Cuentos en el blog

sábado, 21 de agosto de 2010

Se dice de mí...¿Me tiene que importar?


Se dice de mí. Se dice que soy fiera, que camino a lo malevo, que soy chueca y que me muevo con un aire compadrón...”
De esta manera empieza la milonga escrita en 1943 por Ivo Pelav, musicalizada por francisco Canaro e inmortalizada por la inimitable Tita Merelo.
Sesenta y siete años nos separan de la creación de esta milonga pero el significado de protesta que en ella se encuentra sigue tan vigente hoy como entonces.

Desde pequeños se nos ha grabado a fuego que el hombre es un ser social y,como tal, se debe a la sociedad que lo rodea y, en especial, a lo que ella opine. Nos enseñaron a fijarnos en como vestimos, y en especial como viste el otro, sin tener en cuenta de si estamos a gusto enfundados en ese atuendo. Hoy por hoy prima más lo que dirán de uno, a como uno se siente con sigo mismo.
Es muy probable que debido a que estamos inmersos en una gran marea humana y que de tanto remar con la corriente para no ser señalados, perdamos la perspectiva de que es lo que realmente queremos. Esta insatisfacción, sea consciente o no, es una de las responsables de todos los conflictos y males que nos aquejan en el día a día.
Para mí no es malo ser, de vez en cuando, un lobo solitario. Estar con la sola compañía de una tasa de té y preguntarnos ¿Es esto que estoy haciendo lo que realmente quiero?¿Que es lo que realmente quiero?¿Tanto me importa lo que piensen de mí? (Personalmente, poco me importa lo que haga o deje de hacer mi vecino siempre y cuando sus limites no traspasen los míos y viceversa).
Ningún ser es idéntico. Hasta los gemelos tienen diferencias entre sí. 
Nadie ocultaría de la vista de los demás un jarrón de la dinastía Ming.¿Por qué entonces tememos mostrarnos tal cual somos?como la pieza única que somos...¿Por miedo a lo que dirán?...!Por favor!nadie tiene derecho a tirar la primera piedra. Todos tenemos nuestras cosas buenas y malas y es por ello que debemos conocernos a nosotros mismos y, en especial, al ser que habita en nuestro interior y que el ruido de la muchedumbre no deja que conozcamos y escuchemos .
Con esto no quiero decir que todos debemos ir a vivir a una ermita en la cima de una montaña perdida. No podemos dejar de ser parte del mundo en que vivimos siempre y cuando mantengamos nuestra “identidad” y, sobre todo, no permitir que nos conviertan en un payaso de circo, en contra de nuestro ser interior, simplemente porque la sociedad, la moda y las costumbres así lo imponen. 
Así que, si dicen de mi... que sigan diciendo.

3 comentarios:

  1. Yo pienso que todos, en mayor o menor grado, tenemos miedo al qué dirán, aunque muchos lo nieguen, creo nos importa la manera de pensar de los demás, porque vivimos en sociedad, y no aislados.

    Te dejo enlazado en mi lista de blogs para no perder tu huella.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Totalmente de acuerdo con vos! Hay que ser uno mismo, aún cuando nos traten de "raros, locos, excéntricos o rebeldes", de lo contrario acabaremos siendo como todos, seguidores de la masa, sin identidad propia, sin espíritu. Realmente tenés razón, nadie tiene derecho a tirar la primera piedra.
    Excelente reflexión!!!
    Saludos :)

    ResponderEliminar
  3. Es cierto que la soledad aveces pesa, pero pesa mucho más despersonalizarte para ser uno más del montón y que te digan lo que tenes que hacer aunque vaya contra vos misma.
    No digo tampoco que hay que ser un eterno rebelde y estar en contra de todo y todos los que nos rodean. Solamente estar en contra de las cosas que nuestro interior dicen que están mal.

    ResponderEliminar