Cuentos en el blog

sábado, 30 de enero de 2010

¿ET vendra a tomar el té con migo?


Soy de la generación que creció con miles de películas como “Ovni”, “Viaje a las estrellas”, “Superman”, “Flash Gordon”, “La guerra de las galaxias”, “ET”, “Encuentros cercanos del tercer tipo” y otras tantas que alimentaron nuestra mentes con la posibilidad de vida fuera de este caótico y cada vez mas saturado planeta.
Hace unas semanas me llegó una información digna del programa radial emitido por Orson Wells “La guerra de los mundos”. El titular decía:”Un anuncio oficial de la administración de Obama podría revelar la realidad de la vida extraterrestre de forma inminente”.
A pesar que muchos religiosos estarán rasgándose las vestiduras por tal afirmación, la misma, no es algo que me haya causado asombro.
Siendo el universo tan vasto, ¿por qué los terráqueos, incluyendo a todos los seres de este planeta, deberíamos ser los únicos con vida? En 2009 científicos de la Universidad de Edimburgo afirmaron, mediante un polémico programa de computadora, que existen en la Vía Láctea al menos unos 40.000 planetas aptos para la existencia de vida extraterrestre, o al menos como se nos ocurre podría ser esta. Entonces ¿Por qué recién ahora, y coincidentemente con profecías mayas y otras más sobre el fin del mundo, surge la posibilidad del anuncio revelador de la Casa Blanca. ¿Será que finalmente ET vendrá a visitarnos o es un nuevo show como la emisión radial de Orson Wells con algún fin escondido?, ¿Es el tan nombrado fin del mundo el final del sistema en el que vivimos y consiguientemente un nuevo ordenamiento mundial? Y si fuera así ¿Será mejor o peor que el que estamos acostumbrados?
Creo que a estas alturas es difícil creernos la única gaseosa del desierto, pero si las “otras” gaseosas son realmente inteligentes ¿Para que venir a compartir sus conocimientos con quienes todavía piensan en masacrarse poniendo coches bomba o invadiendo algún lejano país por ideales políticos-religiosos?
Quiero pensar que este razonamiento es producto de tantas películas vistas en las ultimas cuatro décadas , en donde Lex Lutor quiere tomar el control del mundo, y que alguna vez ET vendrá a mi casa a tomar el té.

domingo, 24 de enero de 2010

La pecera

Hay quienes piensan que solo somos el producto del medio en el que vivimos, como si fuéramos un bote sin timón que se mece según los vaivenes de la marea. Con este concepto hasta quieren explicar el “comportamiento delictivo” de ciertas personas por el hecho de haberse codeado con delincuentes. “Pobre... mato a ese hombre porque andaba con malas compañías”.
Para empezar, si ese sujeto andaba con malas compañías es porque no le disgustaba el estar con ellas. Uno es el que decide ser o no ser delincuente, estar o no en en tal o cual grupo. Es cierto que es más cómodo seguir la corriente de los que nos rodean para pasar desapercibido o simplemente para no estar “fuera de onda” o no ser el “pez raro”, aunque a ultimo momento, repito, somos nosotros los que decidimos seguir al grupo o seguir el camino que nuestra conciencia nos dicta.
¿Es difícil no seguir la corriente? Puede ser, pero más difícil es enfrentarnos a nuestra conciencia a la que tarde o temprano deberemos ver cara a cara.
Si colocamos un pez dorado en una pecera donde solo hay “platis” este no se transformará jamas en platis ni siquiera formará parte de su cardúmen. Se quedará como lo que es “un pez dorado”.
Puede que un camaleón se mimetice para escapar o acechar de una presa según él lo decida, pero jamas se transformará en cocodrilo por el simple hecho de vivir con ellos.
Como dije en anteriores entradas uno es dueño de su vida. Puede que nos hayan bombardeado durante gran parte de nuestras vidas con información errada, llámese prejuicios, odios, o vicios pero somos nosotros los que debemos decidir si incorporamos o mantenemos esos conceptos en nuestra vida o no. Esto se resume con las siguientes fraces del escritor Anthony Robbins:
"Si queremos dirigir nuestras vidas debemos tomar control de nuestras acciones".
"No son los eventos en nuestra vidas lo que nos moldean, sino nuestras creencias con respecto a esos eventos".

sábado, 23 de enero de 2010

Tiempos Modernos


De este modo se llamaba una vieja película muda, estrenada en 1936 protagonizada y dirigida por el genial Charles Spencer Chaplin (1889-1968) , en donde el pobre carlitos por trabajar en una fabrica en donde todo el día ajustaba tuercas al salir de su jornada laboral seguía ajustando todo lo que se le cruzaba en el camino.
Esta película cómica, realizada en plena época de la depresión, era una parodia de lo que la industrialización hacia a las personas. Sin embargo creo que el problema planteado va más allá de la simple “automatización” y despersonalización del obrero como trabajador.
Como todos sabemos, a finales del siglo XIX, durante la llamada revolución industrial, se comenzaron a confeccionar objetos a gran escala lo que produjo un considerable abaratamiento de estos productos en contra de los mismos fabricados en forma artesanal, que aunque más durables, cayeron en desuso provocando que los artesanos y pequeños granjeros se desplacen a las grandes urbes.
Los productos manufacturados pronto inundaron el mercado y con ella grandes ganancias para los fabricantes quienes con el afán de mayores ingresos aun idearon prácticas tendientes a aumentar la demanda de productos, lo que hoy llamamos “mercadotecnia” o “marketing”.
Estas practicas ejercidas por los productores llevo a las personas al “consumismo”, o sea la tendencia inmoderada de consumir bienes no siempre necesarios aunque sí para el “ego” o el “estatus”,o sea, no se compra un reloj para saber la hora sino porque es de tal o cual marca.
Este fue el inicio de una carrera desenfrenada en la cual, como si fuéramos la serpiente del encantador, se debe conseguir dinero de donde sea para comprar lo que se no “sugiere”. Así como “Carlitos” iba por las calles ajustando tuercas por doquier están los que en igual forma autómata compran todo lo que se les pone enfrente.
Estos compradores compulsivos, se colocaron al hombro una enorme mochila de deudas a ser pagadas que exigen mayor trabajo en contra del tiempo que ellas deberían dedicar, para sí y su familia, rompiendo el equilibrio que toda persona debe tener para vivir plenamente y evitar enfermedades como el famoso “estrés”.
Una frase del escritor Brasileño Paulo Cohelo dice:
No olvidemos que a veces es necesario hacer un alto. Cuando los pies están adoloridos, la mente se distrae y el cansancio empobrece la búsqueda.”
Del mismo modo que en la antigüedad los campesinos dividían su campo en siete parcelas cultivando en seis de ellas y dejando una sin para al año siguiente rotar, o como los antiguos profesores universitarios que se tomaban un año sabático cada siete de trabajo, para poder salir de la rutina y abrir espacio a nuevos conocimientos, debemos tomarnos un tiempo para nosotros, para nuestro desarrollo personal y espiritual.
¿De que nos sirve tener un falso estatus, reflejado por los bienes que supuestamente poseemos, si no tenemos salud? Y digo supuestamente pues en realidad ni son nuestros pues debemos hasta lo que no tenemos para adquirirlos. La mayoría de los integrantes de la sociedad de hoy vivimos para los demás, para lo que el otro puede opinar de nosotros, en ves de vivir nuestra vida
El caos de la sociedad es en parte el reflejo de este desequilibrio, de la ruptura de la armonía del individuo con sí mismo y con los que lo rodean.
Con lo que expresé más arriba no quiero decir que debemos arrojar nuestros bienes e ir a vivir en una ermita del Tibet, solo debemos sacar el pié del acelerador de la vida y comenzar a disfrutar del paisaje del cual nos priva la velocidad, en la que la sociedad de consumo nos arrastra.
Puede que se tarde más tiempo para beber un café al que debemos moler primero sus granos para luego, el polvo resultante, cebarlo en una cafetera, que preparar un café instantáneo pero, el resultado, vale la pena.



viernes, 15 de enero de 2010

Ni ayer ni mañana... hoy y ahora


Hay veces que luego de terminar la jornada laboral, abrumados por lo que nos espera para el día siguiente, nos sentamos en la calma de nuestro hogar y mientras comenzamos a hacer cuentas y proyecciones de gastos, nuestra mente vuela a la época en que los problemas se limitaban a conseguir la figurita difícil del álbum o cualquier otra cosa por el estilo. Uno puede pensar que seria agradable retroceder en el tiempo y volver a ser esos seres despreocupados que solíamos ser. Sin embargo si pudiéramos subirnos a una maquina del tiempo probablemente descubriríamos que nuestros problemas, aunque en escala diferente, continúan. ¿Será difícil la tarea que nos dará la profesora mañana?, ¿El ratón de los dientes podrá venir con esta lluvia?, y otras tantas preocupaciones que, cuando niños teníamos y no nos importaban, volverán ante nuestros ojos de adultos para atormentarnos. ¿Que ha ocurrido? ¿Por qué, en la infancia, los problemas nos pasaban desapercibidos y, salvo el rubor del momento por haber sido sentado con la niña mas linda del grado ante las risas y bromas de los demás compañeros, todo terminaba con el timbre del recreo?
El pensador Jean de la Bruyere nos da una clave a esta pregunta:
“Los niños no tienen pasado ni futuro, es por ello que gozan el presente, cosa que rara vez nos ocurre a nosotros.”
Es cierto que lo que somos hoy se debe a los aciertos y desacierto que hemos tenido en los años idos, como también es posible, como decía Cesar Borgia, que “lo que no ha pasado al mediodía puede ocurrir a la noche” ... pero puede que no.
A diferencia de los niños, vivimos atormentados por las cadenas del pasado formadas por lo que hicimos, lo que dejamos de hacer y lo que habría pasado si lo hubiéramos hecho o no tal o cual cosa. Estas cadenas comparten, en igual medida, nuestra mente con el pánico al porvenir, lo que el futuro nos puede o no deparar. Sin embargo al llenar nuestros pensamientos de pasado y futuro nos olvidamos del momento que realmente debemos ocuparnos, el más importante, el HOY.
El presente, es el regalo que la vida nos da para admirar y disfrutar, con todos los sentidos, las pequeñas cosas que nos rodean mientras vamos construyendo nuestro futuro. Esto no quiere decir que, como dice el cantante popular Riqui Martin, debamos “vivir la vida loca” si no que debemos saborear cada momento en la medida justa sin extralimitarnos.
Como dije, nuestro pasado sirve como referencia para nuestras acciones presentes que, a su vez, serán la causa de nuestro futuro aunque, en este proceso, no debemos anteponer ni el pasado o el futuro al presente porque mañana podremos descubrir que nos hemos olvidado de vivir.




Prejuicios


Según el diccionario el prejuicio es la opinión previa y tenaz, por lo general desfavorable, acerca de alguien o algo que se conoce mal1.
Todos hemos prejuzgado, en mayor o menor grado alguna vez, levantando con ello una barda entre nosotros y esa persona a la que, sin conocer, detestamos desde el primer momento.
Desde niños somos bombardeados con una serie de conceptos prejuiciosos que por provenir de nuestros mayores tomamos como verdad absoluta. Estos conceptos, con el tiempo, se van enraizando tanto en nuestras fibras más intimas que los volvemos a transferir a nuestra descendencia, formando una interminable cadena de odios y rencores sin motivo valedero alguno.
De este modo, hay gente que llegando al grado de fanatismo extremo odia a personas de diferente color, nacionalidad, ideología política o religiosa, simplemente porque se le dijo que esta gente era “el cuco”.
Ahora, ¿que ocurre cuando descubrimos que ese “cuco” no era tal?
Del mismo modo que Romeo descubrió que Julieta no era tan “despreciable” a pesar de provenir de la familia, hasta ese momento, “más aborrecible” de Italia muchos son los que gracias a Internet y otros medio modernos descubren que “el cuco” no es tal.
Al chatear, participar de foros, o por las casualidades del destino, tanto Capuletos como Montescos descubren, mucho antes de develarse, credos, o filiaciones, que son más los puntos en los que coinciden que en los que no. Si son más las coincidencias que las discrepancias ¿por qué odiar al otro solo por simple prejuicio?
Es más que sabido que en todos los países, etnias, religiones, o partidos políticos hay tanto personas honestas como corruptas; personas que están en el camino hacia su superación personal y quienes esperan agazapados en las sombras para perjudicarlos y hacerlos tropezar. No debemos prejuzgar, por simple fanatismo, por su color de piel, o religión.
Winstron Churchill dijo sobre los fanáticos:
“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema”
¿Porque no cambiar de opinión ni de tema si nuestros ojos y corazón dicen que lo “blanco” es “blanco” a pesar que se nos haya dicho que es negro?
El siglo XX nos demostró, con sus dos guerras mundiales y la llamada “guerra fría”, que el fanatismo no nos lleva a ningún lado, que el odio genera odio y como dice el viejo dicho “el que a hierro mata a hierro muere”.
Se que es difícil dejar de prejuzgar, debido a nuestras arraigadas creencias, pero el resultado de dejar de hacerlo vale la pena.
Saquémonos de encima el lienzo del fanatismo y la mezquindad que nos impide ver muchas bellas personas de las cuales podemos aprender o compartir. Formemos una comunidad con seres que sin importar su color, sexo, religión, o lugar de nacimiento, recorran, con nosotros, el camino en busca del bien común, y la superación. Un camino que finalmente nos lleve a la Gran Luz donde iniciamos nuestro camino y alguna vez regresaremos.

Encadenados


Estoy seguro que nos horrorizaríamos si un día cualquiera leyéramos en un periódico la noticia de que se ha encontrado una persona que ha sido encerrada por varios años en un cuarto y encadenada a la pared por el simple hecho que la segunda no quería que la primera se aleje.
Un hecho como éste es aborrecible y el perpretador debería ser castigado por ello. Sin embargo esto mismo, aunque de una manera más sutil, es mucho más común de lo que nos imaginamos.
Cuantos de nosotros, alguna vez, hemos estado sujetos con los lazos del chantaje emocional o el egoísmo que, si bien no son visibles a simple vista, son más poderosos que la cadena más fuerte.
Aunque puede ser en forma inconciente y “con la mejor buena voluntad”, estas cadenas son puestas por personas muy cercanas a nosotros que se las arreglan para hacernos sentir con complejo de culpa si no hacemos lo que su capricho dicta, impidiendo que podamos actuar por nuestros propios medios y marchar por el sendero de nuestra realización. A la superación y evolución de nuestra alma.
Cuantas veces hemos escuchado “si te vas me suicido”; “claro... te vas porque no te importo... ¿que va ser de mí ahora?”; y tantas otras frases o simples pero efectivos gestos, que hacen que nos sintamos tan culpables que nos auto obligamos a guardar nuestro matul, lleno de proyectos e ilusiones, y volver sin protestar bajo la sombra de nuestro carcelero “que tanto nos ama”.
Los motivos que pueden tener estos guardianes pueden ser varios, entre ellos, que hayan sido educados con la idea errónea de tener muchos hijos para ser mantenidos en la vejez.
Estos progenitores son los que suelen enrrostrar “todo” lo que hicieron por nosotros sin entender que los hijos no son objetos de su propiedad y que simplemente han sido prestados por la vida para que se les enseñen las pautas para poder seguir, con el tiempo, su propio camino.
Otro tipo de “carcelero” son los “protectores”, que piensan que si el “ser amado” no hace lo que ellos dicen este cometerá los mismos errores que él cometió en el pasado.
Debemos entender que nadie es dueño del destino nadie, por más buenas intenciones que se tengan. Todos tenemos la obligación de seguir el camino escogido por nuestro libre albedrío y sin que nadie interfiera en él. Ese sendero es solo nuestro y, por ello, solos debemos tropezarnos y sortear todos los obstáculos que en él se encuentren.
También podemos encontrar entre estos carceleros a personas que tienen la autoestima tan baja, posiblemente por haber sido victimas a su vez, que se pegan como sanguijuelas a la otra asfixiándolas, impidiéndoles ser ellas mismas y sometiéndolas al chantaje emocional cuando las segundas ya no resisten la convivencia.
Hay una frase que dice:
Si amas a alguien debes dejarlo ir, si el ser amado regresa es que el amor era verdadero”
Esto no quiere decir que el ser amado debe volver por medio de un chantaje emocional, sino que, vuelve porque luego de recorrer un trecho del camino de su vida está preparado para hacerlo.
Si realmente amamos a alguien no podemos obligarlo a que viva bajo nuestra sombra porque al vivir bajo nuestras pretensiones no podrá jamás realizarse como persona, del mismo modo que una fruta que madura a la sombra del árbol no tiene el mismo sabor que la que lo hace expuesta a los rayos del sol.
Como dije al principio, las cadenas que utilizan estos captores son muy poderosas. En ellas se encierran muchos sentimientos que el prisionero tiene por su guardián, sentimientos que son utilizados tan hábilmente que hacen que las cadenas sean cada vez más fuertes a medida que se intenta huir. Sin embargo la llave de estas cadenas esta guardada dentro de nosotros mismos. Somos nosotros los que debemos horrorizarnos de estar encerrados y encadenados a los vaivenes de otra persona, buscar muy dentro de nosotros, y luego de reencontrarnos abrir los grilletes que nos unen a ese mal llamado amor y escapar de él sin sentimiento de culpa alguno.
La salida está en nuestras manos. Podemos escapar y seguir nuestro camino a la luz o agachar la cabeza y vivir la vida que nos imponen hasta nuestro ultimo día, o hasta que, rotas por algún motivo las cadenas, usemos a estas para encadenarnos a otra persona convirtiéndonos en su carcelero.
Ninguna persona, por más grado de filiación o allegada sea a uno, tiene el derecho de convertirse en el titiritero que manipula los hilos de nuestra vida.
Solo yo soy el dueño de mi propio destino.



Hombres & maquinas en el arte


El otro día me llegó un artículo en el cual se hablaba de que existe una computadora que escribe poemas y novelas.
¿Como es esto posible?
Según el diccionario, arte, es la manifestación de la “actividad humana” mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros1.
Schelling y Heidegger dieron una definición más romántica diciendo que: El arte consigue romper el silencio del ser y comunicarnos el sentido de nuestra existencia en el mundo"
También podríamos decir que el artista plasma en su obra lo que ve a su alrededor catalizado sus percepciones a través del alma.
Si la literatura es un arte y esta es parte de la actividad humana ¿Puede una maquina hacer arte?
Particularmente no lo creo. A lo sumo puede esbozar un conjunto de situaciones en forma coherente, teniendo en cuenta la métrica, orografía etc., pero jamás una maquina puede competir con una persona. Puede que a la “computadora escritora” “le hagan” ganar algunos premios producto del marketing y el consumismo pero jamás podrá competir con genios de la talla de León Tolstói, William Shakespeare, entre otros.
El artista pone sutilmente, “parte” de si, de su alma, en la obra que realiza, y esa “parte”, puede reconocerse a simple vista constituyéndose en sello del creador de la obra.
La maquina es un conjunto de circuitos y aunque fuera dotada con inteligencia artificial jamás tendrá un alma a la cual dejar impresa.
Estoy seguro que a mucha gente, esto que digo, le parecerá retrogrado o anacrónico y pueden responderme, por ejemplo que hoy por hoy existen maquinas fotográficas digitales que superan al mejor pintor. Sin embargo a estas personas les pido, para que vean lo errados que están, que observen la imagen que acompaña estas líneas, que no es una fotografía como todos piensan si no la pintura del artista Iraní Imán Maleki.
Este pintor nacido en 1976 en Teherán, es considerado el mejor pintor de arte realista del mundo, siendo galardonado con los premios William Bouguereau y "Chairmanás Choise" en la II Competición Internacional del Art Renewal Center.
Maleki coloca en su obra, además de su alma, hasta el más mínimo detalle, no notándose diferencia alguna con una fotografía de tecnología digital, como podrán notar en las imágenes del mismo pintor en los siguientes artículos.
Una maquina fotográfica, una computadora, un órgano electrónico, no dejan de ser simples maquinas al servicio del artista que sin la genialidad de este no son más que un montón de circuitos, placas, chips y transistores.
Los creadores no deben temer a la cibercompetencia. Las maquinas solo reemplazaran y subyugaran totalmente al hombre en las películas de Hollywood.


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viernes, 8 de enero de 2010

La justa de Roblin (cuento)


La historia de Roblin, es una de las tantas perdidas entre las raíces de los viejos robles del bosque de ensueño, cubiertos por el magnifico manto violeta del cielo de la imaginación, y data de los tiempos en que hadas, elfos y duendes vivían sin temor de ser vistos por las demás criaturas de la tierra.
Roblin, era un duende que recolectaba las mágicas gotas de roció atrapadas en hojas, pétalos y tela arañas del bosque cercano al palacio real donde el rey Olof vivía con su hija el hada Plisidia.
Todas las mañanas el joven duende partía montado en Bimbi, su abeja, cargando varias cubas que luego de llenarlas vaciaba en las acequias que llegaban al palacio.
Bimbi iba y venia cargando la pesada carga pero, aunque era lenta y muchos decían que tenia más de cien años, era tan fuerte que podía hacer su tarea sin fatiga cargando a Roblin y hasta cinco cubas repletas.
A pesar de que este trabajo no era de gran importancia, si se lo compara con el de colocar el perfume a las flores, o el de darle color a la naturaleza, Roblin era feliz porque sabia que gracias a él el reino estaba provisto de la mágica agua de la mañana.
El día después de una fuerte tormenta, que había azotado al reino por casi una semana, el duende, estaba descansando sobre las raíces de un viejo roble tras de haber tenido una larga y agotadora jornada, cuando vio montado sobre una grácil libélula engalanada con los colores reales, al heraldo del rey que desmontó y saco un pergamino de una bolsa de terciopelo que cargaba a la espalda.
- ¿Tu eres Roblin, el recolector de roció?
- Si señor, ¿en que puedo ayudarlo?
El heraldo entregó el pergamino y dijo:
- Como sabrás, según los viejos escritos, ha llegado el momento en que el rey busque un sucesor de entre los súbditos del reino, alguien que sea digno de sucederlo y casarse con la bella princesa Plisidia.
- Pero... yo... no soy más que un recolector de roció-balbuceo Roblin.
- Eso mismo es lo que yo pensé cuando el gran Olof me ordenó que se te entregue el pergamino con la invitación. Pero no te hagas ilusiones, en la justa, deberás competir contra los más valiente, arrojados e importantes duendes y elfos venidos de todas las partes del reino.
- ¡Si el rey me ha escogido por algo será!-respondió enérgicamente Roblin montando su abeja.
- Seguro que necesitaba un bufón que anime la justa- respondió maliciosamente el heraldo mientras se alejaba a toda velocidad con su libélula.
En el largo y lento viaje hasta el palacio Roblin recordó los tiempos ya idos de la niñez, cuando jugaba en el parque del palacio con Bimbi y la princesa, quien luego de la muerte de su madre tuvo que ir a vivir con su tía en el lugar más remoto del bosque encantado. ¿Reconocería a la princesa después de tanto tiempo?, y lo que era más grave ¿lo recordaría ella a él? Este sentimiento de duda y las palabras del heraldo que casi lo hacen regresar. Sin embargo cuando se disponía a retomar el camino por donde vino escucho un leve tintineo seguido de angelicales risas que provenían de la laguna que limitaba con el palacio real. Como todo duende, Roblin, era muy curioso por lo que junto con Bimbi se acercó al lago donde vio jugueteando junto a este a dos hadas. La primera, de cabellos de oro y ojos de mar vestida con un bello vestido hecho con finos y fuertes hilos de araña, mientras que la otra tenía los cabellos rojos, sus ojos de miel y vestía un hermoso traje hecho con hojas de roble adornado con polvo de luciérnagas.
- ¿Quien eres? Nunca te hemos visto por estos lugares –preguntó el hada de cabellos de oro.
- Soy Roblin, he venido a participar de la justa... ¡y casarme con la princesa!
- ¿Y piensas ganar la justa montando esa abeja?-volvió a preguntar dubitativa el hada.
Roblin acarició a Bimbi y dijo:
- Puede que Bimbi sea lenta pero es fuerte y me ha acompañado toda la vida. Además si el rey me ha escogido por algo será.
- Roblin tiene razón prima- interrumpió el hada de cabellos rojos que miraba al duende con un extraño brillo en sus ojos-. No importa como vistamos, en que montemos, o que trabajo hagamos. Lo importante es aceptar los desafíos que la vida nos da.
- Pero prima, con esa abeja jamás podrá vencer a las avispas de Gandun y Lodum o la mariposa del príncipe Olif del bosque de cristal, sin mencionar a otros participantes que vienen en las libélulas más rápidas del reino.
- No le hagas caso a mi prima Roblin. Ve y participa. Mi padre siempre dice que no siempre es importante llegar rápido si no insistir para lograr el objetivo trazado y una vez en la meta saber que elegir.
Diciendo esto y antes que Roblin pueda preguntarle el nombre a las hadas estas se despidieron y desplegando sus alas de cristal desaparecieron en los cielos.
Animado por las palabras del hada, a quien creía conocer de algún lado, el duende llegó al palacio donde ya se hallaban todos los invitados.
Como dijo el hada de cabellos de oro, todos los participantes tenían bellas cabalgaduras, entre ellas veloces hormigas negras y rojas, langostas, de potentes patas traseras capaces de saltar grandes distancias, abejorros de ruidosas alas de oro, libélulas y avispas.
Una sonora carcajada, de parte de los invitados, retumbó en todo el patio al ver a Roblin llegando montado sobre Bimbi. Risotada que fue interrumpida de inmediato por el rey Olof que saliendo al balcón del palacio dijo:
- Duendes y Elfos del Reino, como saben es hora que uno de ustedes me suceda para regir los destinos de este reino. Como dicen los libros de los antiguos, el rey, debe idear una justa de la cual el vencedor será el heredero del trono.
- La prueba consistirá en ir hasta donde se encuentra el árbol del amor, la justicia, y la esperanza, y volver aquí con uno de sus frutos. Cuando todos hayan regresado diré quien será el ganador, que se casará con mi hija la princesa Plisidia.
Luego de escuchar en silencio y atentamente las palabras del rey todos los invitados a la justa partieron a donde se encontraba el mencionado árbol.
Para cuando Roblin se encontraba a mitad de camino varios de los participantes ya habían regresado al palacio con su fruto aunque esto no detuvo al duende quien siguió adelante a pesar de las palabras de desanimo recibidas.
Cuando todavía faltaba un buen trecho para llegar al sitio donde se encontraba el árbol del amor, la justicia y la esperanza, Bimbi cayó al suelo haciendo que roblin ruede hasta una mata de pasto.
- Perdóname Roblin, estoy muy cansada y mis alas ya no me sostienen.
- No te preocupes vieja amiga, descansa. Espérame aquí. Volveré con el fruto y regresaremos al palacio.
Roblin se despidió de su amiga y prosiguió su camino a pie.
Al llegar al árbol observó a un elfo regresaba desanimado sin ninguna fruta.
- ¿Que pasó, por qué no traes la fruta?
Ya nada podemos hacer, se han acabado- respondió el elfo pateando con rabia un guijarro que se encontraba en el suelo.
Roblin no podía creer lo que el elfo le decía. ¿Acaso todo el esfuerzo había sido en vano?
Cansado por el largo trecho recorrido a pié y apenado porque el sacrificio de Bimbi había sido en vano, se sentó en las raíces del árbol cuando recordó las palabras del hada de cabellos rojos:
- “No siempre es importante llegar rápido si no insistir para lograr el objetivo trazado y una ves en la meta saber que elegir”.
Con estas palabras en la mente se puso a observar detenidamente el lugar descubriendo dos frutos uno en la parte más alta de la copa del árbol y otro golpeado que había quedado escondido entre unos matorrales al caer.
El elfo que había estado observando a Roblin empujó a este y se arrojó sobre el fruto del suelo diciendo:
- Es mió yo llegue primero.
- Pero yo lo encontré...
Antes que Roblin pueda terminar de hablar el elfo se había subido a su mosca y partido con la fruta hacia el palacio riendo mientras decía burlonamente:
- Trepa al árbol si quieres tu fruto.
Y así lo hizo Roblin. Ascendió por las resbalosas pero fuertes ramas, trastabillando y cayendo un par de veces hasta llegar a la parte más alta de la copa, donde el fruto, que emanaba una extraña luminiscencia, le dijo:
- Gracias por venir a tomarme, pensé que no era digna para ser llevada ante el rey, ya que todos tus compañeros solo tomaban a mis hermanas que la tormenta tiró al suelo.
- Eres muy bella, estoy seguro que serás la elegida por el rey.
Olif luego de decir esto cortó el fruto y lo puso en la bolsa que llevaba colgada a la espalda y luego de regresar junto a Bimbi se dirigieron al palacio donde llegaron cuando la luna se hallaba sobre sus cabezas.
El rey se encontraba en el balcón del palacio sentado en su trono junto a la princesa que no era otra que el hada de cabellos rojos. La misma que jugaba con él cuando niños ¿como no se había dado cuenta al verla la primera vez junto al lago?
- ¡Era hora! ¡Al fin llegó el último! ¡No se porque tuvimos que esperar tanto si este recolector de roció no tiene la más mínima posibilidad de ganar!-repetían los invitados mirando con enojo a Roblin quien, sin inmutarse, subió al balcón, como lo habían hecho todos los participantes anteriormente, entregando la fruta al rey quien luego de examinarla detenidamente preguntó:
- ¿Como te llamas duende?
- ¡Roblin, mi señor!
- Dime Roblin, ¿Te dijo algo el fruto antes de que lo colocaras en tu bolsa?
- Me dijo que pensaba que no era digna del rey pues nadie se había fijado en ella.
- Mm, ¿y de donde tomaste esta fruta?
- De la copa del árbol- respondió el duende mientras todos los invitados reían estruendosamente.
- Muy bien, quédate aquí junto a mí.
- Duendes y elfos del reino. Ya he elegido. Roblin es su nuevo rey y esposo de la princesa Plisidia.
Todos enmudecieron ante tan desconcertante noticia.
- Generalmente-explicó el rey- cuando tenemos un desafió nos conformamos solamente con lograr resultados a medias, o sea, aquellos que no implican toda nuestra dedicación y tenacidad para alcanzarlos.
- Todos ustedes, a pesar de tener las monturas mas briosas y esplendidas del reino se conformaron con tomar las frutas golpeadas y podridas del suelo, que la tormenta hizo caer, porque eran fáciles de alcanzar y no implicaban el lastimarse o inclusive perder la vida al trepar hasta lo alto de la copa, como hizo mi amado Roblin a quien nunca olvide - dijo la princesa abrasando al duende.
- Tanto mi reino como mi hija- prosiguió el rey-, al igual que este fruto, han tenido que ser pacientes y esperar a que el ser correcto llegue, aquel que ha sido lo suficientemente valiente para trepar hasta la cima del árbol. Esta fruta no necesitó caer del árbol para ser alcanzada ya que quien tiene la suficiente convicción, tenacidad y entereza para lograr su objetivo hará todo para lógralo.
Cuando el rey concluyo todos los habitantes del reino, comprendiendo sus sabias palabras, vitorearon a los nuevos soberanos quienes vivieron felices y en armonía junto con todos los seres del reino.
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La indefensa princesita que se transformó en bruja



Existen innumerables cuentos infantiles y relatos épicos en donde el valeroso caballero de brillante armadura va en defensa de la indefensa princesa cautiva y a merced de las fauces de un voraz dragón lanza fuego.
No se si es que estos cuentos se han enraizado tanto en nuestro inconciente, o es el antiguo instinto de proteger al débil, o simplemente el hecho de ser reconocido y recompensado finalmente por la  supuesta victima, que hace que montemos nuestro imaginario brioso corcel y nos lancemos al rescate , por un camino sin regreso, donde finalmente nos llevamos la sorpresa que la princesa no era más que una bruja que, como recompensa, nos cocinará a fuego lento en su caldero.
Resultado similar a el mío llego la escritora y psicóloga June Marshall en su libro “Atención hombres: Las Siete Peligrosas Hermanas” cuyo comentario me llegó por mail y que transcribo a continuación pues me pareció interesante:
 El libro “Atención hombres” alerta al sexo masculino acerca de las representantes del sexo débil de las deben huir para evitar relaciones “dañinas”. 
Atención Hombres: Las Siete Peligrosas Hermanas” es el último libro de la autora June Marshall, que alerta a los hombres para que no entablen relaciones que ella describe como “dañinas”.
Marshall describe los siete tipos de mujer que más perjudican a los hombres, que, casualmente, suelen sentirse atraídos por estas féminas.
Las que siempre los necesitan y claman por ayuda, las que presentan desbalances emocionales dignos de un filme de horror, aquellas que buscan siempre un mejor galán para cambiarlos o que los dominan pretendiendo ser sus madres, son algunos de los tipos a tener en cuenta.
Según publicó hoy el diario La Tercera, miles de hombres en los Estados Unidos miran con estupor a sus parejas tras leer el polémico libro y descubren que están casados con una mujer tóxica sin saberlo.
La autora del polémico libro, June Marshall es mujer y, como tal, recurre a la ironía para -literalmente- desnudar y ridiculizar a aquellos especimenes del mal llamado "sexo débil" que torturan, se aprovechan o, incluso, destruyen a un hombre. 
Identifique los perfiles "peligrosos"
  1. La Reina del Síndrome Pre Menstrual: Debido a los vaivenes hormonales que vive cada mes, deja a los hombres sometidos a los arbitrios de un caracter cambiante. Es el tipo de mujer -según Marshall- que exige ser comprendida y aceptada con todos sus altibajos, incluso si bajo la influencia de ellos ataca a su pareja, para días después endiosarlo como al mejor hombre del mundo.
  2. La Niña Necesitada: la autora la define como "un agujero negro emocional en permanente necesidad".
    Son las que se sienten desamparadas ante el mundo y dependen por completo de su pareja para que la oriente, le diga qué hacer con su sueldo, le organice las cuentas, le indique qué comer o qué hacer en su trabajo, la acoja entre sus brazos cuando tiene pena y para que se haga cargo, en suma, de todas sus penurias.
  1. Chica Material: "Toda ella gira en torno al dinero, los bienes de consumo y las apariencias", indica Marshall. Es de las que, a la hora de conocer a alguien, pregunta cuánto gana y si le gusta salir de compras.
    Se fija en las marcas de todo, está permanentemente preguntando cómo luce y haciendo listas sobre las cosas que le falta (o simplemente desea) adquirir.
  1. Selectiva perpetua: pareciera que se siente feliz junto a su amado, pero de un día para otro empieza a quejarse de sus actitudes o gustos y deja entrever que "siempre está buscando a alguien mejor que su pareja, pero que lo mantiene cerca hasta que encuentre a ese otro".
    Se siente mejor que su pareja y considera que (para él) es un logro inmerecido estar con ella, lo compara con sus amigos y siempre mira con nostalgia a otras parejas, pensando en que el pasto del vecino se ve siempre más verde.
  1. La Campana de Matrimonio: "A la primera cita, ya le está poniendo nombre a los hijos que tendrán y el sueño que la desvela es armar su álbum de matrimonio".  Si bien no es tan selectiva, le interesa el estatus y apariencia de su futuro marido, si su familia es funcional y es capaz de preguntar hasta por enfermedades hereditarias.
  2. La Mamá: se olvidó el rol de ser pareja en algún punto de la relación, probablemente al segundo día, para convertirse en ama y señora de la vida personal del hombre. Su alegato permanente es que ella sabe mejor lo que a él le conviene: "El se convierte en otro más de sus niños", indica la autora.
  3. La Habladora Imparable: nunca cierra la boca. Hablan sin parar narrando a su saturado novio sobre cada una de las cosas que hizo durante el día, describiendo el desayuno que tomaron, cuán lleno iba el Metro camino al trabajo y de qué color se pintaron las uñas ese día (mostrándolas como evidencia).
    Sin embargo, este tipo de mujer suele ser menos tóxica que aquellas que analizan cada evento de la relación y generan un conflicto o punto importante a partir de ellos, estudiando el estado de salud del romance sin dedicarse a vivirlo de verdad.
Estoy seguro, que varias lectoras de esta entrada nieguen la veracidad del estudio de esta escritora y digan que, en realidad, son los hombres los embusteros que fingen ser “caballeros” cuando no son más que unos “guanacos”.
Puede también, que el mismo artículo, haga a otros pensar en colgar la armadura para cambiarla por un par de anteojos o una lupa.
Creo que ambos puntos de vista tienen su lado cierto. Siempre ha existido “el lobo con piel de cordero” en ambos bandos, también en la mayoría de las veces como parte del juego del cortejo, muchos fingen ser lo que no son para conseguir lo que quieren olvidándose que el aceite jamás se mezcla con el agua. No creo tampoco que debamos colgar la armadura, pues no corresponde dejar de ser lo que somos, pero sí debemos ir con más cuidado, ya que como dice mi abuela “el diablo siempre deja la cola fuera del caldero”
Sea la que sea la conclusión a la que lleguemos luego de leer estas líneas, estas, no dejan de ser interesantes al comparar las situaciones mencionadas con similares vistas a nuestro alrededor.

Venciendo a Cronos

El ajetreo de fin de año quedo atrás y sin darnos cuenta, casi en un pestañeo, estamos bastante adentrados en el mes de enero, señal que los crueles granos de arena del reloj de la vida siguen cayendo haciendo que nuestro cuerpo físico continué en su inevitable e irreversible desgaste. Hay quienes se deprimirían al notar esto ya que, como dije en entradas anteriores, se preocupan por el envoltorio olvidándose de la golosina que este contiene.
Sigo convencido que preocuparse por lo externo es una perdida de tiempo, y les diré porque:
Hace unos días fui invitado a un encuentro donde se agasajaría a un ex compañero de trabajo que había regresado, por unos días, del extranjero. Al principio, grande fue mi sorpresa al ver lo cambiados que estaban, aunque era de esperar después de casi ocho años de no verlos, tanto él como su familia. Sin embargo, los cambios eran solamente externos y físicos. Durante la velada, conversando con ellos, me di cuenta que eran exactamente igual que como la última vez que los vi. Su jovialidad, su picardía, su contenido, no había cambiado. Como si durante todos estos años, mientras sus cuerpos continuaron bajo la influencia del cruel dios griego Cronos, su verdadero yo, su esencia, su contenido, hubiera vivido en una isla perdida, tan lejana, que el tiempo no pudo hallarla.
El hombre se atemoriza de envejecer, y por ende a la muerte, porque teme entre otras cosas, a lo desconocido, a lo que puede pasar después de la última exhalación. Se preocupa y centra su mirada en como su cascaron va envejeciendo, procurando lo indecible, como en la novela “El retrato de Dorian Grei”, desconociendo que la verdadera fuente de la juventud eterna esta dentro de uno. Ese mismo “interior” que jamás envejece a pesar que la clepsidra de Cronos se halla vaciado.
El cuerpo y el tiempo son terrenos y por ello finitos mientras que nuestra esencia, interior, alma, yo superior, o como queramos llamarle, es infinita y ajena a las leyes terrestres. Solamente teniendo esto en cuenta es que podremos vencer a Cronos y olvidarnos de él.
Hay quienes dicen “los tiempos pasados han sido mejores” porque se fijan en su cada ves más arrugado envoltorio, añorando la lozanía de los años mozos y olvidándose de ver su “verdadero yo”, ese “yo” que, salvo para enriquece con las experiencias vividas, permanece inmutable e intacto.
Debemos aprovechar plenamente la vida viviéndola día a día, tamizando nuestro pasado, separando y construyendo con las experiencias y con quienes participaron positivamente en ellas, desechando lo negativo, todo aquello que como un pesada ancla, nos hunda e impida ser cada día mejor y que nuestras almas evolucionen y avancen finalmente hacia la infinita y blanca luz de donde todos partimos y volveremos alguna vez.

viernes, 1 de enero de 2010

2010... Empecemos a recorrer el camino


Y se nos fue el 2009. Poco a poco su recuerdo se ira desvaneciendo como si una ola lo borrase de la húmeda playa de la vida. Sin embargo debemos aprovechar y recordar las cosas que han servido para crecer dejando que la marea se lleve los rencores, egoísmos, y todo aquello que como la cizaña pretende mezclarse con las mieces de nuestra vida.
El horizonte se presenta vasto, lleno de posibilidades, alegrías y éxitos pero también con situaciones que debemos tratar de evitar o sortear. Que el nuevo año no nos encuentre dormidos.
Levantemos nuestras copas, brindemos y empecemos a recorrer con todas nuestras fuerzas y ahínco esta nueva etapa.¡El 2010 nos espera!