Cuentos en el blog

viernes, 30 de noviembre de 2012

Presentación de la novela "Ni el fuego ni la muerte"



Por Lisandro Cardozo
Presidente Sociedad de Escritores del Paraguay

NI EL FUEGO NI LA MUERTE

La nueva novela “Ni el fuego ni la muerte” de Alejandro Hernández, completa la trilogía con “El fotógrafo de loma Tarumá”, “El proyecto de la Mandiju Porâ”  que protagoniza el fotógrafo prusiano Gustav Demczszyn, en su parición por América y en especial el Paraguay, aunque se mueva circunstancialmente por los países limítrofes en sus incontadas aventuras. Pero nuestro personaje lo que menos hace es fotografiar con su cámara de gran formato, sino que hace un registro visual y descriptivo de nuestro país, las costumbres del pueblo, los diversos personajes, el tupido paisaje verde, la guerra grande, con sus momentos históricos de batallas, de victorias y derrotas. La miseria que vivió nuestro país después de esa cobarde guerra generada por Argentina, Brasil y Uruguay contra nuestro país.
Todo lo que le acontece a este prusiano, porque así se define Gustav, hace que a lo mejor haya llegado a maldecir por haber venido a estas tierras, a aventurarse por estos bosques tropicales, de grandes ríos, cataratas, donde sin embargo encontró mujer, formó una pareja, tuvo fortunas, desventuras y otras iniquidades. El personaje fue muy bien llevado en esta trilogía de aventuras.

Mucha investigación
Uno de los aspectos que rescato en la narrativa de Alejandro, es que se ha tomado el tiempo para investigar la historia paraguaya, y de los países beligerantes, y creo que a esta altura él, sin ser historiador conoce mucho más de historia del Paraguay que mucho de nosotros, y me incluyo. Eso realmente es admirable, y profesional, porque a esta altura él es un profesional de la literatura, porque puede decir que vive de los que escribe y en especial de lo que vende. En su novela incluye a personajes reales de la historia, mandatarios, con quienes su personaje conversa tete a tete, escucha, aconseja y reclama en pro de Paraguay. Narra las batallas más importantes y las fechas en que ocurrieron las acciones de la gran guerra. Pero la ficción también está presente, pues de hecho es una novela histórica o historia novelada, y no solamente eso, sino que además describe y destaca con precisión hechos importantes que emocionan, que al leer la crudeza con que narra, nos hace ver y sentir lo que han pasado esos soldados y oficiales en el frente de batalla, en las trincheras, cargando los pertrechos bélicos, disparando los cañones o recibiendo las balas enemigas, o chapoteando en los esterales y luego tener tiempo para guitarrear o escribir una carta a la amada.
Gustav Demczszyn hizo de todo durante la guerra grande; fue  “voluntario a la fuerza”, enfermero y carnicero en un hospital de campaña, donde aprendió a usar la aguja y el hilo para suturar heridas y serruchos para amputar los miembros destrozados de los soldados.
Pero no estaba conforme con la guerra, y menos con los peligros que ello implica, y en muchas ocasiones quiso usar su jerarquía de extranjero para zafar de la guerra, pero le fue mal en todo, pues en sus tanta huidas y vicisitudes perdió toda su documentación. Tuvo muchos infortunios y en vez de prusiano, que son soldados de estirpe guerrera, Gustav tuvo más de cheff francés, porque Alejandro lo pinta muy asustadizo y algo débil por momentos y en otros, arrojado guerrero.

El guaraní presente
Otro aspecto digno de subrayar es la presencia del guaraní en el texto de la novela, con la traducción precisa de nuestro compañero, el escritor Feliciano Acosta. Eso enriqueció su narrativa y es un recurso muy interesante que incluye, Hernández, teniendo en cuenta que él en su calidad de extranjero y no conocedor del idioma, podía haber obviado ese detalle. Pero buscó la ayuda de expertos, como en el caso del guaraní, del mencionado Acosta, para el portugués de Carmen García, el francés la ayuda de Nidia Cañete y el italiano, Celeste Montaner Benedetti, todo para poner con precisión las palabras en boca de los personajes. Otro de los recursos que utiliza Hernández en sus muchos libros, es la presencia de la ilustración que bien complementa su narrativa. Escenas que con líneas precisas de Juan Moreno hace que entendamos aspectos narrados en las páginas, como las vestimentas y el glamour de la “Belle époque”, que fuera traída por Alicia Elisa Lynch, la arquitectura de estilo italianizante, los caballeros impecablemente vestidos a diario y no solamente para domingos de misa, además de las escenas de la guerra y otras cotidianas.

Alejandro, como en todas sus novelas utiliza un lenguaje sencillo, sin rebusques y sin mucho tecnicismo. Una narración casi llana, que es fácil leer, con personajes que transitan tranquilamente el espacio y el tiempo, cada uno con su individualismo. Esto no significa que peca de simpleza, sino que él busca que se lo lea, que se encuentre en sus libros ese sentido didáctico, al que es muy dado. Transmite lo que tiene transmitir sin hermetismos vanos.  Por ello, incluye al final de la novela un pequeño diccionario de lunfardos inventados por los porteños. Muchas de estas voces usamos también nosotros cotidianamente, aunque a veces no sepamos su origen. Pero también Hernández incluye una bibliografía, una prueba de los muchos libros y páginas de Internet que consultó para hacer más creíble sus historias ficcionales que son  contextualizadas así cronológicamente. Remarco eso de “consultó” para que no se crea que hizo un copy paste, como nos tienen acostumbrado los chicos que “investigan” en colegios y universidades.
Los personajes de Hernández son reales, son hombres que respiran y sudan en las páginas de “Ni el fuego ni la muerte”. Ellos lloran, se angustian, y forman parte de esta gran aventura, en la que se embarcó Gustav Demczszyn, cual es la de ir munido de una cámara fotográfica, un trípode, los químicos necesarios y papel para copiar sus negativos de retratos de personajes ilustres de nuestro país, vino a querer conquistar América, creyendo que todo le iba a ser muy fácil, pero quedó conquistado por el continente y por esta tierra morena.

En fin, esta es una trilogía que hay que leer y disfrutar, especialmente el libro que hoy presentamos, pues es el que resuelve todas las circunstancias de la larga historia de este prusiano que se reencuentra con alguien muy especial y asiste a un acontecimiento muy importante para él y su familia. Obviamente con un final feliz, que hay que desvelar.




4 comentarios:

  1. Muy buena presentación, me quedo en la cabeza, repiqueteando a modo de campana esta frase: "Los personajes de Hernández son reales, son hombres que respiran y sudan en las páginas de “Ni el fuego ni la muerte”. Ellos lloran, se angustian, y forman parte de esta gran aventura,..." Y realmente tengo ganas de asomarme a este libro y libar de ellas.
    Alejandra Burzac, desde Tucumán en el Norte Argentino.

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  2. Gracias Alejandra! Creo que al recrear y darles vida a los personajes históricos, alejándolos del "prócer-bronce", sea uno de los motivos por los cuales esta trilogía sea tan elogiada.

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  3. Excelente presentación, despierta interés. Saludos cordiales.

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    1. Esa es la intensión y al parecer estamos consiguiendo el objetivo.

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