Es común ver a un niño agradeciendo luego de recibir una golosina o un juguete como también lo es "esperar sentados" un GRACIAS de un adulto. ¿Que ocurre entre los años de la niñez y la adultez para que se dé este cambio?
Los padres inculcan a sus hijos a ser serviciales con el prójimo, premiándolos inclusive, como incentivo luego de cada una de las buenas acciones que el niño realiza.
De este modo queda grabado el sentimiento de deber de cada uno hacia los demás aunque también, inconscientemente, el deseo de ser reconocido por la acción realizada. Por ejemplo, un niño ayuda a su madre en el jardín y recibe un chocolate como recompensa al final del día.
A medida que el niño va creciendo y alejándose del circulo familiar se va dando cuenta que la mayoría de las veces las buenas acciones además de no ser reconocidas, muchas veces son desestimadas, ya que “era tú obligación hacerlo”, he inclusive “robadas” por otros que se adjudican “los laureles”.
Es así como nos introducimos en una sociedad en donde los valores distan mucho de los que nos fueron inculcados de pequeños, a pesar de ser invocados por todos.
“Has lo que yo digo y no lo que hago”, diría un transeúnte mientras tira un boleto de colectivo en la calle junto a un cesto para residuos vació aunque rodeado de basura.
Estoy seguro, porque muchas veces yo mismo lo hago, que muchos se preguntan: ¿Vale la pena trabajar con ahincó en un proyecto para la comunidad para luego de mucho esfuerzo ser desestimado y menospreciado? ¿Para qué trabajar cuando otros reciben los aplausos y engordan su ego con nuestro esfuerzo?
En alguien mezquino, o simplemente cansado de la ingratitud, estas preguntas muchas veces pesan tanto que lo abandona todo y, como otros tantos, se cruza de brazos a esperar que “caigan los gansos fritos” en el plato y que sea otro “gil” el que haga el trabajo. Es por este motivo que el mundo está como está.
Muchos hombres y mujeres jamas reciben el merecido reconocimiento por su trabajo, a pesar de dejar parte de su vida para dedicarse a los demás. Otros, con un poco más de suerte, reciben después de muertos “una plaqueta” pegada en la ruinosa pared de la que fuera su vivienda.
Aunque es agradable recibir una palmada en el hombro o un simple “GRACIAS”, el hecho que nuestras acciones no sean “premiadas” por nuestro entorno no es motivo para que dejemos de hacerlas como tampoco dejar de agradecer al que nos ayuda.
En la física “toda causa tiene un efecto” y en la vida, aunque el efecto llegue retrasado, llega finalmente de una u otra manera. Y en caso que, a pesar de todo, el “chocolate” jamas llegue debemos pensar que nuestra mejor recompensa es que habremos contribuido a que este mundo sea un lugar un poco mejor y en donde algún día el reconocimiento sea algo tan normal como hoy es el no darlo.