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domingo, 8 de septiembre de 2024

Mi musa


 

Una suave melodía envolvía la habitación, iluminada tenuemente por la luz del monitor de la computadora. Afuera, la noche reinaba con todo su esplendor mientras la furtiva briza ingresaba sutilmente, como ladrón, por la ventana entre abierta.

A pesar de que todo estaba dado, mis dedos se deslizaran torpemente sobre el teclado dejando en el monitor tan sólo unos cuantos párrafos. Me serví otra taza de té, sorbí un trago, y me dejé caer en el sillón del escritorio.

-          Por lo visto Calíope no han venido a visitarte hoy ¿Qué te ocurre? - dijo una voz detrás de mí.

Lejos de inquietarme y a pesar de saberme solo, aquella imposible voz, recorrió mi cuerpo con cálida y eléctrica emoción. Voltee y ahí estaba.  Baja y menuda, como la recordaba, vestida con su trajecito de confección y luciendo su característico peinado “globo” de los ochenta, allí se encontraba mi profesora de historia.

-          Profe…-balbucee.

-          ¿Acaso estamos en el aula? ¿No recuerdas mi nombre? -respondió sonriente.

Sonreí también y fue entonces que recordé la vez que, junto con un pequeño grupo de compañeros a los que hoy calificarían de nerd, me permitió llamarla por su nombre de pila.

-          Margarita… -dije mientras mi mente retrocedía en el tiempo.

Los recuerdos volvieron a mí a raudales y la vi nuevamente frente al verde pizarrón, con las mangas manchadas por la blanca tiza, enseñándonos a todos los que tuvimos la suerte de conocerla, mucho más que una materia en un plan de estudio. Enseñándonos a luchar, a seguir nuestros sueños y nunca dejarlos, aunque tengamos todo en contra, que la mente es la mejor máquina del tiempo y que solo bastaba conocer, imaginar y desear con el alma, para viajar por las arenas del tiempo.

-          Ahora sí nos entendemos. Y retomando mi pregunta ¿Qué te ocurre? Te noto preocupado, distante. Si sigues así mejor ve a dormir ya que Calíope, la musa griega de la elocuencia, la belleza y la poesía épica no ingresará esta noche por esa ventana.

-          Nada… Bueno, sí. Hay días, como hoy, que me cuestiono si he seguido el camino correcto. ¿Nunca te cuestionaste el dejar de enseñar? y…, dedicarte a otra profesión más rentable, menos exigente para vos y tu salud y dedicarte más tiempo a vos misma.   

-          ¿Dejar de enseñar? ¿Y perderme de que alumnos como vos me desafiaran en clase con sus investigaciones contrarias a mi pensamiento político-histórico? -respondió riendo de buena gana y prosiguió- También, en su momento, me hice una pregunta similar y el tiempo me respondió que por más difícil que sea la situación o tentador que sea el motivo, dejar que nos alejen de nuestra pasión, en tu caso la escritura, equivaldría a que nos corten ambas manos, junto con parte del alma. Es cierto que postergué muchas cosas por ustedes, y aunque al final pude disfrutar de la pintura y largos viajes, muchas de ellas quedaron en el tintero para siempre, aunque jamás me arrepentiré de acompañarlos, de compartir mis conocimientos y sobre todo de aprender de ustedes y con ustedes.

-          Fuiste la primera que me dijo que tenía que escribir, a pesar de mis horrores ortográficos y la opinión de la profesora de Lengua Española… ¿Qué viste en mí?

-          ¡Y te tomaste dos décadas para hacerme caso! –dijo sonriendo dulcemente y prosiguió- Me preguntas ¿que vi en vos? Vi a alguien con una gran imaginación, apasionado por la historia, y que leía mucho. Descubrí a alguien que lucharía contra viento y marea para lograr sus sueños y, sobre todo, un cabeza dura como yo. Alguien a quien pasarle la posta, alguien que con el tiempo seguiría, de alguna forma, un camino que yo también seguí en su momento. También, algún día harás lo mismo… Ahora debes despertar y retomar con tu trabajo.

Mis cansados parpados se abrieron. La melodía seguía sonando, el té se había enfriado y un par de lágrimas se deslizaban por mis mejillas.

-Querida Margarita- dije suspirando-, cuanto lamento no haber podido agradecerte por todas esas horas que compartimos, por tus charlas fuera de clase. Pero especialmente por tu sacrificio y empeño dejando todo para hacer lo mejor que sabias hacer: Enseñar.

No sé si tu devoción al trabajo, o el cigarrillo, fue lo que finalmente la arrebató prematuramente de entre nosotros. Pero quiero que sepas que tu recuerdo y tus palabras están y estarán siempre marcados a fuego en mi alma al igual que tu sonrisa.

¡Gracias Margarita por ser, además de mi profe de historia, mi musa, y guía de vida!

 

viernes, 13 de agosto de 2021

El regreso de la Florista

 



Era una mañana como cualquier otra de aquel momento histórico denominado por todos como la pandemia, de la cual, casi nadie recordaba su inicio. Lo frio y gris de aquel día era, si se quiere, sólo un complemento anecdótico. Las personas, indiferentes y más frías que el hielo, ocultas como Ninjas detrás de sus cubre boca, caminaban por las veredas o esperaban al transporte público, como impersonales autómatas rodeados de una especie de campo magnético que los mantenía sanitariamente distanciados.  En las calles, el caótico transito era el vivo reflejo de la intolerancia, egoísmo y rabia contenida en aquella sociedad alimentada por noticias, verdaderas o falsas, provenientes de medios tendenciosos, redes sociales y su propia inconformidad.

Como si fuera un fideo más de este toxico caldo, Andrés, caminaba con paso rápido por las desparejas veredas, corroídas por la desidia ciudadana y la inacción municipal, en dirección al vetusto hospital donde debía ver a un cliente que se negó a cerrar trato en forma virtual como lo hacían todos desde el inicio de la pandemia. Atravesó la avenida y se disponía a cruzar la plaza que lo separaba de su destino cuando, se detuvo sorprendido. Bajo la sombra de un añoso Tajy, se encontraba un coqueto kiosco de venta de flores. Los recuerdos, de una lejana y distinta época, volvieron a su memoria haciendo cambiar su destino.  Había caminado unos pasos cuando sobre un pequeño banco de madera vio sentada a una joven florista que le recordó a Violeta, La antigua propietaria del lugar, abandonado hacía décadas, con quien, hace una eternidad, había entablado una fuerte amistad.

La joven, de largos cabellos, que lucía una boina francesa roja, acorde a su informal vestimenta parisina, se hallaba de espaldas a Andrés cortando mecánicamente los tallos de unas rosas rojas con las que armaba un bello ramo. Al oír pasos, volteo en dirección a este y lo saludo:

—Buenos días señor ¿Puedo ayudarlo?... ¿Señor?  ̶ volvió a preguntar, con insistencia, al ver que su interlocutor sólo observaba sin decir palabra.

̶ Discúlpeme señorita, no me haga caso, es que…, bueno, no importa… Es que me sorprendió su habilidad al armar ese bouquet de rosas. Debe tener muchas ventas.

̶ Es solo práctica, en cuanto a la rentabilidad del negocio debería preguntarle a la dueña, porque si me pregunta a mí… Salvo para el 14 de febrero y otras fechas en donde se estila comprar flores, las ventas apenas cubren los costos  ̶ respondió, encogiéndose de hombros y meneando la cabeza, detrás de su cubre bocas rojo adornado con gatitos negros.

̶ ¡Una pena que así sea! Este lugar vio tiempos mejores. Tal vez, la pandemia se llevó mucho más que seres queridos. La humanidad está en vías de extinción, del mismo modo que los dinosaurios, días después de la caída del meteorito que los hizo desaparecer.  

̶ ¿No cree que exagera al compararnos con los dinosaurios? —preguntó con sorna— El virus causó estragos en la población mundial, es cierto, pero no la ha extinguido. De hecho, ha vuelto a crecer con similar ritmo al de antes de la pandemia.

̶ Tal vez la población mundial se haya recuperado, pero la humanidad es la que está en vías de extinción. El Sars Cov 2, no solo mato personas, sino que a los sobrevivientes nos distanció, ocultó nuestras sonrisas con un cubre boca y, lo más grave, nos privó de dos elementos fundamentales que nos hacían humanos: El beso y el abrazo, con los cuales llevábamos la vida a nuestros sentidos, la confianza a nuestros sentimientos, la comunicación sin necesidad de decir una palabra, y no dejar de mencionar todos los mensajes corporales cifrados y transmitidos por un simple rosar de labios.

̶Sí, como también la transmisión de enfermedades —dijo con visible repugnancia—. Esas antihigiénicas prácticas son precisamente las causantes de aquellos decesos, y de tantos otros, durante toda la historia de la humanidad. Aunque algunas personas, como usted, añoren el tortoleo, como decía mi abuela, el distanciamiento personal, la higiene de manos y demás prácticas, son el mejor legado que nos dejó esta pandemia. Y disculpe mi insistencia… ¿Va a comprar algún bouquet? Porque, si sólo vino a hablar, puede volver en una hora que es cuando regresa la dueña. Estoy seguro que se entenderán.

Andrés, esbozó una sonrisa debajo de su cubre boca y deseándole un buen día a la joven, volvió con tristeza a ingresar en el caldo toxico al que llamaban la nueva normalidad.

Ya de regreso, y tras haber logrado el objetivo que lo sacó de la comodidad de su departamento, sin darse cuenta, enfilo hacia el kiosco de venta de flores. Ya no estaba la joven. En su lugar, sentada el banco de madera, de espaldas a él, se hallaba una mujer de unos 50 años preparando un diminuto ramo de violetas.

—Buenos días señora… ¿Fría y bella mañana no? —dijo, con el corazón palpitante, iniciando la conversación.

La mujer volteo, y miró a Andrés, gratamente sorprendida.

—Hace muchos años, un joven muy parecido a usted se detuvo a comprar un ramo de flores y le vendí uno de violetas como este…—dijo, mientras sus ojos se iluminaron y su sonrisa, como un sol, parecía traspasar el cubre boca que la ocultaba.

—Mire, que coincidencia… Hace mucho tiempo una joven florista además de venderme un pequeño ramo, como el que usted sostiene, me enseñó que lo que creemos son casualidades no son más que faros que pone el destino para que no nos desviemos del camino que tenemos marcado, y aunque insistimos en no verlos, estos se presentan ante nosotros con una luz cada vez más brillante.

La mujer se levantó, y desobedeciendo lo que durante los últimos años le habían inculcado, rompió el distanciamiento y se acercó a Andrés, colocó el ramillete en el ojal del saco, y con embarazosa timidez lo abrazó. Mientras, el cómplice Tajy, el mismo que vio nacer y crecer su amistad, los ocultaba detrás de su enorme y añoso tronco, ellos, se sacaron el cubre boca y se dieron un inocente, aunque cálido, beso con el que se transmitieron un mensaje indescifrable para el resto del mundo…

 Tal vez, el meteorito coronado, no cumplió totalmente con su objetivo de destrucción y esta vez estos y otros rebeldes dinosaurios sobrevivan a la hecatombe.  

 

 

 

sábado, 13 de junio de 2020

El aullido

Imagen de la red
Un fino, único y largo aullido rasgó, como filoso cuchillo, el negro manto de la noche dejando al descubierto a la brillante luna. 
Y la loba, dejo de estar sola.

miércoles, 3 de junio de 2020

El fin del mundo

Imagen de la red

Sola. Sola y aferrada a esa computadora, que la mantuvo unida al mundo desde siempre. Ese mundo que poco a poco se fue durmiendo y de a poco apagando. Hoy nadie subió nada a los muros, ni fueron contestados los miles de mensajes que ella envió a quienes creía sus amigos. Nadie puso un "me importa" a sus pensamientos filosóficos feisbukeanos. Ya nadie le envió memes ni subió fotos a Instagram. Estaba sola. Sola y deshecha. Era la última persona de ese mundo. El fin había llegado y ya no había nada que hacer, salvo tomar una última y terrible decisión. Decisión que nunca pensó tomar y que ella misma decía que era para débiles y cobardes.
Lloro amargamente y apagó su computadora. Se levantó y abrió la puerta que daba al balcón…
Afuera el sol brillaba. Los niños jugaban a la pelota y paseaban en sus bicicletas. En las mesas del café de enfrente, las personas hablaban mirándose a los ojo. Algunas se abrazaban y otras, más osadas, se besaban... Definitivamente, el fin del mundo virtual había llegado y ella, ahora, debía adaptarse a la humana realidad.

martes, 24 de marzo de 2020

Bobi (cuento)

Para amenizar un poco estos días de encierro les dejo uno de los cuentos de mi libro Nueve Vidas.
Si les gusta avísenme así subo otro mientras NOS QUEDAMOS EN CASA.



lunes, 4 de noviembre de 2019

La otra mujer





Imagen de la red
La noche se había cerrado sobre mí hacia mucho tiempo y la persistente lluvia disimulaba las lágrimas que rodaban copiosamente sobre mis mejillas.
Cada vez que me parecía verlo, a lo lejos, un asfixiante dolor me oprimía el pecho, me aplastaba como a una cucaracha, como a un ser insignificante, arrastrándome a un abismo que aumentaba su profundidad cuando, luego de fijar la vista, la realidad me hacia ver que no estaba ahí, que no era más que mi imaginación, mi infinito deseo de verlo nuevamente y pedirle que esta vez me lleve con él.
-¿Por qué me mentiste? Dijiste que siempre estarías junto a mi, que siempre sería tu pequeña… ¡Me engañaste!... ¡Cómo todos!- grite internamente.
Mojada hasta los huesos llegué al edificio de departamentos donde vivo.
Cruce el vestíbulo como una sombra errante, sin siquiera llamar la atención del conserje que bostezaba sobre el ajado diario matutino.
Subí a mi departamento y como autómata me dirigí al baño, llene la bañera con agua tibia, me desvestí, dejando la ropa tirada en el piso y me introduje deslizándome lentamente en aquel liquido y tibio refugio, exhausta de luchar contra mis desgracias…
- Hasta acá llegue, ya no puedo más- murmure.
Y toqué fondo.
- ¿Tarada, no te cansas de darte lastima?- increpó una enérgica voz femenina desde el living.
- ¿Quién esta ahí?- pregunte incorporándome sorprendida, ya que creía estar sola y haber cerrado la puerta con llave al entrar.
Salí de la tina, me puse mi vieja bata azul y me dirigí al lugar de donde provenía aquella voz.
 -¿Quien es usted? - pregunté a la mujer que sentada en el sofá, dándome la espalda, tomaba placidamente una copa de vino.
 - ¡Silvina, Silvina! No me extraña que no me reconozcas. Tu vida es un asco… y tu departamento… por favor. ¡Qué desastre! Casi me siento sobre los restos de una hamburguesa de vaya a saber cuando –respondió la mujer sin darse vuelta- Ven, siéntate, sírvete una copa de vino, tenemos que charlar. ¡Esto no puede seguir así!
 -¿Qué estas tomando?- pregunte dubitativa sentándome en otro sillón, frente a ella, después de apartar de este una pila de revistas y diarios viejos.
- El Aurum Red, Serie Plata de papá.
- ¿Estas loca? Ese vino cuesta 400 euros. Sólo se produjeron 6.000 botellas y… ¡Es de Papá!- grite mirándola indignada y atónita a la vez.
La intrusa de larga, sedosa y negra cabellera, vestía mi ropa. Una blusa sexi de seda roja, de amplio escote sujeto por un discreto broche que evitaba se viera más que lo estrictamente necesario, acompañada de una pollera negra al cuerpo y sus pies, espléndidamente cuidados, calzaban  sandalias negras de charol con tacón de aguja.
Antes que pueda decir palabra escuché.
- No te parece un desperdicio gastar 400 euros y no poderlo tomar, “Es un vino de reyes, vamos a dejarlo para una ocasión especial” decía papá… ¡Ocasión especial!… Se murió dejándote sola con la botella y ni si quiera olió su contenido.
- ¿Qui…quién eres?-tartamudee.
- ¿Cómo quién soy? ¿Ya te olvidaste como me hiciste desaparecer poco a poco hasta dejarme encerrada? Primero creí entenderlo, murió papá. Y vos, la luz de sus ojos, te fuiste apagando poco a poco.
Está triste, ya pasará, pensé… Pero después vino el otro golpe, el más duro, con el cual la venda que cubrieron por 25 años tus ojos cayó aquella tarde en que viste en la estación del tren al que creíste tu hombre perfecto besándose con otra. Ese día me encerraste. Nos encerraste en tu mundo gris. Tu mundo de descuido personal, de puertas y ventanas cerradas y un mar de lágrimas.
Lo de papá fue inevitable y es comprensible tu tristeza… Aunque ya es tiempo de dejarlo partir. Ahora…lo que te hizo ese pelafustán no merece una sola de tus lágrimas. ¡Basta! ¡Esto se acabó!
- Ya no soy tú- interrumpí murmurando con tristeza,  viendo ante mi aquel ser tan distinto al que yo me había convertido en estos últimos seis meses –Soy un viejo bofe con patas… y vos… una diosa esplendida- dije observando que bien marcaba su curvilínea figura aquella ropa que ya había olvidado en el fondo de mi ropero.
- ¡Vieja los trapos, querida! Tenemos exactamente la misma edad… Tal vez estés un poco descuidada, pero definitivamente un bofe con patas no sos.- dijo inflando sus cachetes y gesticulando como si fuese obesa.
Sonreí.
-¡Esa es la Silvina que quiero ver! La picara, la ingeniosa, la que destella desde sus chispeantes ojos optimismo y porque no, a aquella traviesa hormiguita de trenzas y guardapolvo blanco que irradiaba felicidad con su cristalina sonrisa en toda la clase y que sigue estando ahí adentro, aunque te niegues a verla.
Volví a sonreír. ¡Tenía razón!
Descorche aquella costosísima botella de vino, serví su rojo aterciopelado contenido en una de las finas copas de cristal de roca de mi abuela y abrí la puerta que da al balcón después de seis meses de mantenerla cerrada. 
La noche y la tormenta ya se habían ido y comenzaba a amanecer sobre los edificios de la ciudad.
Tomé pausadamente el costoso contenido de la verde copa, disfrutando cada sorbo… paladeando hasta la última gota.
Aspiré hondo, me fui a mi habitación, me arregle y regresé al living.
Descolgué la sabana que cubría el gran espejo, de dos metros, que adornaba la habitación. Observe en este y él me devolvió el reflejo de la esplendida mujer que nunca debí encerrar en un mar de angustias, rencores y sobre todo, profunda tristeza.
Amaneció, y como el sol después de la negra noche, renací.

Revista PEN CLUB Paraguay Nº 31 Junio 2017


Close to You.


Imagen de la red
Caminaba de regreso a mi casa cuando, al pasar por una escuela, un grupo bullanguero de niños que salía de la institución me corto el paso y saco de mi abstracción. Sin pensar, por casualidad, mi vista se topo con una de las niñas del grupo. Baja, delgada y con el cabello castaño  que le rosaba los hombros, me miró y sonrió.  Fue en ese instante que mi mente voló muy lejos de aquel lugar, tanto en distancia como en tiempo, y un nombre vino a mi mente.  Caren Strauss.
Caren, mi dulce Caren… Su tenue aroma a violetas. Mi primer amor...  Casi cuarenta años han pasado desde que aquella tímida niña de 10 años ingresó al aula y fue presentada por la maestra de 6º grado. Eran los últimos meses del año y Caren  era casi invisible para todos excepto para mí, otro invisible, lector empedernido. Durante esos meses la biblioteca fue nuestro punto de encuentro y Sandocan, Robin Hoood, El príncipe Valiente, Guliver, Aladino y otros tantos, nuestros inseparables compañeros de aventuras. Pero como toda historia de aventuras, el final de las clases llegó y con él, después de la fiesta de su cumpleaños  de 11, nuestra separación. Creo que ese fue el único año de mi vida en el que conté cada día esperando el final de aquellas interminables vacaciones.
Y ese final llegó, aunque el inicio de clases no fue lo que esperaba. Caren regresó, pero ni ella ni sus flamantes curvas ya eran invisibles a los ojos de nadie.  En especial para Eduardo y Marcelo, arquero y goleador del grado, quienes  en invisible duelo  competían para invitarla a las distintas fiestas que se organizaban para recaudar fondos para el viaje de egresados. Está de más decir que la biblioteca pronto perdió a una de sus antiguas visitantes y aquel muchacho invisible se conformó con recibir una sonrisa o un saludo, de vez en cuando, mientras su corazón latía en el vacío.
El año lectivo termino y con él, toda esperanza de volver a ver a aquel ángel ya que, según se comentaba por los pasillos de la escuela,Caren pronto se mudaría al sur del país.
-          Alfiletero, tomá. Caren te invita a la fiesta que dará en su casa por su cumpleaños -dijo una compañera, llamándome de esa manera por el recorte tipo puerco espín que lucía en aquella época.
Mi corazón se agitó y decidí asistir. Tomaría valor y le confesaría mis sentimientos. ¿Qué era lo peor que podía pasar? ¿Qué me diga que no y que todos se rían de mí? Ya nada importaba. A nadie volvería a ver el año entrante, por lo tanto, nadie podría hacerme recordar aquel fallido intento y burlarse de esto.
Con mis ahorros compre un collar de alpaca con un bello dije de circón engarzado y regresé a casa prometiéndome que vería la manera de conseguir dinero para escribirle cartas todos los días.  Me vestí con mis mejores galas: Pantalón Oxford y saco blanco, camisa negra con cuello en pico y mis botas de gamuza, y con un bello estuche que contenía aquella bisutería me dirigí a su casa.
Toque el timbre y me recibió su abuela quien, al verme, sonrió e hizo pasar al patio interior donde sonaba Another one back the dust del grupo del momento: Queen. Caren se encontraba hablando con varias compañeras.  No tardó en verme. Me saludo con la mano, se dirigió al combinado, antiguo mueble de madera  en donde se encontraban agrupados, radio, tocadiscos y casetero, eligió un vinilo y lo puso en el tocadiscos. La dulce voz de Karen Carpenter comenzó a sonar, por los enormes parlantes, con el tema Close to you. Todos comenzaron a bailar lento. Caren me miró, sonrió y avanzó hacia mi cuando Eduardo tomándola de la cintura, la hizo girar suavemente y le dio un beso en la boca, causando la ovación de los presentes. Mi corazón dio un vuelco y mis mejillas se incendiaron. Di media vuelta, dejé mi regalo junto al televisor y me retiré. Nunca más supe de ella.
Esa tarde y toda la semana siguiente el recuerdo de Caren volvía a mí insistentemente. ¿Por qué después de casi cuatro décadas ahora me vuelve su recuerdo? Me preguntaba una y otra vez.
-          ¿Por qué no la buscas en las redes sociales? Es evidente que esa niña todavía te mueve el piso… ¿Quien te dice, por ahí…?– me dijo guiñándome el ojo una compañera de trabajo cuando le comente lo ocurrido.
Ni bien llegué a mi casa, con sentimientos encontrados que hacía tiempo había olvidado, encendí la computadora y coloque su nombre en un buscador. No tardaron en aparecer dos resultados: un blog inactivo hacia ya un par de años y una dirección de red social a la que también yo pertenecía. Primeramente ingresé en el blog, en donde se veía a una bella mujer rodeada de cuadros, el cual tenía artículos relacionados a pintura y arte.
Mis ojos volvieron a la foto de la mujer y mi corazón empezó a latir con fuerza adolescente al observar con detenimiento el rostro de aquella mujer… No había duda, era Caren que como el vino, el tiempo, había sacado lo mejor de ella. ¡Era preciosa! Inmediatamente entre en la red social y corroborando que se trataba de ella solicite amistad enviándole un breve texto inbox explicándole quien era yo y firmando “Alfiletero”. La respuesta no se hizo esperar.
-          ¿Alejo? ¿Sos vos de verdad? ¿Mi amigo Alejo García? ¡No puedo creerlo!
Mi corazón parecía que estallaría de un momento a otro. Yo no podía creerlo… ¡Se acordaba de mi!
-          Sí, soy yo. ¿Te acordás de mí?- respondí tímidamente.
-          Obvio, como no me voy a acordar de aquel compañero que me recibió con una sonrisa aquel día lluvioso en que llegué a tu escuela. O de aquellos días que pasábamos en la biblioteca leyendo y jugando a que éramos los personajes de los libros.
-          ¿Qué te parece si charlamos por video? Así nos vemos.
La respuesta demoró un par de interminables minutos.
-          Hay dulzura, mi cámara web está descompuesta… Además, cambié bastante desde la última vez que me viste.
-          Y vaya que cambiaste. Vi tu blog.
-          ¡Ah sí! Es una foto vieja, no hagas caso. Fue la primera exposición de cuadros, en solitario, de mi hija.
-          Wau, ¿Tenés una hija que es pintora?
-          Sí, Fiorela, acaba de cumplir 30 años. Ojala la conozcas algún día. Ella sí que es linda. De hecho el vestido que llevo en esa foto es de ella. Je, je,  je.
-          Pues a la madre le queda muy bien y le resaltan sus curvas- escribí aunque luego de enviar el texto quise no haberlo hecho.
-          Vaya, vaya, no te recordaba así. Eras más bien tímido.
-          Disculpa, no quise incomodarte.
-          ¿Y por qué me incomodaría? La única que podría leer esto es mi hija y ella tiene su novio…  y, además, sabe que le robo los vestidos.
Aquella contestación me sorprendió ¿Esas palabras querían decir lo que yo creía y quería que ella quería decir? No sabía que responder y ella pareció descubrirlo pues al ver que no respondía prosiguió:
-          Hola… hola… La tierra llamando a la luna. ¿No me vas a dejar plantada de nuevo cuarenta años después?
-          ¿Plantada? ¿Cuándo te dejé plantada?
-          En aquel cumpleaños que te invite y que apenas me saludaste con la mano y te fuiste corriendo.
-          Es que creí que como estabas con tu novio.
-          ¿Novio? ¿Eduardo? ¿No me digas que creíste que era mi novio?
-          Disculpa si no fue así, pero eso pareció.
-          Que tontito que sos. Es evidente que no viste el cachetazo que siguió a ese beso robado. Pero bueno. Es bueno haber aclarado que fue lo que pasó. Ahora entiendo. Bueno vida, me voy a preparar la comida a mi nena que ya ha de estar por llegar de su atelier. Te mando un beso grande.
-          Chau Caren me dio mucho gusto volver a encontrarte. Ojala pronto podamos vernos.
-          El gusto es mío. No te imaginas cuanto te quiero amigo mío. Muchos besis. Chauchis.
Adorno estas últimas palabras con un emoticón de un rojo corazón, como si volviera a ser aquella dulce adolescente, y se desconecto.
Esa noche no dormí y el día siguiente duró una eternidad. Al regresar a mi casa, sin cambiarme encendí la computadora e ingrese en el chat del perfil de Caren y vi que estaba en línea.
-          ¡Hola Caren!
-          ¡Hola dulzura, te tengo una sorpresa! Te escribí un mail para contarte algo y enviarte una foto, pero… ayer no te pedí tu correo electrónico. Viste sigo tan distraída como siempre.
De inmediato, teclee mi dirección de email y aguarde, y aguardé, y aguardé  por los siguientes tres días, durante los cuales no hubo ningún mensaje, ningún mail.
Al cuarto día, como todos aquellos eternos  días después de aquel reencuentro virtual, ingresé a su perfil y vi escrito:
Sé que ya no sufrirás más mamita pero sabes que soy egoísta y te quiero devuelta junto a mí.
Te voy a extrañar.
De inmediato vi que se encontraba en línea y escribí en el chat:
-          Hola Caren, ¿Falleció tu mamá? Mis más sentidos pésames.
El videochat comenzó a llamar y al responder vi a una mujer joven con los mismos rasgos de Caren
-          Hola – me dijo- Soy Fio la hija de Caren, Mi mamá… mi mamá… murió hace cuatro días.
Un angustioso dolor me impidió hablar al tiempo que las lágrimas comenzaban a rodar por mis mejillas.
-          Disculpe señor- volvió a decir la mujer- ¿Usted es Alejo, su amigo de primaria?
-          Sí-dije intentando disimular el dolor que me acongojaba- No sabía que estaba enferma.
-          Si, ella me dijo que no pudo contárselo. Cuando llegué a la casa, ese primer día que se comunicaron, estaba feliz de haberlo encontrado después de tanto tiempo. Hablamos mucho de usted, hasta las cuatro de la mañana. Parecía una adolescente. Nunca la había visto así.  Cuando desperté me dijo que no había dormido nada y que  le había escrito, pero que de la emoción se había olvidado de pedirle su email. Me dijo que lo aguardaría y lo primero que haría seria pedirle su correo electrónico y enviarle la carta.
-          Me lo pidió. Y se lo escribí de inmediato, pero jamás recibí respuesta –respondí.
-          No pudo- dijo llorando- le juro que no pudo. Cuando llegué esa noche ya había fallecido. Estaba acostada en su cama, con la notebook sobre sus piernas y con una gran sonrisa en el rostro. Se había puesto un vestido de fiesta su peluca y su collar preferido y el mail estaba listo para ser enviado.  Usted fue la última persona con quien se comunico.
-          Y el mail… ¿podrías enviármelo?-pregunte casi suplicando
-          Si, esa era mi intención cuando usted se contacto. Disculpe que no se lo haya enviado antes. Ella… Ella… Bueno, ella se lo explicará en el mail.
Fiorella se despidió llorando y cerró el videochat. A los pocos minutos un mail llego a mi bandeja de entrada.  Lo abrí de inmediato y en él había dos archivos adjuntos: El primero, un JPG que contenía una foto, que había olvidado, y que nos habían tomado en la biblioteca que frecuentábamos de niños. El segundo, un archivo de texto que decía:
Mí querido Alejo:
                               Así como aquel 15 de julio de 1978 me dió una gran alegría saber desde el primer momento que podía confiar en aquel rubito de flequillos que me sonreía, hoy sé que puedo sentirme nuevamente segura compartiendo con aquel niño transformado en hombre en estos momentos tan difíciles que estoy atravesando. Aunque espero no sigas usando flequillo… ni tampoco lleves el peinado de una bola de boliche llena de espinas.
Ayer hable mucho con Fio, mi hija, sobre vos y tus ocurrencias, nuestros juegos y mis sentimientos que hacía tiempo había olvidado pero sin embargo nunca se fueron. A pesar de todo ello te mentí. Dije que mi cámara web no funcionaba y no es cierto. No quería que veas cómo esta maldita enfermedad que habita en mí, me está carcomiendo día a día. Sí, tengo cáncer y no me animé a decírtelo. Quería que me recordaras como en aquel cumpleaños en que te invité y ahora sé porque te fuiste. ¿Sabías que, a pesar de cumplir solo 12 años, mi mamá me permitió que me pintara los labios por primera vez? Bueno, capas no te diste cuenta porque me viste de lejos y era un rosa nacarado y apenas se notaba. Pero bueno te sigo contando. Estaba hablando con Sandra, Viviana, Silvina y Marijó, mientras sonaba una música rápida, creo que era de Queen. Fue en ese momento que te vi. Lo tenía todo planeado. Sabía que te gustaba The Carpenters y sabía bien que tema poner… Close to You, Cerca de usted… Porque a pesar de que me evitaste todo aquel año yo siempre quise estar cerca tuyo y de nadie más. Por eso pensé que esa sería la música perfecta…  Porque yo si quería recibir aquel primer beso, pero no que Eduardo fuera el que lo diera ¿Entendés lo que quiero decir?
Después de las ovaciones machistas alentando a Eduardo y del bien merecido cachetazo que le propine te busque por toda la casa, pero mi mamá me dijo que te fuiste corriendo luego de dejar mi regalo sobre la mesa del televisor. Un sentimiento de rabia y vergüenza me impidió ir a buscarte. Una semana después nos mudamos al sur y nunca más tuve noticias tuyas, aunque siempre estuviste cerca de mí, pues en los eventos más importantes de mi vida siempre usé aquel collar que me habías comprado. Hoy lo llevo puesto, ya verás. Está viejito y el circón un poco rayadito pero te juro que es el mismo.
No quiero que te enojes con migo por lo de la cámara web pero no quise quebrarme si te decía esto mientras me veías por la webcam. Mi hija me reto mucho por ello y me preguntó que cuántos años tengo. En fin, así son los hijos. Un día los estas retando y al otro son ellos los que lo hacen. Lo importante es que volvimos a encontrarnos por segunda vez, ojala sigamos juntos más tiempo que la primera vez. Te confieso que esos meses que pasamos juntos fueron los mejores de mi vida.
 Y si este compañero no querido que llevo conmigo no lo permite… Siempre, siempre, la tercera es la vencida. Y más vale que tu espíritu deje de ser tan vergonzoso porque te juro que esa vez el mío sí verá la manera de quedarse por toda la eternidad Close to You.
Con mucho amor
Caren.
Pasaron casi cuarenta años desde que recibí aquel mail que cambió sustancialmente mi vida y como hace cuarenta años, hoy, el recuerdo de Caren volvió a mí como entonces, de manera fortuita pero con mayor intensidad que entonces.  
Me levanté de mi cama, abroche a mi cinturón y encendí el maravilloso aparato  gracias al cual y por medio de un campo magnético, como si fuera un antiguo bastón, los ancianos podemos volver a caminar erguidos sin caer. Me dirigí al sillón de mi escritorio y encendí la computadora, bueno yo sigo llamándola así, aunque pocos ya lo hagamos, y de inmediato un centenar de carpetas virtuales se extendieron ante mis ojos, elegí una de ellas y señale con mi huesudo y tembloroso dedo un archivo en cuyo interior estaba aquel mail guardado durante todos estos años. Lo abrí y volví a leerlo.
Una ráfaga de fresca brisa, tenuemente perfumada con el aroma de violetas, me acarició el rostro al terminar. Cerré mis ojos empapados de lagrimas, me recosté en el sillón y me imagine volver a aquel patio de finales de los 70´ y estar bailando lento con Caren, tomándola de la cintura, mientras nos dábamos aquel que tenía que ser nuestro primer beso.
-          Si dulzura- dije con mi último aliento- Ya voy. Siempre… la tercera es la vencida… Ya estoy… y por toda la eternidad… muy… muy… cerca de usted…

Revista del PEN CLUB Paraguay Nº33, abril 2019

sábado, 19 de diciembre de 2015

Los cambios en la sabana


El día había comenzado en árida sabana. El sol extendía sus rayos sobre la rala vegetación mientras la hiena, bajo la sombra del viejo sicomoro, reía revolcándose en grotesco baile sobre los restos todavía tibios del viejo león.
A la mayoría de los habitantes no les importó el retumbar en sus tímpanos de las risas espasmódicas de aquel grotesco ser y la de sus compañeros de manada, quienes habían logrado vencer al antiguo dueño del lugar. Muchos habían deseado el cambio y ya nadie, absolutamente nadie, dudaba que con seguridad todo cambiaría desde ese momento. 
Al mediodía, la hiena seguía revolcándose y riendo bajo la sombra del sicomoro, mientras los calcinantes brazos de febo invitaban a acercarse a las frescas aguas del casi seco abrevadero. Muchos de los habitantes de la sabana lo intentaron, pero ya no era del todo posible pues la manada de hienas se hallaba en ellas desafiando a aquellos que osaran acercarse.
Aunque este hecho sorprendió al principio, no importó porque, finalmente, la mayoría compartiría el vital líquido exceptuando aquellos que se aventuraron a partir de su ancestral lugar, emigrando a lejanos lugares, y a los pocos que por su edad o fuerza morían en el intento. Un sacrificio por el bien de todos dijeron algunas hienas rayadas, recién llegadas e invitadas por sus pares, entre bocados y risas.
Por la tarde la hiena seguía riendo bajo el sicomoro, mientras los cadáveres se apilaban y la felicidad de los buitres, que hacia tiempo habían perdido la esperanza de un festín como aquel, contrastaba con la añoranza de aquellos que, empeñándose a no dejar su antiguo territorio, recordaban los tiempos idos.
La noche llegó así como un numeroso grupo de hienas pardas, que habían dormido en sus cuevas durante el día, y con ellas, la grotesca muerte de los desprevenidos.
El sempiterno astro rey surgió en la lejanía e ilumino con sus primeros rayos la roja sabana y a las obesas hienas que peleaban entre ellas por restos de carroña.
La hiena reía y se revolcaba en grotesco baile bajo el sicomoro, cuando se escucho el potente rugido de un joven león cuya presencia no se hizo esperar.
De gran porte y negra melena el gran felino se abalanzó sobre la desafiante hiena mientras sus compañeras huían despavoridas…
El silencio se apoderó de la sabana, al tiempo que tres buitres arrancaban con sus picos jirones de cuero, carne y entrañas de la hiena.
Ya nadie escuchará en aquella sabana la histérica risa, mientras el verdadero rey de la selva duerma bajo la sombra del viejo sicomoro.

jueves, 24 de septiembre de 2015

El campeón

imagen de la red

 Vistiendo un pantalón corto y una remera ajada, sudoroso, con sus desgreñados y grises cabellos y con la piel quemada por el abrazador sol, el anciano vendedor callejero intentó abordar al destartalado colectivo con el fin de ganarse el puchero del día.
El chofer, con cara de pocos amigos trató de impedirlo cerrando la puerta aunque él, con su habilidad para esquivar golpes y la experiencia que le trajeron los años en la calle, logro su objetivo.
-          Jefe, déjame vender estos llaveros con el escudo del glorioso – dijo, con voz gangosa, mostrándole al chofer su cajoncito repleto de llaveros con el escudo de un equipo de fútbol.
Instintivamente y con habilidad de mago deslizó a modo de soborno, en el bolsillo de la camisa del conductor, una de sus preciadas mercancías.
El chofer lo miro unos segundos de reojo y tras de esbozar una sonrisa dijo:
-          Dale, vende nomás campeón.
Con los ojos vidriosos, el anciano sonrió mostrando sus pocos dientes y repitió henchido de felicidad:
-          ¡Campeón! ¡Campeón!
De pronto, como surgido de otras épocas, el grito de campeón, campeón, retumbó nuevamente en sus oídos.
Alzó la vista hacia el grupo de pasajeros y descubrió que todos lo ovacionaban repitiendo al unísono campeón, campeón. La gente se abalanzaba pidiéndole autógrafos mientras un par de modelos, que con diminutos atuendos se abrieron paso entre los presentes, se tomaron de sus musculosos brazos y comenzaron a besarlo.
Un grupo de fotógrafos, vestidos con traje y corbata, registraban con sus cámaras el evento sin precedentes.
¿Cuanto tiempo había pasado? ¿10, 15, 40 años? En contra de lo que había pensado durante todos estos años sus seguidores no lo habían olvidado. Estaban ahí, junto a él.
¿Y cómo se iban a olvidar del gran Nicasio Noriega? ¡El único e indiscutible campeón nacional de peso pesado! Portada de las revistas especializadas y periódicos por más de cinco años seguidos. Aquel que tenia las mujeres que quisiese y tiraba billetes, de los verdes, al público presente mientras todos festejaban con el burbujeante “champú” francés después de cada pelea ganada…
Un grupo de curiosos rodeaban el lugar estorbando el paso de un doctor y dos paramédicos que se abrían paso con una camilla. Metros más allá el chófer, tomándose la cabeza con ambas manos y mirando la ensangrentada rueda trasera del bus, repetía a un policía:
- No fue culpa mía…El colectivo estaba lleno… se cayo… Le juro que se tropezó y se cayo del vehículo. No pude evitar que la rueda le pase por encima.
Dos paramédicos levantaron el cuerpo sin vida sobre la camilla y se dirigieron a la ambulancia mientras el doctor pregunta al policía:
-          ¿Sabe quien es?
-          Negativo. No portaba documentación.
-          ¿Alguno de ustedes sabe como se llamaba?- preguntó el galeno a los presentes, entre ellos un grupo de vendedores que se había acercado a curiosear.  
-          Su nombre no se… pero le decían el campeón- respondió un lustra botas.

-          Y bueno oficial… otro más para las estadísticas. Si en una de esas averigua su nombre me pasa- dijo el medico escribiendo en el certificado de defunción, en el lugar del nombre del occiso, N N, alias “el campeón”.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Antes del comienzo (Cuento)

Fotografía de la red

La brisa de la eterna mañana soplaba suavemente mientras el mágico edredón brumoso, bordado con hebras de luz, la cubría.
Hacía un tiempo que se encontraba en aquel balsámico lugar. Un lugar donde curar heridas pasadas, recapitular y prepararse para el nuevo desafío.
Él la conocía de otros tiempos. Y muy bien, como para advertir en su ser los temerosos pensamientos que preceden a un gran desafío.
Se acercó a ella y dijo:
- ¿Qué te ocurre?
- Me comunicaron que debo volver.
- También estoy a punto de partir. ¿Acaso no estás feliz?
- Se que es una bella oportunidad que se nos da para completar nuestros pendientes… pero el empezar nuevamente desde el principio, volver a tomar decisiones y con seguridad muchas de ellas erróneas…
- Nada es gratis, todo tiene un precio. Sin embargo, gracias al esfuerzo de no rendirnos ante las caídas y corregir nuestros errores es que finalmente evolucionamos. Unos antes que otros pero, al final del largo camino, todos cumpliremos con nuestra misión.
- Lo se… siento que todavía no estoy preparada.
- Deja de preocuparte, si se te ha ordenado regresar es porque lo estás. Sólo debes dar todo de ti, ofrecer a los demás el talento con el que se te ha dotado y, sobre todo, disfrutar de los bellos momentos que esta vida te proporcionará.
Además he averiguado que el lugar donde iras será agradable y aquellos que te acompañaran los primeros años son buenas personas y te darán todo lo necesario para poder cumplir con éxito tu objetivo.
- Eso me tranquiliza un poco… ¿Y a ti? ¿Se te ha asignado cerca de mi destino? -preguntó ansiosa.
- Esta vez no. Mis pendientes me alejarán al principio de ti.
- Lo que dices me entristece. Volvemos a separarnos y vaya a saber por cuanto tiempo.
- ¿Tiempo? ¿Qué es el tiempo? A esta altura ya deberías saber que eso no es motivo de preocupación y como dijo Charles Chaplin “El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.”
- Se que tienes razón…
- Vamos, sabes bien que si no me encuentras tarde o temprano yo lo haré.
- ¿Me lo prometes?
- Claro que sí. Sabes bien que sólo debemos buscar, entre miles, a ese alguien que al igual que la pieza de un gigantesco puzzle encastre a la perfección con nuestras aristas, nuestras virtudes e imperfecciones. Ese alguien seré yo para ti y tú para mí.
Se que la tarea no será fácil, y como cada una de las piezas de este mega rompecabezas será entreverada con las demás, nos obligará a buscar por algún tiempo y con mucho cuidado, a la que coincida a la perfección, tratando de evitar cometer el error de querer hacer coincidir a la fuerza a la pieza incorrecta…
- Se a que te refieres… ese error nos alejó más de una vez.
- Bueno… Llego mi hora. Debo partir.
- Cuídate mucho y no dudes que haré desde el primer momento todo lo que este a mi alcance para cumplir mi misión y sobre todo, volver a encontrarte.
- Yo también… yo también mi tibio rayito de sol.
La luz del lugar disminuyo en intensidad a medida que él se alejaba desapareciendo detrás de la niebla inmaculada.
Ella sabia que él tenía razón. Que todo era parte del gran plan donde, al final, todo tendría sentido y todo esfuerzo premiado. Mientras tanto, debería seguir su camino.
Y así lo hizo. Cuando su momento llego, luego de un breve pero maravilloso viaje, estaba lista.
La calida y benévola oscuridad fue interrumpida mientras hábilmente era llevada hacia la segadora luz.
Un corte, casi imperceptible la separo físicamente de aquel ser que la cobijo durante nueve meses.
El grito de un llanto agudo y maravilloso se escucho fuerte en todo el quirófano. Un llanto con el cual anunciaba su presencia. Un grito con el que comenzaba, desde ese momento, a buscar a esa pieza perdida del gran rompecabezas del que ya formaba parte.