Presidente Sociedad de Escritores del Paraguay
NI EL FUEGO NI LA MUERTE
La nueva novela “Ni el
fuego ni la muerte” de Alejandro Hernández, completa la trilogía con “El fotógrafo de loma Tarumá”, “El
proyecto de la Mandiju
Porâ” que
protagoniza el fotógrafo prusiano Gustav Demczszyn, en su parición por América
y en especial el Paraguay, aunque se mueva circunstancialmente por los países
limítrofes en sus incontadas aventuras. Pero nuestro personaje lo que menos
hace es fotografiar con su cámara de gran formato, sino que hace un registro
visual y descriptivo de nuestro país, las costumbres del pueblo, los diversos
personajes, el tupido paisaje verde, la guerra grande, con sus momentos
históricos de batallas, de victorias y derrotas. La miseria que vivió nuestro
país después de esa cobarde guerra generada por Argentina, Brasil y Uruguay
contra nuestro país.
Todo lo que le acontece a
este prusiano, porque así se define Gustav, hace que a lo mejor haya llegado a
maldecir por haber venido a estas tierras, a aventurarse por estos bosques
tropicales, de grandes ríos, cataratas, donde sin embargo encontró mujer, formó
una pareja, tuvo fortunas, desventuras y otras iniquidades. El personaje fue
muy bien llevado en esta trilogía de aventuras.
Mucha investigación
Gustav Demczszyn hizo de
todo durante la guerra grande; fue “voluntario a la fuerza”, enfermero y
carnicero en un hospital de campaña, donde aprendió a usar la aguja y el hilo
para suturar heridas y serruchos para amputar los miembros destrozados de los
soldados.
Pero no estaba conforme
con la guerra, y menos con los peligros que ello implica, y en muchas ocasiones
quiso usar su jerarquía de extranjero para zafar de la guerra, pero le fue mal
en todo, pues en sus tanta huidas y vicisitudes perdió toda su documentación.
Tuvo muchos infortunios y en vez de prusiano, que son soldados de estirpe
guerrera, Gustav tuvo más de cheff francés, porque Alejandro lo pinta muy
asustadizo y algo débil por momentos y en otros, arrojado guerrero.
El guaraní presente
Otro aspecto digno de
subrayar es la presencia del guaraní en el texto de la novela, con la
traducción precisa de nuestro compañero, el escritor Feliciano Acosta. Eso
enriqueció su narrativa y es un recurso muy interesante que incluye, Hernández,
teniendo en cuenta que él en su calidad de extranjero y no conocedor del
idioma, podía haber obviado ese detalle. Pero buscó la ayuda de expertos, como
en el caso del guaraní, del mencionado Acosta, para el portugués de Carmen
García, el francés la ayuda de Nidia Cañete y el italiano, Celeste Montaner
Benedetti, todo para poner con precisión las palabras en boca de los
personajes. Otro de los recursos que utiliza Hernández en sus muchos libros, es
la presencia de la ilustración que bien complementa su narrativa. Escenas que
con líneas precisas de Juan Moreno hace que entendamos aspectos narrados en las
páginas, como las vestimentas y el glamour de la “Belle époque”, que fuera
traída por Alicia Elisa Lynch, la arquitectura de estilo italianizante, los
caballeros impecablemente vestidos a diario y no solamente para domingos de misa,
además de las escenas de la guerra y otras cotidianas.
Alejandro, como en todas
sus novelas utiliza un lenguaje sencillo, sin rebusques y sin mucho tecnicismo.
Una narración casi llana, que es fácil leer, con personajes que transitan
tranquilamente el espacio y el tiempo, cada uno con su individualismo. Esto no
significa que peca de simpleza, sino que él busca que se lo lea, que se
encuentre en sus libros ese sentido didáctico, al que es muy dado. Transmite lo
que tiene transmitir sin hermetismos vanos. Por ello, incluye al final de
la novela un pequeño diccionario de lunfardos inventados por los porteños. Muchas de estas voces usamos también nosotros
cotidianamente, aunque a veces no sepamos su origen. Pero también Hernández
incluye una bibliografía, una prueba de los muchos libros y páginas de Internet
que consultó para hacer más creíble sus historias ficcionales que son
contextualizadas así cronológicamente. Remarco eso de “consultó” para que no se
crea que hizo un copy paste, como nos tienen acostumbrado los chicos que
“investigan” en colegios y universidades.

En fin, esta es una
trilogía que hay que leer y disfrutar, especialmente el libro que hoy
presentamos, pues es el que resuelve todas las circunstancias de la larga
historia de este prusiano que se reencuentra con alguien muy especial y asiste
a un acontecimiento muy importante para él y su familia. Obviamente con un
final feliz, que hay que desvelar.