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domingo, 1 de mayo de 2011

Cosas de duendes traviesos II, la era informática

Hace algún tiempo escribí un articulo en donde atribuía a duendes traviesos la desaparición misteriosa de algunos objetos. Estos duendes por pura diversión, esconden adrede, tijeras, lapiceros, bolígrafos, lapices, tasas, telas, almohadas e infinidad de objetos que, creímos haber dejado en un lugar determinado y que al buscarlos, “han desaparecido” misteriosamente.
El lunes pasado descubrí que estos duendes, no conformándose con su trabajo de hacernos difícil nuestra existencia, ahora se han capacitado y entraron en el mundo de la informática.
Con motivo del lanzamiento de la novela El fotógrafo de Loma Tarumá en la ciudad de Buenos Aires, me dirigí al aeropuerto “Silvio Petirossi” de Paraguay, presentándome en la ventanilla de Aerolíneas Argentinas teniendo en cuenta que la editorial había hecho la reserva de vuelo ida y vuelta en esa empresa, abonado por el sistema “on line”.
Grande fue mi sorpresa cuando la empleada de la mencionada aerolínea me dijo:
- Su reserva a sido cancelada por falta de pago.
Luego de varias llamadas telefónicas incluyendo al banco emisor de la tarjeta con la cual, efectivamente, se pago el servicio la funcionaria seguía registrando en su computadora que el pasaje no había sido pagado en fecha y por ello se había cancelado la reserva.
Con el lanzamiento en puerta saque pasaje en otra compañía aérea, ya que el vuelo que debía tomar estaba repleto, pensando en poder solucionar el percance en la capital porteña en la matriz de Aerolíneas Argentinas.
Gran sorpresa la mía y la de la dueña de la editorial cuando el funcionario de la linea aérea en vez de confirmar lo que la funcionaria del aeropuerto luqueño había dicho dijo que nunca se había hecho la reserva e inclusive el vuelo en el que tenia que regresar, el domingo 1º de mayo no existía. Luego de impacientarse ante nuestra insistencia nos hizo pasar a otra oficina en el segundo piso de la empresa donde después de una larga espera una amable funcionaria confirmo que se había hecho la reserva pero que no se registraba pago por lo que no podría devolvernos el dinero ni mucho menos expedirnos un pasaje para mi regreso.
Que esto debe ser cosa de duendes informáticos no cabe la menor duda, ya que no encuentro otra explicación tratándose de una aerolínea reconocida mundialmente.
Ya veo la cara de satisfacción del duende travieso, que mi hizo esta mala jugada, retorciéndose de la risa al enterarse que mi regreso debió ser en bus(18 hs de viaje contra 1hora 55minutos en avión). Para otra vez ya hemos aprendido. Muchas veces recurrir a la tecnología no es tan cómodo como parece y más aun que ahora sabemos que los duendes ya están cibernetizados. 

domingo, 16 de agosto de 2009

Cosa de duendes traviesos




Les ha pasado alguna vez que buscando algo que necesitábamos con urgencia, por más empeño que ponemos en la tarea, no lo hallamos. También estoy seguro que, tiempo después, cuando ya habíamos perdido las esperanzas de hallar aquel objeto, este, aparece como por arte de magia enfrente de nuestras narices.
Cuando esto me pasaba de pequeño pensaba que eran los duendes que jugaban con nuestra paciencia escondiendo aquello que tanto buscábamos, para finalmente burlarse de nosotros y ponerlo en un lugar bien visible por el que creímos pasar miles de veces.
Parece que con la felicidad ocurre algo similar.
Una vez leí una frase cuyo autor desconozco que decía: “La felicidad no se busca, solo se encuentra”
Cuantas veces hemos buscado y rebuscado a la felicidad en tantos lugares, tantas situaciones, tantas relaciones y solo encontramos desesperanza, desengaño, sin mencionar, tal vez, un corazón destrozado; y otras veces caminando simplemente por una playa, una mañana soleada, la felicidad se nos presenta ante nuestras narices.
¿Será que al empecinarnos en buscar algo tercamente solo conseguimos esconderlo más o alejarlo de nosotros?
¿Acaso los traviesos duendes se divierten al vernos tan ansiosos y empecinados en la búsqueda de lo perdido para después, cuando creíamos que todo estaba perdido, apiadarse de nosotros y ponerlo delante nuestro?
No creo que sea bueno cruzarnos de brazos esperando que los gansos fritos nos caigan en nuestra boca, pero también creo que todo tiene un tiempo y un porque.
Puede que nos empecinemos en la búsqueda de la felicidad “que queremos” cuando este no sea el momento ni el lugar donde se presentará brillando frente a nuestros ojos, quizás como recompensa a nuestra tenacidad.
Todo tiene su tiempo. Así que cuando busquemos algo y no lo encontramos, no desesperemos, tal vez, los duendes pronto lo devuelvan.