la más apta para lograr con éxito el objetivo. Cada individuo hizo su parte dando todo de sí.
Es por ello que creo que esta caótica situación en la que estamos inmersos, en donde priman las anteojeras de fronteras, egoísmos, envidias, odios, alguna vez ha de cambiar. Si Alemania, Japón y Chile pudieron alcanzar sus objetivos fijados TODOS PODEMOS. Sólo espero que no sea necesaria una terrible desgracia, como la ocurrida en estos países, para que tomemos conciencia y nos pongamos a trabajar como corresponde.

viernes, 8 de octubre de 2010

La convivencia en el mundo de la comida rápida

Según el diccionario el significado de convivencia es simplemente “vivir en compañía de otro u otros”. Si partimos de la base que el hombre es un ser social por naturaleza, o sea que para realizarse debe relacionarse con otros ¿por qué es tan difícil convivir con alguien?
Cierto es que vivimos inmersos en un mar de personas con las que nos toca compartir gran parte de nuestro día a día; compañeros de trabajo; conocidos; vecinos; personas que pasan por nuestra vida sin mayor impacto que una charla banal o un intercambio de saludos. Pero cuando se refiere a una convivencia más intima... la cosa cambia.
En la mayoría de los casos la frase “Y vivieron felices por siempre”, lamentablemente, es solo aplicable a los cuentos de hadas y duendes.
¿Por qué cada vez más frecuentemente el tiempo que una pareja vive como tal es tan breve? La respuesta a este dilema no creo que sea una sola, pero intuyo que una de las principales razones es que antes de compartir nuestra vida con alguien debemos convivir con nuestro yo interior, conocernos a nosotros mismos y una vez que lo hayamos hecho, una vez que distingamos nuestras metas, principios, fortalezas, debilidades, debemos ser coherentes con ellas y no dejarnos llevar por imposiciones foráneas a nuestra esencia, solamente por el hecho de “no estar solos”.
Hoy en día la vida de la “comida rápida” nos ha llevado a ir del saludo a los “bifes”. Dos personas se conocen en una fiesta y, al terminar esta, ya se están “encamando”. Lo pasajero reemplaza a lo esencial. Nuestra sociedad se a trasformado en una colectividad de cazadores de presas, sin importar que estas sean compatibles o no. Nos transformarnos en “camaleón” simplemente porque queremos conquistar a una “presa” que aunque “apetecible” es como el agua y el aceite con respecto a nosotros, a nuestra esencia. Como dije hace tiempo en este mismo blog, el agua y el aceite al centrifugarse se transforma en una emulsión, sin embargo, como sabemos, las emulsiones tienen, al igual que las parejas modernas, corto periodo de vida como tal, ya que al poco tiempo vuelven a separarse debido a la diferencia de densidades o “de caracteres” en el caso de las parejas.
Es probable que dos personas que se conocen en una discoteca, pub, boliche, o como quieran llamarlo hoy en día, apelen a la frase “amor a primera vista”, para encamarse a
la salida, pero como dicen también ¿de que primera vista me hablan si el amor es ciego?
Una pareja surgida de este tipo de encuentros tiene muy poca probabilidad de éxito en la continuidad de la misma ya que la “calentura” hace perder toda perspectiva de todo lo que no se refiera a... bueno ya saben.
Decía mi abuela “por más que el diablo se esconda siempre deja la cola fuera de la olla” No porque un gato negro se pinte una franja blanca en el lomo será un zorrillo.
La convivencia, como un edificio, debe fundarse sobre cimientos y pilares firmes y estos son incompatibles con la mentira, el engaño y el apasionamiento resultante de una “fiebre del sábado por la noche”. A nadie se le ocurriría construir un edificio sobre un pantano. Tampoco podemos formar una pareja con alguien por el simple hecho “que tenga buenos atributos” sin cotejar que nuestros principios, metas, etc., son similares.
Debemos revelarnos tal cual somos, no como quieren los demás que seamos, y no desesperar, ya aparecerá quien sintonice con la imagen que irradiamos.
Como dije, debemos mostrarnos tal cual somos, descubrir con calma a la persona con la que pretendemos convivir y esperar que la otra parte actúe del mismo modo. Tal vez de este modo como en los cuentos, podamos vivir felices por siempre.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Se completa la colección de las Travesías de Waty el escriba

En semanas más saldrá a la luz la cuarta parte de las peripecias de Waty el escriba. La novela titulada "El juego de los dioses", magistralmente ilustrada por el dibujante Juan Moreno, será editada por SERVILIBRO SRL.
En la oportunidad también se lanzará la segunda edición de "Conspiraciones faraónicas", primera parte de la saga agotada hace tres años.

Si bien todavía no se tiene fecha ni lugar para el lanzamiento se calcula que este se realizará entre la primera y segunda semana del mes de octubre de 2010.

sábado, 18 de septiembre de 2010

De cuerdos y locos...

Hay quienes dicen que la locura se contagia, otros que “de cuerdos y locos todos tenemos un poco” sea como sea es evidente que muchos compartimos pensamientos y sentimientos comunes y esto se evidencia en que en varias partes del mundo se escriben sea en blogs, revistas, o libros, temas de similar contenido.
Cuando se me pidió que presentara la novela “El Sindrome de Zavala”, en la feria del libro de Encarnación, descubrí que muchas “vivencias” y pensamientos reflejados en este libro eran muy similares a varios artículos escritos en este blog. ¿Es acaso el libro en cuestión un espejo en el cual el lector refleja sus deseos, criticas y sentimientos ocultos?
¿Será que los conceptos vertidos en esta novela, mediante una amena trama en donde “Juan Eustaquio” busca un mítico tesoro, son los mismos conceptos de protesta que cada uno de nosotros tenemos en nuestro subconsciente contra los invisibles y anónimos titiriteros que manipulan nuestros actos? Esos mismos cuestionamientos y reflexiones que tenemos, como dice el autor, “en los momentos de hastío, en un colectivo, frente a un semáforo, cuando viajamos, y que mueren en el mismo momento de manifestarse ya que nunca nos atreveríamos a repetir a nadie, por temor al rechazo, a la desaprobación, o a que se nos considere dementes”.
Si bien la novela se desarrolla en Asunción y sus alrededores podría desarrollarse en cualquier ciudad donde el ciudadano, envuelto y arrastrado por una marea formada por la frivolidad y el autismo provocado por la tecnología y la sociedad misma, trata de salir a la superficie cuestionándose silenciosamente sobre el camino a seguir para lograr sus sueños, mientras es perseguido y seducido a la vez por los fantasmas del materialismo, consumismo y egoísmo que tratan de impedir que desentierre su verdadera identidad, su “yo interior”.
Juan de Urraza da un paso más allá al evitar que estos conceptos, que todos tenemos, se evaporen en el éter del pensamiento al plasmarlos en esta atrevida y sincera obra con la cual el lector descubrirá que “de cuerdos y locos todos tenemos un poco”.

6ª Libroferia de Encarnación

Tras recorrer los 365 km. que separan a Asunción de la capital del departamento de Itapúa, llegué a Encarnación en donde se realizaría la 6ª libroferia encarnacena.
Como en años anteriores, organizada por la Universidad Autónoma de Encarnación (UNAE), el Instituto Superior Divina Esperanza (ISDE), el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), la Cámara Paraguaya del Libro (CAPEL) y la Sociedad de Escritores del Paraguay (Filial Itapúa), el evento se llevó a cavo en la plaza de armas de la ciudad en donde fue montada la estructura que albergó a los más de veinte stand de los expositores llegados de Concepción, Ciudad de Este, Asunción y de Encarnación.
Dentro de la mencionada estructura se armó preparó un salón auditorio(“Salón Independencia”), con capacidad para 150 personas donde se realizaron talles conferencias y lanzamientos entre los cuales se encontraron los de “La princesa sin rostro” y “El aprendiz de brujo y el hada”, como así también la nueva novela de mi compañero de letras Juan de Urraza, “Sindrome de Zavala” que me tocó presentar.
Con una temperatura agradable y días soleados disfruté de la libroferia compartiendo tanto con escritores Itapuenses y asuncenos, como con los venidos de Argentina,Antonio “Negro” Falcón SADE Filial Chaco; Anibal Silvero y Jorge Luis Lavalle SADE Filial Misiones, quienes el sábado 11 de septiembre participaron del evento denominado “Poesía, una voz sin frontera”.
Como estaba previsto el domingo 12 a las 15:30 se presentó “El aprendiz de brujo y el hada” con divertido montaje a cargo de la ingeniosa Sofia Valenzuela, quien un año atrás había dado vida al cuento con su adaptación teatral “La aprendiz de brujita y el hada”. Seguidamente junto con Juan de Urraza presentamos “Sindrome de Zavala” y “La princesa sin Rostro”.
El lunes 13, ya fuera del marco de la feria encarnacena, y con la lluvia sobre nuestras cabezas, junto con la “Editorial Lina” compartimos una experiencia inolvidable presentando mis libros en varios establecimientos educacionales en donde los pequeños de cuatro, cinco, seis y siete años me rodeaban abrazándome para salir en las fotos que sus maestras quitaban.
El martes 14 de septiembre el periplo encarnaceno llegó a su fin, no sin antes visitar una escuela secundaria en donde hable de mis otros libros y lo que me motiva a seguir escribiendo.
Cansado pero satisfecho por la experiencia subí al micro que me llevaría a Asunción recordando el dicho que reza “Sarna con gusto no pica”

viernes, 17 de septiembre de 2010

Culminó con éxito la VI Libroferia en Encarnación

ENCARNACION (de nuestra redacción regional). Este año la libroferia fue un éxito y superó ampliamente a las anteriores ediciones, explicó la rectora de la Universidad autónoma de Encarnación (UNAE), Nadia Czeraniuk, responsable de la organización del evento.
Cientos de obras de autores nacionales y extranjeros fueron expuestas en los 25 stands montados en el interior de una gigantesca carpa montada en el centro de la Plaza de Armas.
Este es un acontecimiento único y, lastimosamente, no muy frecuente en nuestro país, en que tantas entidades e instituciones ligadas a la educación y la cultura se reúnen en un mismo espacio, sentenció el vice ministro de Educación, Hugo Brítez Ibarra, quien presentó ante un auditorio integrado por docentes y autoridades el programa de celebración del bicentenario de la Independencia nacional.
Otra personalidad ligada a la literatura que estuvo presente fue la presidenta de la Sociedad de Escritores del Paraguay, Maribel Barreto, quien destacó que la literatura nacional está pasando por un muy buen nivel, tanto en calidad de impresión, presentación de los libros, así como en producción literaria.
Señaló, no obstante, que se necesita promover más a los autores paraguayos. Lamentó que en algunos colegios del país prefieran libros de texto extranjeros para la educación, desechando obras de gran calidad y adecuadas a nuestra realidad, cuando muchas veces textos de origen extranjero no tienen estas condiciones.
Presentaciones
Numerosas fueron las obras que se presentaron durante la edición de la libroferia. Uno de los más destacados fue la obra póstuma “El país de la sopa dura”, de Helio Vera, que estuvo a cargo del periodista Alcibiades González Delvalle; el libro “Agustín Pío Barrios-Mangore”, del autor Víctor Oxley, editado por editorial Servilibro; la colección “La gran historia del Paraguay”, de la editorial El Lector. También estuvo presente la obra “Hechos punibles contra la propiedad en el Código Penal de la República del Paraguay, de autoría del abogado Javier Contreras, y el libro de cuentos infantil “El aprendiz de brujo y el hada” y “La princesa sin rostro”, del autor Alejandro Hernández y von Eckstein, entre otras.
La libroferia fue una verdadera fiesta del arte, la cultura, la educación, en un espacio abierto al público en general, donde la gente tuvo oportunidad no solo de acercarse a los libros, sino a sus autores, interaccionar con los creadores, editores y artistas.
Fuente: ABC Color 16 de Septiembre de 2010 00:00

lunes, 13 de septiembre de 2010

Exito de libroferia del sur

El viernes 10 a las 19:00. se realizó el acto oficial de inauguración de la 6ª Libroferia Encarnación. El emotivo evento se desarrolló en el auditorio denominado “Independencia“, dentro del pabellón ferial. El salón fue adornado con fotografías de los Próceres de mayo y estatuas vivientes. El coro Purory de la UNAE hizo vibrar el auditorio con la entonación del Himno nacional, seguido de “Mis noches sin ti.”   
   
Estuvieron presentes el viceministro de Culto, Hugo Brítez; el ministro secretario de Deportes Pablo Rei-
chardt; el intendente municipal de Encarnación, Joel Maidana; el director de la Entidad Binacional Yacyretá, Fulgencio Rodríguez, autoridades de la Universidad Nacional, Católica y Nacional de Misiones, Argentina, escritores y referentes culturales de la región.   

La rectora de la Universidad Autónoma de Encarnación, Nadia Czeraniuk de Schaefer, dirigió las palabras de apertura resaltando la proyección social de la universidad, creando a través de la feria un espacio “Para que la universidad haga oír su voz”, pero a la vez pueda oír “todas las voces”.  Expresó también que para Encarnación la cultura y su principal vehículo, que es el libro, es lo más importante, y por ello el emprendimiento anual siempre se corona de éxitos, pues la ciudadanía toda se pone a trabajar en el engrandecimiento de la feria. 
   
El viceministro de Culto trajo las palabras del ministro de Educación, Luis Alberto Riart, expresando el reconocimiento y valor de los espacios culturales y la unión de instituciones de la sociedad civil ante este tipo de proyectos.   

Ultimo día de la libroferia   
En la fecha, en el marco de la libroferia de Encarnación, que se clausura hoy, a las 15:00 se realizará el lanzamiento de los libros de cuentos “El aprendiz de brujo y el Hada” y “La princesa sin rostro” de Alejandro Hernández y von Eckstein.   

Seguidamente a las 16:00. se lanzará el libro “Síndrome de Zavala” del escritor Juan de Urraza.   

El evento patrocinado por la Sociedad de Escritores del Paraguay, filial Itapúa, contará con la presencia de la delegación de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores). Luego a las 20 tendrá lugar la fiesta de clausura con la banda Santa Rosa.   
Fuente 11 de Septiembre de 2010 20:10

sábado, 4 de septiembre de 2010

La ingratitud nuestra de cada día

Es común ver a un niño agradeciendo luego de recibir una golosina o un juguete como también lo es "esperar sentados" un GRACIAS de un adulto. ¿Que ocurre entre los años de la niñez y la adultez para que se dé este cambio?
Los padres inculcan a sus hijos a ser serviciales con el prójimo, premiándolos inclusive, como incentivo luego de cada una de las buenas acciones que el niño realiza.
De este modo queda grabado el sentimiento de deber de cada uno hacia los demás aunque también, inconscientemente, el deseo de ser reconocido por la acción realizada. Por ejemplo, un niño ayuda a su madre en el jardín y recibe un chocolate como recompensa al final del día.
A medida que el niño va creciendo y alejándose del circulo familiar se va dando cuenta que la mayoría de las veces las buenas acciones además de no ser reconocidas, muchas veces son desestimadas, ya que “era tú obligación hacerlo”, he inclusive “robadas” por otros que se adjudican “los laureles”.
Es así como nos introducimos en una sociedad en donde los valores distan mucho de los que nos fueron inculcados de pequeños, a pesar de ser invocados por todos.
Has lo que yo digo y no lo que hago”, diría un transeúnte mientras tira un boleto de colectivo en la calle junto a un cesto para residuos vació aunque rodeado de basura.
Estoy seguro, porque muchas veces yo mismo lo hago, que muchos se preguntan: ¿Vale la pena trabajar con ahincó en un proyecto para la comunidad para luego de mucho esfuerzo ser desestimado y menospreciado? ¿Para qué trabajar cuando otros reciben los aplausos y engordan su ego con nuestro esfuerzo?
En alguien mezquino, o simplemente cansado de la ingratitud, estas preguntas muchas veces pesan tanto que lo abandona todo y, como otros tantos, se cruza de brazos a esperar que “caigan los gansos fritos” en el plato y que sea otro “gil” el que haga el trabajo. Es por este motivo que el mundo está como está.
Muchos hombres y mujeres jamas reciben el merecido reconocimiento por su trabajo, a pesar de dejar parte de su vida para dedicarse a los demás. Otros, con un poco más de suerte, reciben después de muertos “una plaqueta” pegada en la ruinosa pared de la que fuera su vivienda.
Aunque es agradable recibir una palmada en el hombro o un simple “GRACIAS”, el hecho que nuestras acciones no sean “premiadas” por nuestro entorno no es motivo para que dejemos de hacerlas como tampoco dejar de agradecer al que nos ayuda.
En la física “toda causa tiene un efecto” y en la vida, aunque el efecto llegue retrasado, llega finalmente de una u otra manera. Y en caso que, a pesar de todo, el “chocolate” jamas llegue debemos pensar que nuestra mejor recompensa es que habremos contribuido a que este mundo sea un lugar un poco mejor y en donde algún día el reconocimiento sea algo tan normal como hoy es el no darlo.

domingo, 29 de agosto de 2010

Color, aroma y sonidos de la ciudad

A pesar de la bruma, producida por los focos de incendios, quemazón de pastizales y despreocupados “ciudadanos” que incineran hojas y demás residuos en las calles o patios baldíos, los lapachos comenzaron a brindarnos su colorido espectáculo anual.
Las frondosas copas compuestas por miles de ramilletes de campanillas tiñen a la ciudad de rosa, amarillo, morado y blanco, mientras coros formados por distintos tipos de aves saludan a todo aquel que quiera, o pueda oírlos entre el bullicio producido por bocinas, reguetón y desvencijados transportes públicos.
Bajo los añosos troncos se encuentra la verde amarronada alfombra formada por millones de crepitantes hojas dispersa sobre veredas y calles tratando de ocultar debajo de su manto a los envases descartables y papeles abandonados por indiferentes transeúntes.
El leve aroma de los azaares de los pocos naranjos y pomelos, que en otra época abundaban en las calles asuncenas, tratan de competir con el desagradable olor del humo del transito.
En unos meses, estas flores serán reemplazadas por la de los tarumá, timbós, jacarandaes y los rojos chivatos quienes se encargarán de cambiar el color y la cara a la ciudad.
Este vibrante espectáculo que la naturaleza nos brinda cada año es desaprovechado por la mayoría de los habitantes de la urbe que recorren las calles ensimismados en sus problemas o en la lectura de algún amarillento pasquín comprado al canillita de la esquina.
Esta generalizada indiferencia parece no importar a la naturaleza quien, año a año, y a pesar del maltrato desmedido del hombre, sigue ofreciendo su siempre eterno y renovado esplendor a todo aquel que se detenga a admirarlo. 

domingo, 22 de agosto de 2010

De nenes y nenas (2ª parte)

En diciembre del año pasado escribí sobre esta nueva moda de agrandar los discursos con palabras masculinas y femeninas para referirse a hombres o mujeres obviando las llamada palabras genéricas (http://ahve.blogspot.com/2009/12/de-nenes-y-nenas.html).
Hoy luego de una charla con una fémina me dispuse a continuar sobre algunos puntos que en ese momento quedaron en el tintero.
A mi parecer, si bien esta moda lingüística pretende dar igual importancia a mujeres y a hombres, debido a que las palabras genéricas son masculinas(Ej.:los “hombres” de la antigüedad) creo que ademas de ser otro tipo de discriminación, esta “solución” no es más que un parche al real problema. La sociedad.
¿Por qué digo que es otro tipo de discriminación? Porque toda división excluye a una parte del todo. No debería hablarse de literatura femenina o masculina sino de literatura.
Los que defienden este desglose genérico hablan que a través de este están valorando a la mujer. Sin embargo aunque se escriba demás en un discurso al agregar palabras como diputados y diputadas, compañeros y compañeras, la discriminación y subvaloración de la mujer continua ya que, a pesar de este “parche”, la sociedad continua pensando en masculino, incluyendo muchas veces a las mismas feministas a pesar de fomentar y tratar de hacer primar las obras e su género.
Si uno observa una antología literaria la mayoría de las obras allí presentadas son de hombres, inclusive en antologías escritas por mujeres, no significando esto que existen en relación menos mujeres escritoras, sino que en la selección se le ha dado más importancia a los escritores masculinos.
Del mismo modo que los progenitores transmiten el ADN a su descendencia, cada escritor concibe su obra gracias a experiencias y vivencias propias de su persona dándole así su sello característico y genérico. Es gracias a la suma de estos sellos que el lector se enriquece ampliando su mente y visión.
En mi opinión, así como no calificamos a un niño por los aciertos o desaciertos de sus padres no podemos decir que un libro es bueno o malo solo con saber quien lo escribió.
Del mismo modo como en un bosque cada árbol tiene la capacidad de realizar la fotosíntesis y mediante este proceso oxigenar al planeta, los que integran la raza humana tienen la capacidad de crear. Nadie se preocupa que árbol produce más oxigeno o absorbe más dióxido de carbono,así mismo, nadie debería dar importancia a si el creador de tal o cual poesía o novela es hombre o mujer.
Solo cuando la sociedad deje de pensar en masculino o femenino y solo se tenga en cuenta una obra sin importar nacionalidad, el sexo o preferencia sexual del autor, esta será valorada en toda su dimensión y a través de ella a su creador. 

sábado, 21 de agosto de 2010

Se dice de mí...¿Me tiene que importar?


Se dice de mí. Se dice que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón...”
De esta manera empieza la milonga escrita en 1943 por Ivo Pelav, musicalizada por francisco Canaro e inmortalizada por la inimitable Tita Merelo.
Sesenta y siete años nos separan de la creación de esta milonga pero el significado de protesta que en ella se encuentra sigue tan vigente hoy como entonces.

Desde pequeños se nos ha grabado a fuego que el hombre es un ser social y,como tal, se debe a la sociedad que lo rodea y, en especial, a lo que ella opine. Nos enseñaron a fijarnos en como vestimos, y en especial como viste el otro, sin tener en cuenta de si estamos a gusto enfundados en ese atuendo. Hoy por hoy prima más lo que dirán de uno, a como uno se siente con sigo mismo.
Es muy probable que debido a que estamos inmersos en una gran marea humana y que de tanto remar con la corriente para no ser señalados, perdamos la perspectiva de que es lo que realmente queremos. Esta insatisfacción, sea consciente o no, es una de las responsables de todos los conflictos y males que nos aquejan en el día a día.
Para mí no es malo ser, de vez en cuando, un lobo solitario. Estar con la sola compañía de una tasa de té y preguntarnos ¿Es esto que estoy haciendo lo que realmente quiero?¿Que es lo que realmente quiero?¿Tanto me importa lo que piensen de mí? (Personalmente, poco me importa lo que haga o deje de hacer mi vecino siempre y cuando sus limites no traspasen los míos y viceversa).
Ningún ser es idéntico. Hasta los gemelos tienen diferencias entre sí. 
Nadie ocultaría de la vista de los demás un jarrón de la dinastía Ming.¿Por qué entonces tememos mostrarnos tal cual somos?como la pieza única que somos...¿Por miedo a lo que dirán?...!Por favor!nadie tiene derecho a tirar la primera piedra. Todos tenemos nuestras cosas buenas y malas y es por ello que debemos conocernos a nosotros mismos y, en especial, al ser que habita en nuestro interior y que el ruido de la muchedumbre no deja que conozcamos y escuchemos .
Con esto no quiero decir que todos debemos ir a vivir a una ermita en la cima de una montaña perdida. No podemos dejar de ser parte del mundo en que vivimos siempre y cuando mantengamos nuestra “identidad” y, sobre todo, no permitir que nos conviertan en un payaso de circo, en contra de nuestro ser interior, simplemente porque la sociedad, la moda y las costumbres así lo imponen. 
Así que, si dicen de mi... que sigan diciendo.

Y se fue a gatear por Baires.

Gran sorpresa recibí hoy con la noticia que "El aprendiz de brujo y el hada" ha sido publicado en Ñe'engatu-La revista paraguaya internacional (Nº 168) , la cual será lanzada hoy, 21 de agosto, a las 18 hs. en la Casa Paraguaya en Buenos Aires( Chile 1769) con la presencia de la Directora del Rincón Literario, Dra. Teresa Méndez-Faith. Y no es para menos la sorpresa... La foto del "bebe" se encuentra en la portada de la revista junto a la foto de la "nueva casa" de la Casa Paraguaya en Buenos Aires y a la modelo de moda.
Es grato ver como este libro, que vio la luz como tal recién el 23 de abril de este año aunque ha sido escrito en 2002 y "fricerado" entre los bites de mi computadora, se abre camino poniéndose a disposición de los lectores de una numerosa comunidad.


El Aprendiz de brujo y el hada se fue a pasear por Buenos Aires...ojalá sus demás hermanos le sigan los pasos.

viernes, 13 de agosto de 2010

El premio “Roque Gaona” para el mejor libro del año

En un acto realizado ayer en la firma Fénix SA de Seguros y Reaseguros, fue lanzado el Premio Roque Gaona a la Literatura 2010. Luego de varios años, este premio vuelve a realizarse, en conjunto con la Sociedad de Escritores del Paraguay.   
   
“Inspirados en la memoria de nuestro abuelo, don Roque Gaona, y nuestro padre, don Roque Gaona Muñoz, que siempre han apoyado a la cultura paraguaya, queremos como familia volver a instaurar este premio de literatura”, señalaron Gabriela, Roque y Angel Gaona Giardino a través de un comunicado. “Lo reiniciamos por decisión de mi madre Haydée Giardino y nuestra, con profunda alegría y orgullo”.   
   
“Consideramos una prioridad incentivar el desarrollo cultural en una sociedad como la nuestra, tan castigada por la crisis de valores en todos los órdenes. Por ello, apoyamos firmemente la trascendental tarea que tan silenciosamente realizan los talentosos escritores de nuestro país”, manifiesta el comunicado.   

“Agradecemos, además, el compromiso que asume la Sociedad de Escritores del Paraguay con nuestra familia para la selección de la obra a ser premiada en el mes de diciembre de este año, mediante un jurado de jerarquía. Finalmente, deseamos recordar las palabras de nuestro padre, don Roque Gaona Muñoz: ‘Con cultura quizás hasta nuestros gobernantes podrían ser más honestos’”.   

El acto contó con la asistencia de la presidenta de la Sociedad de Escritores del Paraguay, María Isabel Barreto de Ramírez, junto a los miembros de la SEP: Dirma Pardo de Carugatti y Alejandro Hernández y von Ekstein, así como también los miembros de la familia Gaona Giardino.  

El premio “Roque Gaona” fue otorgado hasta el año  2004. La última ganadora fue la escritora Delfina Acosta, con su obra “Querido mío”. En ese entonces, algunos escritores manifestaron su desacuerdo con el fallo del jurado. Roque Gaona Muñoz decidió retirar su apoyo al premio en las ediciones siguientes por el hecho suscitado.

Luego de seis años, sus hijos vuelven a instaurar este galardón que ha sido un importante incentivo para los autores que publican sus libros.
Entre los ganadores anteriores están Jacobo Rauskin (2003),  Mabel Pedrozo (2002), Augusto Casola (2001), entre otros.
Fuente: ABC Color,12 de Agosto de 2010 20:36

sábado, 7 de agosto de 2010

El bosque de los etnocentristas

Cuando un jardinero trasplanta un arbolillo, para que forme parte de un pequeño bosque, este a pesar de haber nacido en otro lugar cumplirá la misma función que sus demás vecinos.
Es cierto que aquel árbol crecerá con algunas características propias provenientes de su lugar de origen que lo diferenciarán de los demás sin embargo estas no impedirán, luego de arraigarse en el nuevo lugar, que cumpla con su rol de fijar el suelo con sus raíces para evitar la erosión y de oxigenar su entorno mediante el proceso de fotosíntesis.
Con los emigrantes pasa algo similar, ya que son trasplantados, por diversos motivos, de su país de origen a uno nuevo en el cual deberán tratar de “arraigarse” aunque no por ello dejar de lado la identidad que los caracteriza.
A diferencia del plantín de árbol que solo debe arraigarse para subsistir en aquel nuevo ambiente, el inmigrante debe enfrentarse a otro problema para su “arraigo” y este es el “rechazo” de algunos de sus vecinos por el simple hecho de ser “de otro lado”. A este hecho se lo llama etnocentrismo.
Según el diccionario de la real academia española el etnocentrismo es: la actitud o punto de vista por el que se analiza el mundo de acuerdo con los parámetros de la cultura propia. Para esta clase de personas, al igual que en la edad media, no existe nada más allá de sus fronteras, siendo sus habitantes los mejores del planeta. Por este motivo el inmigrante por más que se esfuerce, e inclusive sobresalga en la actividad en la que se desempeña, será visto por los etnocentristas con disimulado encono o abierto desprecio según sea el caso.
Hace un poco más de un cuarto de siglo que alterno con esta clase de personas y aunque al principio me molestaba y no entendía esta actitud hoy en día hago caso omiso a las denigrantes y mal intencionadas palabras de esta clase de sujetos.
Se dice que “agua que no has de beber dejala correr” y a esa clase de agua mejor dejarla correr pues en ves de agua es veneno. El mismo veneno en el cual el etnocentrista se va consumiendo poco a poco y aunque en su limitada visual interrumpa o perjudique el avance del que cree su enemigo finalmente el perjudicado será él y su ignorancia.
Duele ver truncada momentáneamente la obra que realizamos, sin embargo, debemos redoblar nuestros esfuerzos y seguir adelante ya que también existen personas que, a diferencia de los etnocentristas, valoran el esfuerzo que realizamos por hacer que “el bosque” en el que fuimos trasplantados sea uno de los más bellos del planeta.

domingo, 1 de agosto de 2010

¿Quién te creés...?

La otra tarde viajaba en un ómnibus, por las polucionadas calles asuncenas, mientras era obligado a escuchar una monótona y chabacana emisora de radio que era difundida a todo volumen por los potentes parlantes del desvencijado transporte público. De pronto la señora que se encontraba al lado mío, tomando una gaseosa, abre la ventanilla y arroja el envase plastico a la calle. Indignado protesto por la desconsiderada actitud de la mujer quien, más ofendida aun, además de decir ¿Quién te creés que sos para llamarle la atención? expresó a continuación ciertos epítetos relacionados a mi nacionalidad ireproducibles en este texto.
Por supuesto los demás pasajeros observaban de tal manera que daban a entender que el irreverente, maleducado, e incivilizado era yo y no la pobre señora que lo único que hizo fue tirar su basura por la ventanilla. Caramba... que pensaba yo cuando hice mi reproche, ¿Qué guarde la botella en su cartera para tirarla en algún cesto?...
Baje del colectivo y miré a mi alrededor. Botellas de plástico, boletas de colectivo, papeles, latas de cerveza, tapas corona, e infinidad de residuos se encontraban por donde uno mire. Algunos podrían decir que es la inevitable consecuencia de la civilización. Pero ¿Qué es la civilización?
La palabra civilización proviene del latín “civitas” y ésta a su vez de “civis” que es ni más ni menos que ciudadano, habitante de una ciudad y fue incorporado como término por los enciclopedistas franceses del siglo XVIII como oposición al de barbarie diferenciando de esta manera a los pueblos primitivos o bárbaros de los civilizados o progresistas.
Entonces me sigo preguntando: ¿Una persona por vivir en una ciudad moderna y progresista debe considerarse civilizado? Y si así fuere ¿cómo debemos llamar a los aborígenes que en el medio del monte cuidan su medio ambiente? ¿Es un acto de civilización tirar bolsas plásticas a los ríos y mares perjudicando directamente a la indefensa fauna?
A nadie le cuesta guardar los pequeños papeles y otros residuos para luego tirarlos en distintos tachos para después poder reciclar... Pero no... Es mas fácil tirar nuestra basura ahí mismo donde estamos, total el que viene atrás que limpie, o si no ¿Para qué esta el barrendero?
Vivimos inmersos en un gran basurero, y lo peor, es que nos gusta y obligamos al resto del planeta a que le guste. Y sí, nos gusta porque nos han hecho creer en que todo ese cumulo de basura es parte de las comodidades que disfrutamos y que no poseen los pueblos primitivos. Es el precio que trae con sigo la civilización...¿La civilización?

lunes, 26 de julio de 2010

Sociedad de Escritores renovó autoridades


La elección se realizó durante la Asamblea Ordinaria celebrada el viernes.
La escritora Maribel Barreto es la nueva presidenta de la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y encabeza a las nuevas autoridades que regirán los destinos de la institución por los próximos dos años. La Comisión fue elegida durante la Asamblea Ordinaria de la entidad que se llevó a cabo el pasado viernes en el auditorio de la Universidad Iberoamericana.

La asamblea dio comienzo en la segunda convocatoria a las 20:00, fueron presidente y secretario los escritores Emi Kasamatzu y Brígido Bogado respectivamente.

El ex presidente Lisandro Cardozo leyó las memorias del período 2008-10 y el síndico José Pérez Reyes hizo lo propio sobre los estados contables; y teniendo en cuenta que fue presentada una sola lista se pidió la aprobación de esta por la asamblea quedando aceptada sin modificación.

La comisión directiva quedó conformada por Barreto, Lisandro Cardozo como vicepresidente, María Eugenia Ayala como Tesorera, Alejandro Hernández como secretario, Irina Ráfols como secretaria de actas, y como vocales, Juan de Urraza, Milia Gayoso, Feliciano Acosta y Dirma Pardo de Carugatti. Son vocales suplentes Sofía Valenzuela, Óscar Pineda y Deisy Chaparro. Como síndicos están José Félix Carrillo y José Pérez Reyes.

La nueva presidenta dijo palabras de agradecimiento y esbozó algunos proyectos que planea realizar durante su mandato. Por mayoría absoluta, se aceptó nombrar presidentes honorarios a Rubén Bareiro Saguier y Félix de Guarania. También se nombrará socia honorario y protectora a Nidia Sanabria de Romero.
 Fuente: La Nación 26/7/10

domingo, 25 de julio de 2010

¿Otro día "DE"?

Todos los que han leído las ciberpaginas que componen este blog, conocen mi concepto sobre los días “DE”. Días del padre, de la madre, del niño, !hasta las mascotas tienen su día!. Y todo ¿para que?. Como siempre la respuesta la tiene el vil metal, al frió comercio, el llenar los bolsillos de unos cuantos y la oportunidad de hacer algún dinerillo a otros. Sin embargo está llegando otro día “DE” cuyo significado muchas veces se pierde en el ir al kiosco de barrio a comprar una baratija para ese “pesado”, de la oficina que nos toco en suerte en un papelito entregado por alguna voluntariosa y abnegada secretaria. Me refiero al “día de la amistad”.
El Día del Amigo, a pesar de discutirse si debe festejarse el 20 de junio, fecha en que el hombre llegó a la luna, como lo hacen en Argentina, Brasil, Uruguay, etc, o en otra fecha como el 30 de ese mismo mes, tuvo como antecedente histórico a la llamada Cruzada mundial de la amistad. Esta, fue una campaña en favor de dar valor y realce a la Amistad entre los Seres Humanos, de forma que permita fomentar la Cultura de la Paz, ideada por el Doctor Ramón Artemio Bracho en Puerto Pinasco, Paraguay en 1958. Es por este motivo que en Paraguay se el 30 de julio como Día de la Amistad. 
Sea cual fuere el día asignado para la celebración es evidente que, a pesar de millones de mensajes, tarjetas, e-mail, con mensajes y reflexiones sobre la amistad, para la mayoría de las personas el real significado queda en el olvido ya que con un birome, un señalador,o taza, ya se ha “cumplido” con el “amigo”.
Un verdadero amigo es muchas  veces más significativo y más querido que un pariente, ya que ha sido elegido por nosotros y no impuesto por la genética. Es como dijo Arisóteles: "La amistad es un alma que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas."
Es por ello que el día del amigo no es una "obligación comercial", de costumbre, o un festejo en el cual si no se asiste al asado del "día del amigo", con ese grupo con el cual el resto del años hay que cuidarse las espaldas, uno es un tildado de inadaptado. Sí así lo fuera sería simplemente otro día "DE".
 El verdadero día de la amistad es aquel en que se recuerda a ese ser o seres a los que yo llamo "hermanos del corazón".
 Un hermano de corazón, un verdadero amigo, no se olvida a pesar que el tiempo y la distancia conjuren para ello ya como dijo Aristóteles es una parte de nosotros mismos al igual que uno es para ese amigo.
Feliz día del amigo a todos aquellos a quienes ocupan un espacio en mí recuerdo y corazón.

sábado, 24 de julio de 2010

El juego de los dioses



Capítulo I

El sucesor de Horemheb


Recuerdo vívidamente esa tarde de la estación de shemu1, a comienzos del mes de pajon2. Todo Kemet se preparaba para las festividades de Min3, en especial a los festejos que se realizarían en la ciudad de Gebtu4, en donde las carreras con animales es una de las mayores atracciones.
Los ases de luz, llenos de polvo del vetusto palacio, solo interrumpidos de vez en cuando por algún sirviente que los atravesaba, penetraban en la habitación contigua a la sala del trono. Es en esa misma habitación, en donde me encontraba sentado sobre una banca bellamente adornada.
Cada rayo solar penetraba tímidamente impactando su mortecina luz rojiza, en los antiguos relieves de las columnas.
Cuantas veces en estos últimos dieciocho años habré estado por horas, sentado en este mismo asiento viendo el maravilloso espectáculo de luces y sombras que Atón me regalaba día a día mientras esperaba que el faraón me haga pasar ante él. ¡Oh Atón!, si el faraón supiera que todavía pienso en ti.
Horemheb, el amado de Amón, de seguro me regañaría, a pesar de que era tolerante con algunos de los pocos seguidores que quedaban de este Dios, siempre y cuando no manifiesten públicamente su fe, disimulando, especialmente ante los sacerdotes del gran Amón.
Cómo cambió la vida en estos últimos años. Los sacerdotes de Amón volvieron a tener el poder que les fuera arrebatado por Akenatón, a pesar de que el Faraón se cuidó bien de nombrar en los templos principales a sacerdotes militares que le fueran fieles y así poder gobernar tranquilo, frenando de alguna manera el poder del clero en aumento, sin mayor interferencia. No obstante, para el pueblo, la imagen era otra. Se mandó destruir el templo de Atón en Karnak, para con sus talat5, en este mismo templo, construir el nuevo pílono, el número IX, dedicado a la gloria del gran Amón, además de apropiarse de los monumentos y estelas de sus predecesores inmediatos, el malévolo e intrigante Ay y el malogrado Tutankhamón.
Estaba sumergido en mis pensamientos, cuando una agitación anormal por parte de los sirvientes, me hizo volver a la realidad. Los lacayos del palacio iban de un lugar a otro como si fueran hormigas a las que se les destruye su hormiguero.
Poco tiempo después, las puertas de la sala del trono se abren y detrás de ella surge la figura gallarda de un joven oficial de unos treinta años, al que yo bien conocía. Era el joven Seti, hijo de Paramessu.
Con un cuerpo fino pero gallardo, cara ovalada, nariz aguileña y mentón pequeño pero respingado. Era de una belleza poco usual para un militar. Seti, comandaba el batallón en donde mi hijo Sith servía.
- ¡Waty, ven rápido!, al faraón le urge verte -exclamó agitado y con cara preocupada.
- ¿Qué es lo que ocurre Seti? – repliqué.
- Horemheb ha enfermado de repente.
- ¿Pero qué le ha ocurrido?
- Nadie lo sabe. He ordenado a mis hombres que lo trasladen a sus aposentos y ahora mismo está con los wabn6.
- Pero ven. Sígueme, no podemos perder tiempo.
Corrimos por entre los antiguos pasillos hasta llegar a los aposentos de Horemheb.
El anciano faraón yacía en la cama muy demacrado. A sus ochenta y cinco años, ocho más que yo, muy poco quedaba de la impresionante figura del otrora generalísimo de todos los ejércitos.
Al verme, intentó tomar una actitud serena, digna de un rey. Una sonrisa forzada surgió de sus labios, para luego decir:
  • Mi querido escriba, por lo que puedes ver, esta vez he tenido causa justificada para hacerte esperar.
  • Mi señor, no diga eso. Un faraón puede hacer esperar el tiempo que sea a sus súbditos -interrumpió impetuosamente el joven Seti.
  • Tienes razón mi fiel Seti -contestó Horemheb-, aunque hay veces en que el faraón puede tolerar ciertas impertinencias de sus lacayos.
  • Ahora, déjenos solos un momento con mi escriba y consejero -ordenó el faraón al joven oficial y a los wabn, quienes todavía se encontraban en la habitación.
El gallardo oficial se retiró presurosamente cerrando la puerta detrás de sí, seguido por los wabn.
  • Este ejército de matasanos me tiene cansado, por cualquier cosa vienen en batallón -expresó riendo de buena gana el faraón. Como si el número significara un alivio más rápido y efectivo para este cansado cuerpo.
  • No proteste su majestad -dije-. Ellos hacen lo que pueden.
  • Déjate de protocolos Waty -refunfuñó Horemheb-, que un disgusto me ha dejado en esta cama.
  • Mi edad es avanzada y muy pronto vendrá Anubis a conducirme al otro lado del río.
  • ¡No diga eso! -dije con el ceño fruncido.
  • Es cierto, y tú lo sabes bien - replicó Horemheb visiblemente entristecido. La cara del faraón dibujó una sombra de tristeza mezclada con melancolía. Durante mi reinado he hecho muchas cosas buenas, por algo me llaman “majestad que legisla para hacer prosperar a los habitantes de Kemet”. Pero también he tenido mis equivocaciones y he cometido injusticias, inclusive con amigos.
  • No diga eso -dije tratando de calmar su creciente agitación-. Creo que ha sido muy justo.
  • No, no lo he sido -contestó Horemheb expresando su tristeza. Hoy me he enterado que un amigo de infancia, un médico seguidor de Atón, al que envié al exilio, por sus continuas críticas hacia mí, ha muerto. No debí ser tan duro con él. Ahora ya es tarde para lamentarme.
  • Estoy seguro de que el ba7 de su amigo lo ha perdonado ya, además tienes que ver todas las cosas buenas que has hecho por Kemet, como por ejemplo el decreto, por el cual has desterrado la injusticia y la corrupción de estas tierras. Has construido templos, ampliado la ciudad de los trabajadores, además de mantener a raya a los hititas y los nubios.
  • Sigo insistiendo que no he sido lo justo y firme que he debido ser, ya que, presionado por el clero, he borrado la memoria del joven Tutankhamón, quien como sabemos no tenía ninguna culpa, solo la de ser hijo de ya sabes quien… -dijo refiriéndose a Akenatón, nombre que estaba prohibido pronunciar.
  • Recuerda que no has sido tú quien borró los cartuchos de Tutankhamón sino el pérfido Ay.
  • ¡Esa hiena no existe, nadie debe pronunciar más su nombre! - gritó Horemheb antes de que le diera un ataque de tos.
  • No te agites -repliqué poniendo en un cáliz de vidrio que asemejaba una flor de loto, agua fresca de un ánfora-. Eso es cosa del pasado.
  • Son cosas del pasado, pero los dioses me han castigado no dándome ningún heredero. Es por eso que te he llamado para que me des un consejo en una decisión que voy a tomar.
  • Me honra poder dar mi humilde opinión sobre un asunto tan delicado -repliqué sorprendido y halagado a la vez.
  • Mira Waty -dijo incorporándose en la cama-, tus ecuánimes consejos me han ayudado a ser más justo en mi reinado, además el joven Tutankhamón te apreciaba mucho, aunque nunca entendí el porqué de la repentina confianza por parte de la esposa del hereje para enviarte en misión a Hattusa8, por el asunto ese del príncipe Zannanza9.
Esta última acotación me sobresaltó, hecho que, de ningún modo quedó desapercibido por el astuto faraón, quien esbozando una pícara sonrisa continuó diciendo:
  • Waty, Waty... ¿qué secretos has ocultado todo este tiempo a tu faraón...tu amigo?
  • Es que...-dije, turbado.
  • No te preocupes -dijo Horemheb con una sonrisa apacible.
  • Siempre supe que entre el hereje y tú existió un gran secreto, pero eso ya no me importa. ¿Crees tú que si me hubiera importado, no te lo hubiera reclamado hace tiempo? -dijo Horemheb meneando la cabeza y palmoteándome el hombro.
  • Pero dime -dije todavía nervioso- ¿qué es lo que quieres consultarme?
  • Como te he dicho; mi hemet10, si es que puedo llamarla así, no me ha dado ningún heredero. Por ello, si muero Kemet se sumergirá en el caos que tanto trabajo me costó erradicar. Mucho he pensado en esto y me aterra la idea. Kemet -siguió diciendo-, necesita sangre joven pero noble y sinceramente no sé que hacer. Ya es tarde para consultar en el oráculo de Amón en Siwa11.
  • ¡Oh gran Horus! -dijo levantando sus manos en alto hacia la ventana, por la que ya la luna entraba inundando con su luz la habitación- ¿Por qué no has permitido que este tu hijo no tenga descendencia?
Horemheb estaba desesperado. No quería ver su obra destruida por facinerosos y oportunistas, por lo que tocando su hombro dije:
  • Gran Horemheb -ser noble no significa ser de cuna real-. De hecho, como tú bien lo sabes, muchos faraones no lo han sido.
  • Debes elegir entre tus servidores más capaces -dije con convicción de corazón noble-. Alguien que ame a Kemet y a su pueblo, como lo has hecho, alguien que piense y actúe como tú.
  • Sólo me viene a la cabeza un nombre, y es Paramessu- dijo con el semblante triste el faraón, para continuar diciendo-: Pronto estará en mi misma situación, ya que ha visto setenta veces a Sotis12*
  • Perdona que te contradiga, pero él tiene descendencia; su hijo Seti, de treinta años y a su vez, él tiene al pequeño Ramsés, de diez años.
  • Tienes razón. Aunque has visto a ese joven. No está preparado para ser faraón. Es muy aniñado y atolondrado, no sabría que hacer.
  • ¡Por eso el Faraón debe ser Paramessu! -exclamé con énfasis-. Él lo preparará como si fueras tú mismo.
Horemheb quedó pensativo un instante para luego responder con cansada voz:
  • Otra vez tienes razón mi fiel escriba y amigo. Toma aquel estilete y aquel papiro y toma nota:
  • Décimo octavo año del reinado de Horemheb, amado de Horus, quinto día del mes de Pajon de la estación de Shemu.
    Mi estimado camarada y amigo Paramessu: Mi hora ha llegado, por lo que por voluntad de Re, y consejo de Toth, he decidido, nombrarte mi heredero al trono de Kemet.
    Estoy seguro de que sabrás cumplir con ayuda de Maat, esta última misión que te encomiendo.
    Sé que habrá momentos difíciles, yo los he tenido, pero así como me he valido de los sabios consejos de nuestro mutuo amigo Waty, sé que tú puedes también hacerlo.
    Adiós, mi fiel Paramessu, que Horus guíe con su vuelo tus pasos como lo hizo conmigo.
  • Lleva este decreto en persona a Avaris13*, en donde se encuentra ahora Paramessu junto con su esposa Sith- Re y vengan lo antes posible a Uaset14.
  • Agradezco la confianza que tienes en este viejo, pero aunque no quiera contradecirte en tus deseos, ¿no crees que un documento tan importante lo debería llevar algún joven oficial?, alguien más ágil que pueda volar como el viento en un carro y traer a Paramessu en unos cuantos días.
  • No lo creo. Y si fueras otra persona ordenaría que te sacaran una oreja por tu insolencia al contradecirme, pero como eres tú, te diré que eres la persona que menos levantará sospecha. Nadie creería que un viejo escriba lleve un documento tan importante. Además mañana mismo enviaré a Seti y a otros oficiales a distintos puntos del reino haciendo correr el rumor de lo que supuestamente llevan.
Horemheb volvió a incorporarse en la cama y riendo de buena gana dijo:
  • Nadie creerá que un viejo como tú pueda tener algo tan importante para el reino de Kemet. Ahora dejémonos de charla y ve a descansar para que mañana por la mañana puedas partir a cumplir tu misión.
  • Así lo haré –dije postrándome ante la cama en señal de sumisión.
  • ¡Levántate Waty! - exclamó Horemheb-. Tu integridad y fidelidad te han hecho servir a por lo menos tres faraones y no sé cuantos reyes, aunque sé bien que tu corazón siempre ha estado en Kemet.
  • Quiero despedirme de ti de pie -dijo levantándose del lecho-, como lo hacen los amigos.
Horemheb se levantó gallardo como cuando lo conocí en Ajet-Aton15 y me abrazó fuertemente.
  • Adiós amigo. Nos veremos en el reino de Osiris, si así él lo quiere.
Me despedí y salí de aquellos aposentos presintiendo que sería la última vez que lo vería.
La tenue luz de las antorchas iluminaban las vetustas paredes del palacio cuando salí de ahí. Dos fornidos guardias cerraron las pesadas puertas de madera de Keben16 de la entrada.
Caminé por las intrincadas callejuelas iluminadas por algunas antorchas y la plateada luz de la Luna.
En la faja de mi cintura se encontraba oculto el papiro que me diera Horemheb, el cual era preciso entregar a la brevedad, por lo que me dirigí a mi hogar, donde me esperaba ansiosa mi esposa Liah junto con la pequeña Ubis. Bueno, pequeña es una manera de decir, ya que mi hija se había convertido en una hermosa mujer de treinta años, quien me recordaba mucho a su madre a esa misma edad. A su lado se encontraba su hijo, mi nieto, el pequeño Jeper, de diez años de edad, cuyo padre había muerto en un enfrentamiento, en la frontera con los Libios.
Hola abuelo -dijo Jeper-. ¿Me has traído los dulces dátiles del mercado que tanto me gustan?
  • ¡Jeper!- gritó Ubis- ¿Cuántas veces te he dicho que no debes estar pidiendo cosas?
  • Déjalo Ubis - repliqué con tono complaciente.
  • Deja que malcríe de vez en cuando a mi nieto, nada le hará unos cuantos dátiles -hablé mientras deslizaba en las manos de Jeper, a escondidas, una pequeña bolsa repleta de deliciosos dátiles maduros como la miel.
  • ¡Me extraña querido que hables así! -exclamó Liah con el ceño fruncido-. Parece que te ablandas con la edad.
  • Cierto it17 -dijo Ubis con los brazos cruzados-. Recuerdas todas las veces que me recriminabas cuando tío Ahiram y tío Sebetis, me daban los mismos dátiles.
  • Bueno, bueno, está bien. Ya hablaremos de eso después.
  • Sí, hablaremos después -dijo Ubis fingiendo enojo-. Ahora tú, malcriadito, te vas a dormir. Ya es tarde.
  • No mut18..., un rato más... deja que me quede un rato más escuchando las historias de abuelo.
  • Nada de historias, ¡ve a tu cama! -exclamó señalando la puerta del dormitorio en forma imperativa.
Cuando el niño se dirigió al cuarto seguido por mi hija, me acerqué a Liah y abrazándola le di un apasionado beso.
Mi esposa, con sus ya sesenta y tantos años, era la joya de mi hogar. Sus cabellos habían dejado de ser como el fuego, para pasar a ser de un blanco inmaculado, los cuales caían sobre sus hombros.
Luego del efusivo beso se apartó ligeramente de mí y dijo:
  • ¿Qué es lo que pasa ahora?
  • Nada mi flor de loto, ¿por qué lo preguntas?
  • Porque te conozco bien, y sé que cuando vienes con esos deliciosos besos es porque alguna misión te han dado en palacio.
  • No puedo engañarte -contesté con la cara de un niño que es atrapado en una picardía. Debo llevar un documento a Pramessu en Avaris.
  • Y qué es ese documento que no lo puede llevar un mensajero, o su propio sa19, ¿acaso Seti no está aquí en Uaset todavía?
  • Si está -dije en tono seco-. Pero esto debo hacerlo yo.
  • Deja que te acompañe entonces.
  • Pero querida... es en Avaris, no hay más que una vieja ciudad con campamentos militares.
  • Sé muy bien donde queda y qué es lo que hay -dijo Liah- ¿No es la misma ciudad en donde está asignado el pequeño Waty?
  • Sí, sí... sí. Esa es -contesté en forma cansina.
  • Hace mucho que no veo a mi ahijado y curiosamente quiero hacerlo ahora.
  • ¡Pero cariño! No tardaré más de dos semanas.
  • Me parece bien, iré a empacar -dijo abrazándome fuertemente.
En realidad, desde hacía mucho tiempo que no hacía un viaje sin Liah. Ella siempre me acompañaba hasta en las pequeñas auditorias que solía hacer en nombre de Horemheb. Pero esta vez era distinto. El destino de Kemet estaba en mis manos y, por lo tanto, la misión era peligrosa. Ya no deseaba involucrar a mi esposa en ninguna nueva aventura. A pesar de mis esfuerzos por persuadirla, tuve yo la última palabra:
  • Está bien querida, partiremos temprano rumbo a Men Nefer20 para luego ir a Avaris.
La barca se desplazaba por las calmas aguas del gran Nilo, gracias a una tenue brisa que soplaba desde la popa, mientras los frenéticos rayos del sol caían perpendicularmente sobre nuestros cuerpos.
Mientras avanzábamos por la líquida carretera observábamos, tanto a babor como a estribor, como varios campesinos cosechaban las doradas espigas de trigo, haciendo inmensas parvas con ellas. Más adelante, distinguimos cómo hábiles pescadores, en un sinnúmero de embarcaciones pequeñas, con sus velas triangulares, se afanaban en su tarea de arrancar de las aguas pródigas, el plateado tesoro formado por infinidad de peces que contorsionándose sobre ellos mismos, brillaban con los poderosos brazos de Atón sobre sus escamas.
Cuando la populosa Men Nefer se encontraba a unos diez y nueve iterus21 de distancia, advertimos a lo lejos un carro de guerra, conducido por un oficial, a toda la velocidad que sus dos briosos corceles podían alcanzar.
  • ¿Has visto ese carro mi amor? -dijo Liah, extrañada por la manera en que el oficial golpeaba con su látigo una y otra vez a los dos nobles brutos que, jadeantes, parecían no tocar el suelo.
  • Sí, cómo no notar eso. Seguro ha de ser un mensajero -dije mientras me hacía una idea de cual sería el mensaje transportado.
Desembarcamos unas horas después de estos acontecimientos en el atestado puerto de la inmensa y populosa ciudad de Men Nefer. El aire que se respiraba era de tensión y nerviosismo.
A pesar de que nuestro objetivo era llegar cuanto antes a Avaris, nuestros adoloridos cuerpos nos obligaron a tomar un merecido descanso en la confortable cama de una hostería cercana al templo de Ptah.
Estábamos bebiendo un cuenco de leche acompañado de unos panecillos cuando un grupo de tres oficiales entraron a la hostería y se sentaron en una mesa contigua a la nuestra.
Entre los oficiales se encontraba nuestro ahijado Waty, hijo de nuestros entrañables hermanos de corazón Ka y Ba, quien estaba tan ensimismado en la conversación, que no advirtió nuestra presencia hasta que Liah se acercó a él y tocándole el hombro dijo:
  • ¿Qué clase de educación es la que dan ahora en el ejército, que ni siquiera un Teniente es capaz de saludar a sus padrinos?
El joven, sorprendido por estas palabras, vio con asombro a Liah, quien se encontraba fingiendo enojo a su lado.
  • Liah, Waty, ¿qué es lo que hacen en Men Nefer?, ahora más que nunca deberían estar en Uaset. Ningún lugar es seguro, la desgracia ha caído en estas tierras.
Las palabras de Waty confirmaron mis temores con respecto al mensajero, por lo que invité al joven oficial a nuestra habitación, para hablar sin ser oídos.
Una vez que mi esposa cerró la puerta de nuestra habitación y echó el cerrojo, dije:
  • Dime Waty, ¿ese mensajero que vimos venir a toda velocidad hace unas horas, traía noticias de palacio?
  • ¡Lamentablemente sí! -replicó el oficial sentándose pesadamente en la cama- ¡La mayor desgracia ha caído sobre Kemet! ¡El amadísimo Horemheb ha muerto!
A pesar de que esa noticia la esperaba hace mucho tiempo, una enorme tristeza me embargó. Me acerqué a Waty, puse mi mano en su hombro y pausadamente le dije:
  • El faraón ha sido un gran gobernante pero principalmente un gran patriota, y gracias al amor que ha tenido para con Kemet, estas tierras volvieron a florecer en orden y armonía.
  • Es que no entiendes, todos sabemos que el faraón ha sido Horus el guerrero encarnado, y que bajo sus alas ha desaparecido la cizaña entre los habitantes de Kemet, pero entiende. ¡No ha dejado heredero!
  • Eso lo sabemos todos. Hator no ha querido que tenga sa, pero eso no es el fin del mundo -dije lo más calmado posible.
  • ¡No puedo creer lo que dices! Sin Horemheb, Kemet ha quedado como una barca sin timón.
  • Calma, el faraón me ha dicho quién deberá ser el nuevo timón de estas tierras. Es por eso que estamos aquí.
  • No puedo creer que el faraón te haya encomendado semejante misión ¡Y solo!
  • ¿Crees que tu padrino es demasiado viejo para enfrentar a los enemigos del reino?
  • No es eso... Solo que...
  • ¿Que un viejo de más de setenta se tiene que quedar en su casa a cuidar su estanque de lotos? -interrumpí guiñándole el ojo en forma cómplice. Mira -continué hablando- puede que tengas razón. Que tenga mucha edad para este tipo de aventuras, pero el faraón necesitaba a alguien de confianza y que no levante sospechas, para que informe al nuevo faraón. Y para facilitarme la misión ha enviado a varios puntos del reino emisarios fuertemente armados haciendo correr el rumor que cada uno de ellos, por separado, lleva el decreto de sucesión.
  • Pero igual no puedo permitir que ustedes dos vayan sin escolta a...
En ese instante, Waty se percató de que ni siquiera sabía a donde nos dirigíamos, por lo que rápidamente preguntó:
  • ¿Y se puede saber a dónde piensan ir solos?
  • Toma -dije sacando el papiro enrollado dentro de mi faja-. Entérate de las noticias antes que tus superiores.
  • ¡El faraón no tenía derecho a hacerte esto! -exclamó luego de leer el decreto-. Avaris es la boca del lobo. A pesar de que Ahmosis haya hecho creer a todo el mundo que los Heka-Khasu22* han dejado Kemet. ¡Eso no es cierto!
  • ¿Cómo que no es cierto? ¿Acaso existen todavía Heka-Khasu en Kemet? - preguntó Liah quien, hasta ese momento, había escuchado en silencio la conversación.
  • Esto no debería decirlo, pero eso es cierto. Según se dice, ellos nunca dejaron Kemet, y los pocos que quedaron escondidos como gente común y haciéndose pasar por gente de estas tierras, formaron una secta secreta auto denominándose los mussons.
  • Sí, lo sé. Y no es un rumor -dije guardando cuidadosamente el papiro-. El faraón sabía bien de la existencia de esta secta, pero como tú bien sabes, hasta hoy nadie sabe quienes son sus miembros.
  • Lo único que se sabe -continué hablando- es que los mussons quieren volver a gobernar Kemet. Y no lo permitiremos.
  • Es por eso que ha sido una insensatez del faraón en enviarte a ti a buscar a Paramessu, ¿acaso no podría haber enviado al debilucho prepotente de su sa?
  • No hables así del hijo del futuro faraón. Es cierto que muchas veces actúa de mala manera pero se le irá con el tiempo. Además despertaría sospechas entre los mussons.
  • Mira Waty, yo los acompañaré a Avaris. De hecho, mi unidad esta apostada en esa ciudad, así que no despertaré sospecha. Podemos decir que estando en Men Nefer decidieron pasar a visitar a su amigo.
  • No estoy muy convencido de tu propuesta -dije.
  • ¡No se hable más! -dijo nuestro ahijado, ajustándose el jepesh23 a la cintura y haciendo una mueca cómplice a Liah -yo soy Teniente y tú un civil. Así que ahora obedecerás mis órdenes.
  • Nunca debí convencerte de seguir la carrera de las armas -dije fingiendo disgusto-. Ahora éste es el resultado.
En realidad, me alegraba haber encontrado a Waty, ya que, me haría de guía en la pequeña y peligrosa Avaris.
Esta antigua ciudad se sitúa en la zona nordeste del delta del Nilo. Cuatrocientos años atrás fue una floreciente ciudad en manos de los Heka-Khasu o Reyes Pastores, quienes hábilmente se fueron infiltrando poco a poco entre los pueblos de Kemet. De esta manera, se apoderaron del gobierno del reino sin violencia y realizando varias alteraciones sociales durante las dinastías XV a XVI, disminuyendo su poderío en la dinastía XVII para finalmente, ser expulsados por el gran Ahmosis, como todos sabemos. Los Heka-Khasu eran pedreros y artesanos excepcionales, su tribu comprendía varias familias, gobernado cada clan por un hombre sabio e ingenioso; el patriarca. Estos patriarcas eran los ancianos responsables por la preservación del saber. Descendían de una civilización más antigua aún llamada Mu, razón por la cual eran dominados Mussons, de aquí el nombre de la secta.
En esta misma ciudad había nacido Paramessus, en los últimos años de Amenofis III, y es en esta misma ciudad donde pretendía terminar sus días. Qué tan errado estaba, ni se imaginaba el giro que daría su vida.
El sol agonizaba en el horizonte cuando divisamos las vetustas murallas de la ciudad de Avaris. Las primeras antorchas eran encendidas poco a poco por soldados de la guarnición apostada en el lugar.
La antigua y próspera capital de los Heka- Khasu, que en otras épocas fuera el orgullo de los invasores; aquella en cuyas armerías se fabricaban armas muy superiores a las de kemet de aquellos tiempos. Entre ellas los carros de combate no eran más que un apretujado villorrio, lleno de pequeñas e intrincadas callejuelas, en las cuales se seguía fabricando una muy refinada alfarería estilo cananea.
Al pasar las puertas de la ciudad, Waty saludo al guardia, el cual devolvió el saludo displicentemente.
Luego de recorrer antiguas callejuelas divisamos la residencia del General Paramessu, quien a pesar de su sobriedad se destacaba de las demás.
Al igual que las demás viviendas y como es costumbre en las ciudades costeras, la vivienda del General estaba construida de adobe de barro cocido al sol, elemento muy abundante a lo largo de las orillas del Nilo y magnífico aislante. El tejado estaba construido con atados de cañas entrelazadas y aglutinadas con fango. Las puertas, columnas y marcos de las ventanas eran de madera. A pesar de las similitudes estructurales con las demás viviendas, las blancas paredes estaban adornadas con bellos frescos representando, en su mayoría, al dios Seth y al General en actitud sumisa. Las columnas de madera que, soportaban el peso de la entrada y del vestíbulo, eran azules con bellos capiteles lotiformes espléndidamente pintados, con variedad de tonalidades de verdes, amarillos y blancos.
Tocamos a la puerta y luego de unos instantes nos atendió Sat-re, la esposa del General. Sat-re tenía aproximadamente la misma edad de Liah, y al igual que mi esposa conservaba la belleza que la destacara entre las demás mujeres de la corte.
  • ¡Liah, Waty! -dijo la mujer gratamente sorprendida-. Qué sorpresa nos dan. A mi esposo le agradará vuestra visita.
  • El gusto es nuestro - respondí-. Pero dime Sat-re, ¿se encuentra el Visir Paramessu en casa?
  • Acaba de salir, hace unos momentos fue a caminar por la ciudad, como es su costumbre, seguro no ha de tardar. Pero pasen, no se queden ahí. Esta es su casa.
Del vestíbulo pasamos a la sala, la cual estaba bellamente adornada con guardas de flores y aves. El techo estaba sostenido por una columna igual a la de la entrada. En uno de los extremos de la habitación se distinguía una escalera que bajaba hasta la bodega.
Una vez acomodados me disponía a relatar a Sat-re el motivo de nuestra visita, cuando la puerta se abrió abruptamente. El General, con el ceño fruncido, entró sin notar nuestra presencia.
  • Sat-re -dijo Paramessu-, algo terrible ha ocurrido en el reino: Horemheb ha muerto, me lo acaba de comunicar el Comandante de la guarnición.
  • Es por eso que estamos aquí -repliqué, levantándome de la silla en la que me encontraba sentado.
  • ¡Waty! ¡Qué sorpresa! ¿qué hacen en Avaris en estos momentos tan difíciles para el reino?
Luego de los saludos de rutina, Liah y la esposa del General se dirigieron a la cocina mientras el pequeño Waty, como le llamaba desde siempre, el General y yo quedamos en la sala.
  • Pero mira cómo ha crecido el mocoso - exclamó el General dirigiéndose a mi ahijado.
Waty, quien se mantuvo callado todo el tiempo, se cuadró y saludó al General de forma militar.
  • Calma, relájate. Estamos entre amigos -dijo riendo el General-. ¿En qué batallón te encuentras?
  • En el batallón de Ptah, apostado en esta misma ciudad.
  • ¿O sea que mi hijo es tu Comandante?
  • ¡Sí señor!
  • Quién diría que aquel pequeñuelo al que viera en Tiro se convertiría en un Oficial del ejército de Kemet -bromeó Paramessu acercándome un vaso de cuarcita lleno de fresco y delicioso vino -. ¿No lo crees así Waty?
  • Sí, los niños crecen -respondí sonriendo y palmeando en el hombro a mi hijo.
  • Pero dime Waty, no creo que hayan venido a esta ciudad perdida del reino simplemente a visitarnos.
  • Tienes razón en ese punto -respondí entregándole el pergamino oculto en mi faja-. Tengo un mensaje del palacio, el cual es de suma importancia para los destinos de Kemet.
Paramessu se sentó en una butaca y leyó detenidamente el papiro, al cabo de lo cual, dijo meneando la cabeza:
  • No creo merecer este honor. Soy muy viejo para este designio, pronto yo también cruzaré al otro lado con la barca de Osiris.
  • Horemheb siempre te ha tratado como un hijo. Tú has sido su representante en lugares lejanos, donde él no podía acudir, además eres tan amado y respetado por el ejército y el pueblo como él; si alguien merece ser faraón ese eres tú.
  • Agradezco tus palabras -habló Paramessu levantándose lentamente-. Sé que tendré que cumplir el deseo de los dioses, pero no se si podré mantener el orden y la tranquilidad conseguida por Horemheb. Muchos querrán apropiarse del poder, tú sabes bien a quienes me refiero.
  • Sí -replique-. Horemheb me alertó de la existencia de grupos de personas que trabajan en las sombras para gobernar Kemet.
  • Basta de charla entonces. ¡Apresurémonos a partir a Uaset!
Mientras comenzábamos los preparativos para nuestro regreso con Paramessu y Sat-re a Uaset, muy cerca de nosotros, en los cuarteles distantes a unas cuantas calles, se tramaba un plan con el cual se pretendía cambiar los destinos de Kemet. Estos acontecimientos me fueron narrados por el propio Waty tiempo después.

***

Había partido hacia los cuarteles hacía unas horas. Me encontraba dispuesto a dormir cuando escuché fuertes golpes en mi puerta.
  • Teniente Waty -habló cuadrándose el soldado cuando abrí la puerta.
  • Tengo un mensaje urgente para usted.
  • Dime soldado, ¿qué es lo que ocurre?
  • El Capitán Tep-Hotep lo cita en forma inmediata en su despacho.
Asombrado, me vestí velozmente dirigiéndome al punto de reunión. En la habitación, se encontraban sentados en la larga mesa de madera de keben varios oficiales y un par de civiles a los que no conocía.
  • Muy bien -dijo cerrando la puerta tras de sí, el Capitán Teph-Hotep-. Ya están todos.
  • Siéntate teniente y bebe -dijo el capitán acercándome una copa de vino y dirigiéndose a la cabecera de la mesa.
  • Los he reunido aquí debido a los acontecimientos acaecidos en Uaset. Pero antes que nada quiero presentarles al señor Jemet- Ka y al señor Medu–Jenem -dijo dirigiéndose a los dos civiles que se encontraban a ambos lados de Tep-Hotep, en la cabecera de la mesa.
  • El faraón ha muerto y Kemet pronto se encontrará en un total caos. Todo el bienestar conseguido con nuestro esfuerzo, desaparecerá de nuestras manos como los granos de arena.
  • Disculpe Capitán –dijo un Teniente que se encontraba a mi lado-. No comprendo qué tiene que ver la muerte de Horemheb con estos dos señores.
  • Nuestro momento ha llegado -continuó diciendo Tep-Hotep mirando despectivamente y sin responder al Teniente. Como todos saben, esta ciudad fue la joya del reino. Desde aquí se “educó” al ejército de Kemet, si podemos llamar así a unos cuantos campesinos armados con garrotes y masas.
  • Conocemos la historia -replicó otro Capitán-. Ve al grano que no tengo toda la noche para hablar de historia antigua, además, como dijo el Teniente ¿qué es lo que hacen dos civiles en los cuarteles? El Comandante Seti no lo permitiría.
  • Calma mi querido Jenty-re-, dijo Tep-hotep-. Todo a su tiempo. Además, el Comandante de esta unidad mientras Seti no esté, soy yo.
  • Esto es un atropello -dijo Jenty–Re, levantándose indignado de la mesa.
  • Siéntate ahora.
  • Tú no eres quién para atribuirte el mando de la unidad - gritó Jenty–Re.
  • ¡Guardias! -exclamó Tep-Hotep-, encierren al Capitán.
  • Dos fuertes soldados se acercaron con sus lanzas dirigidas al Capitán, sacándolo de la habitación.
  • ¡Esto no quedará así! -gritó Jenty- Re-. Hablaré con el Visir Paramessu.
Al escuchar el nombre del General, los oficiales se miraron intranquilos.
  • Habla con quien quieras mi amigo.
  • Además, el viejo General no nos dará batalla. Hace tiempo que se ha retirado de los cuarteles para dedicarse a su estanque y sus flores de loto.
  • No creo que debamos subestimarlo dijo un Capitán.
  • Mi estimado Capitán- replicó Tep-Hotep-, Paramessu y los cuatro o cinco ancianos que le siguen pertenecen al pasado. ¡Aquí estamos frente al futuro! ¡Una nueva era se abre ante nuestros ojos!
Una vez que los guardias cerraron la puerta, Tep-Hotoep continuó hablando calmadamente como si no hubiera pasado nada.
  • Como les decía, de esta ciudad los Heka-Khasu distribuyeron su conocimiento y cultura a todo Kemet, hasta que Ahmosis creyó haberlos expulsado.
  • ¿A qué te refieres con creyó? -preguntó otro Capitán.
Tep-hotep, con una cínica sonrisa respondió:
  • Los Heka-Khasu no se fueron nunca de Kemet. Se organizaron en forma secreta y poco a poco fueron penetrando en el gobierno del reino, primero como arquitectos, panaderos, luego como wabn, finalmente en el ejército.
  • En estos últimos años hubo varias oportunidades para llegar al palacio, pero las personas en las que se confió no estaban preparadas.
  • La oportunidad más clara fue cuando durante el décimo año del reinado del hereje, vimos la posibilidad de aliarnos con el clero de Amón proscrito e intentamos una revuelta que estuvo a punto de tener éxito, sólo que la persona designada para ser faraón se mareó con el poder que podría alcanzar y apresuró la revuelta, fracasando y huyendo de Kemet.
  • ¡Ibiskamón!- exclamé perplejo.
  • Me sorprende Teniente Waty que conozcas el nombre de aquel triste sacerdote.
  • Es que... mi it y mi padrino fueron enviados al destierro luego de esa revuelta.
  • Vaya, vaya. Eso sí que es una sorpresa para mí -dijo mirando cómplicemente de reojo a los dos civiles, quienes se limitaron a contestar disimuladamente el gesto.
  • Mientras el Capitán hablaba de esta manera, un soldado golpeó la puerta, y cuadrándose dijo:
  • Capitán, la persona que esperaba ya se encuentra en el cuartel.
  • Muy bien, hazla pasar.
  • Caballeros, no los entretendré más con historia antigua como dijo nuestro camarada al principio de nuestra charla.
La puerta se abrió y entró envuelto en una capa negra, un hombre de unos setenta años al que su cara me parecía conocida. A pesar de su edad se lo veía fuerte y vigoroso.
  • Señores -dijo Tep-Hotep acercándose al hombre y postrándose a sus pies. Reverencien al General Nahtmin, o… ¿debería decir al Faraón Nahtmin?
Nahtmin fue el Visir de Nubia hasta que ascendió al trono Horemheb. Muchas veces lo había visto cerca del palacio, mientras jugaba con otros niños en Uaset, en compañía del primer ministro Ay, antes de que este ascienda al trono. Según se decía era el hijo ilegitimo de éste, aunque nunca, para su desgracia, se definió esta situación.
Todos los presentes miraron sorprendidos y atónitos a Nahtmin, ya que, se lo declaró muerto cuando Horemheb invadió Nubia, aunque nunca se encontró su cuerpo, pues según se dijo, se había suicidado y sus servidores fieles tirado su cuerpo a los cocodrilos para no caer en manos del faraón.
  • Súbditos de Kemet, honorables Heka-Khasu -dijo refiriéndose a nosotros y a los civiles. Los dioses me han dado la oportunidad de recobrar lo que se me fuera vilmente quitado por el difunto faraón.
  • Gracias a ustedes y a los sabios mussons, Kemet volverá a ser el país más poderoso del mundo; asirios, cananeos, sirios, tirios, biblios, sidonios, hititas, caerán rendidos a nuestros pies y casi sin derramamiento de sangre.
  • ¡Oh gran faraón! -exclamó Tep–Hotep.
  • Sólo esperamos que se corone faraón para firmar los tratados de paz con los reyes de Siria y Palestina, cuyos asesores son adictos a nuestra causa.
  • Calma Capitán, dijo Jemet–Ka, - uno de los dos callados civiles. No será tan fácil como crees.
  • ¿A qué te refieres Jemet-Ka? - replicó Nahtmin.
  • Tenemos informes de nuestros hombres en Uaset - expresó Jemet-Ka-, que el faraón antes de morir designó un sucesor, así que deberemos llegar a Uaset antes que él.
  • Y qué me importa lo que Horemheb quiera -dijo irritado Nahtmin- haremos que el sucesor designado corra la misma suerte del príncipe hitita Zannanza.
  • El problema mí querido faraón -dijo Jemet-Ka- es que no sabemos quién es el sucesor. Horemheb se cuidó bien ese detalle y ha enviado emisarios falsos a todas las ciudades importantes del reino.
  • Y qué importa eso -dijo Nahtmin-, la mayoría de los destacamentos de aquí a nubia están con la causa. Solo tengo que proclamarme faraón.
  • No es tan sencillo, a pesar de que tenemos algunos elementos dentro del clero, las cabezas responden a los designios de Horemheb.
  • Yo los conozco bien a esos aspira incienso. Huirán como carneros cuando me vean llegar con mi armadura y mi carro de guerra.
  • No podemos tener al clero en nuestra contra –dijo Medu–Jenem-. Además, el gran sacerdote Aq–ib24* del templo de Ptah en Men Nefer, no está de acuerdo con nuestra causa y menos con vuestra reaparición.
  • Ese será un escollo -masculló Nahtmin-. Aq- ib peleó codo a codo con Horemheb en muchas batallas, su lealtad y honestidad no tienen límites. Además según se dice tiene el apoyo directo de Horus.
  • Sin contar que es incorruptible y la mayoría de los sacerdotes cumplen su voluntad-continuó diciendo Jemet-Ka.
  • Descuida,- manifestó Nahtmin-. Mi padre Ay solía decir:
  • Si un elemento no te sirve o te estorba en tus objetivos, se destruye -pisoteando un pequeño escorpión que pasaba junto a su pie-. Además -replicó Nahtmin en forma sarcástica-, ¿no era que ustedes tenían ojos y oídos en todo el reino?
  • Ya nos estamos encargando del problema, no se preocupe mi señor. Varios de los emisarios han sido retenidos, tal es el caso del comandante Seti, quien está preso en Abu25.
  • ¡Así lo espero! -exclamó Nahtmin-. Por algo te he puesto como mi primer ministro. Lo que me cuentas es una buena noticia, ya que, teniendo al hijo, doblegaremos al padre.-Refiriéndose a Paramessu en relación a algunos elementos del ejército adictos a Horemheb.
La oscuridad de la noche cubría toda la ciudad con su negro manto. Solo algunas pocas antorchas iluminaban tenuemente las enmarañadas y sucias calles. Lo que aproveché para salir del cuartel una hora después de haber terminado la reunión; cubierto con una negra capa para no ser visto y confundirme entre las sombras.
Era evidente que todos los presentes, exceptuando al capitán Jenty–Re, no estaban en desacuerdo con la conspiración para llevar a Nahtmin al trono, por lo que sería muy difícil llevar a Paramessu a Uaset.

***
  • ¡Alto ahí, no se mueva, sea quien sea! -gritó el guardia al ver al Teniente Waty tratando de entrar por la parte trasera de la residencia de Paramessu.
Luego de ser revisado y comprobar que se trataba de mi ahijado, Waty fue llevado a nuestra presencia.
  • ¿Qué hacías merodeando mi casa jovencito? -dijo el General-. ¿No crees que es hora de estar en el cuartel?
  • ¡Sí General! -dijo el joven teniente tomando posición marcial-. Es que tuve que salir para alertarlos de una conspiración que se está gestando.
Luego de narrar cada uno de los detalles de la reunión de esa noche, Paramessu indignado exclamó:
  • ¡Una conspiración! ¡Todavía no se ha enfriado el cuerpo de Horemheb y ya están conspirando!
  • Yo te lo he dicho Waty -dijo el General dirigiéndose a mí muy apesadumbrado-. No sé si podré con esta misión que los dioses me encomiendan.
  • Los dioses te han encomendado una misión muy difícil, de eso no cabe dudas, aunque sé que de seguro sabrás cumplirla. Ellos no hacen ni dejan nada al azar.
  • Por lo que dice Teniente, el cuartel es adicto a Nahtmin -expresó el General pensativo.
  • No del todo General -dijo Liah, quien había escuchado atentamente nuestra conversación- De hecho, hay hombres en el ejército que te respetan, de lo contrario nadie te hubiera mencionado.
  • Liah tiene razón en ese punto -dije sentándome en una silla que se encontraba junto a la ventana-. De hecho, no creo que sea necesario llegar a Uaset para realizar la coronación. La misma puede ser realizada en Men Nefer.
  • Sólo tienes que unir fuerzas con Aq-Ib. Él apoyará el designio de los dioses.
  • Todo lo que dicen está bien -habló Sat-Re-, pero ¿cómo atravesaremos los muros para ir a Men Nefer?
  • Creo que tengo una vaga idea -dije mirando una carreta con grandes tinajas de aceite y vino que se hallaba en la calle y en la cual dormitaba su dueño cubierto por una andrajosa capa negra.
  • ¿Qué es lo que piensas hacer Waty? -preguntó Sat – Re, alarmada-. Mira que no somos jóvenes para seguir tus descabellados planes.
  • Serán descabellados -rió Paramessu-, pero siempre han dado resultado.
  • Deja todo en mis manos, sólo te pido que hagas venir al dueño de esa carreta.
  • ¿A Sebeth? -dijo el futuro faraón- ¿Qué quieres con ese borrachín?
  • Tú tráelo y verás.
Paramessu envió a uno de sus sirvientes a que traigan en su presencia al carretero.
Sebeth era un hombre de no más de cincuenta años, aunque, con los años de bebida que llevaba encima parecía de mi edad. De cuerpo delgado, llevaba un andrajoso shenti26 que alguna vez fue blanca y que el tiempo y la suciedad habían dejado de un color indefinido.
  • Buen hombre -dije acercando un humeante plato de lentejas al desdichado- ¿cuánto pides por tu carreta, tus bueyes y tu mercancía?
  • Mi señor -dijo mirando siempre al piso-. La mercadería puedo cambiártela por unas cuantas piezas de cobre, pero mi carreta y mis bueyes no puedo venderlos. Si lo hago -continuó diciendo Sebeth- no podré vender más mercaderías de ciudad en ciudad.
  • Comprendo -dije en tono serio-. Yo respondería igual que tú.
  • Ahora dime: si yo le pidiera al Visir que te dé hospedaje, sus sirvientas te bañen, te vistan con las mejores ropas, y te dieran de comer y beber de su pan y su irep27, ¿me prestarías la carreta, los bueyes y tu ropa por unos días?
  • ¿Todo el vino que quisiera? -preguntó de modo desconfiado el carretero mirando con el rabillo del ojo al Visir.
Paramessu asintió con la cabeza.
  • Si es así, hasta te regalo mis vestidos que llevo atrás de mi carreta.
  • Entonces trato hecho -dije-. Sólo que deberás permanecer en esta casa sin salir de ella, hasta que los guardias te informen lo contrario. Sólo podrás pasearte por la terraza pero siempre cubierto con la capa del Visir.
Luego de que el carretero fue enviado a una de las habitaciones de huéspedes que se encontraban en la parte trasera de la casa, al lado de la cocina, dije al General:
  • El plan que he tramado consiste en que Sebeth se pasee por la terraza de tu casa con tus ropas para que todos piensen que eres tú, mientras nosotros saldremos de la ciudad sin que nadie lo note.
  • Pero los guardias de la salida conocen a este borrachín y saben que siempre viaja solo.
  • No te preocupes, no notaran la diferencia. Yo me vestiré con las ropas de Sebeth, mientras tú, Sat-Re y Liah se ocultaran en aquellas ánforas vacías. De esta manera pasaremos la guardia sin problema, ya lo verás.
  • Mmm... -murmuró Paramessu-. Si pasamos la guardia de esa manera cuando vuelva mandaré azotar a esos hombres.
  • No creo que lo hagas -dije riendo mientras me ponía los harapos de Sebeth-, ya que, si pasamos las puertas de esta ciudad, volverás como faraón.
Después de cerrar la tapa del ánfora donde se ocultaba Paramessu, subí a la carreta y me envolví en la capa.
  • Waty -dije a mi ahijado-, entra ya en un ánfora que debemos partir.
  • Disculpa padrino, pero creo que aquí seré de más utilidad al faraón, enviando información de lo que sucede en Avaris a través de mis camaradas leales.
  • ¡Ven Waty! -dijo Liah imperativamente- Tus padres nos confiaron tu cuidado y vendrás con nosotros.
  • Mi querida Liah -dijo el muchacho dando un beso en la mejilla a su madrina. ¿Cuántos años crees que tengo? No soy más aquel pequeño de ojos grandes que salió de Tiro.
  • Está bien mi pequeño Waty, quédate. Pero cuídate mucho, no me perdonaría si algo te sucediera.
  • Descuiden, no cometeré locuras.
  • Eso lo dudo -murmuré guiñándole el ojo, mientras azuzaba a los bueyes para que comiencen su lento caminar.
La penumbra del amanecer jugaba a favor de nuestros planes. Era ahora o nunca.
Azucé a los bueyes. Las ruedas comenzaron a rechinar tanto que se podía creer que aquella carreta se desarmaría en cualquier momento. Los bueyes, de andar cansino me dirigieron a la salida de la ciudad.
Al pasar por la entrada uno de los guardias dijo:
  • Sebeth, ¿no olvidas el ánfora de dulce irep que me prometisteis?
  • Sácala tu mismo -dije fingiendo voz de ebrio.
El guardia bajo de la muralla que resguardaba a la ciudad y, retirando un ánfora de vino de la carreta, arrojó dos piezas de cobre diciendo:
  • Ahí tienes para comprarte unas lentejas.
Hice un gesto de agradecimiento y seguí mi camino. Luego de un buen trayecto y cuando creí que nadie nos vería, hice salir a mis pasajeros de sus respectivas ánforas continuando nuestro andar hasta que divisamos una vivienda a la orilla del Nilo, junto a la cual estaba anclado un pequeño bote pesquero.
La embarcación que se impulsaba con unos pequeños remos de madera estaba construida completamente con tallos de papiro fuertemente anudados y trenzados entre sí.
Luego de convencer al dueño del bote que nos canjee temporalmente por la carreta nos dirigimos a Men Nefer, donde deberíamos encontrarnos con el sacerdote del templo de Ptah, Aq-Ib.
Mientras recorríamos el curso del río, un poco antes de llegar a la ciudad de Huttaherib,28 divisamos decenas de cadáveres arrastrados por la tenue corriente, como si fuesen troncos a la deriva, los cuales servían de alimento a los cocodrilos que arrastraban a algunos de ellos entre los papiros de la ribera. Esta sola visión hizo que Paramessu cambie su actitud jovial para tomar una reconcentrada.
-¡Ho Maat! - exclamó en una oportunidad en la que entre los ejecutados reconoció a uno de sus fieles camaradas- ¿Por qué permites esto? ¿Podré yo remediar este desorden?
Cuando nuestra embarcación se encontraba en las cercanías del puerto de Men Nefer, una barca de vela rectangular con el escudo de Amón se dirigió hacia nosotros.
  • ¿De dónde vienen y a dónde se dirigen? -gritó un hombre joven que se encontraba dentro de la barca mientras tres arqueros nos apuntaban con sus flechas.
  • Venimos de Avaris y venimos a ver a Aq-ib -dije en voz alta.
  • ¿Quiénes sois viajeros? ¿acaso sois emisarios del pérfido Nahtmin?
  • No. ¡Soy Ramsés I!, el nuevo faraón de Kemet -gritó con potente voz, mostrando el pergamino con el sello de Horemheb, Paramessu se quitó la capa que lo cubría. Por primera vez Paramessu utilizó el nombre que, de ahora en más, utilizaría como el soberano de todo Kemet.
El sacerdote, con la mirada perpleja, nos invitó a subir a su embarcación para después de postrarse ante los pies de Ramsés confirmarnos que la ciudad estaba bajo el control absoluto del templo de Ptah.
Atracamos en el puerto de Men- Nefer y fuimos guiados, por el joven sacerdote ante Aq-ib, quien, de gran porte, y con la cabeza rapada totalmente, llevaba una túnica fina de algodón sobre la cual descansaba un medallón con el ojo de Horus, cosa que me extrañó en un sumo sacerdote del templo de Ptah.
Aq-Ib al ver a Ramsés exclamó inclinándose ante él:
  • ¡No podía ser otro el elegido! ¡Los dioses y Horemheb no se han equivocado en la elección!
Luego de estas palabras, Aq-Ib ordenó inmediatamente a los sirvientes del templo que Ramsés fuera bañado, perfumado y vestido como corresponde a un faraón para inmediatamente después comenzar la ceremonia de coronación.
1 Estación de la cosecha y acopio que equivale al verano en el hemisferio norte.
2 Primero de los cuatro meses correspondientes a la estación de Shemu.
3 Dios de la fecundidad.
4 Más conocida con el nombre de Coptos. Se ubica en la actual ciudad de Oift.
5 Ladrillos de dos palmos de ancho
6 Médicos.
7 Una de las partes en la que los antiguos egipcios dividían al cuerpo y que, equivale al alma.
8 Antigua capital del imperio hitita desde el reinado de Hattusil I, situada en el centro de anatolia, junto al río Kizil-Irmak, en lo que corresponde hoy en día en ubicación con la aldea de Bogazkale, parte de la provincia turca de Corum. Ubicación geográfica 40º01´N, 34º36´E.
9 Se hace referencia a la novela Conspiraciones faraónicas, capitulo VIII.
10 Terminología egipcia para esposa, también significaba “la mujer”
11 El famoso Oráculo de Amón, se encuentra en el oasis de Siwa en la frontera entre Egipto y Libia, sus ruinas se encuentran en el actual poblado de el-Aghurmi. Ubicación geográfica 29º32´N, 25º11´E.
12 Estrella de Siro, su aparición a la salida del sol simbolizaba el año nuevo.
13 Avaris fue la capital de los reyes de Hyksos del Segundo Período del Intermedio. Actual ciudad de el-Arish, está ubicada en la parte nororiental del Delta del Nilo.
14 Llamada por los griegos, Tebas, fue la capital religiosa de Egipto durante gran parte de su historia. Ocupaba la zona que actualmente se extiende de Karnak hasta El-Aasasif. Situación geográfica 25º42´N 32º38´E.

15 Actual Tel el Amarna, está ubicada a unos 300 km. al sur de El Cairo. Construida en la margen derecha del Nilo fue la capital de Egipto durante gran parte del reinado de Akenatón (Amenofis IV) hasta el tercer año del reinado de su hijo Tutankhamón.
16 Denominación dada por los antiguos egipcios a la ciudad de Biblos. Actual territorio del Líbano.
17 Terminología utilizada para referirse a “el padre”.
18 Terminología utilizada para referirse a “la madre”.
19 Terminología del antiguo Egipto utilizada para referirse “al hijo”.
20 Conocida con el nombre clásico de Menfis, actual Mit Raiña
  • 21 El iteru es una medida egipcia de longitud que equivale a 10,52 km

22 En egipcio antiguo; gobernante de tierras. Se refiere a los Hicsos.
23 Especie de cimitarra inspirada en el harpé asiático.
24 En Egipcio antiguo, el que penetra en el corazón.
25 Antigua ciudad ubicada frente a la parte sur de la actual represa de Asuán es conocida con el nombre clásico de Elefantina. Fue la capital del nomo I del Alto Egipto, denominado To-Jentit ( "La frontera"). Situación geográfica 24º 05'  N 32º 53' E .

26 Principal vestimenta masculla del antiguo Egipto consistente en una larga faja arrollada a la cintura y sujeta por un cinturón o una soga que remataba en un nudo.
27 Termino utilizado en el antiguo Egipto para referirse al vino.
28 Actual cuidad de Tel Atrib.