Cuentos en el blog

sábado, 24 de diciembre de 2011

La Navidad blanca de Azucena (Fragmento)


Las costumbres navideñas varian de familia en familia dependiendo del origen de sus miembros, sin embargo, lo importante no es como se celebre esta mágica fecha sino lo que representa para la humanidad.
Deseandoles a todos los seguidores de este blog y sus familias una feliz Navidad, les dejo un fragmento de mi última novela en donde se revive una hipotetica cena navideña en 1863 en la lejana Prusia, en la ciudad de Possen (actual Poznan).
...La cena de Nochebuena, era más que una comilona preparada para festejar el nacimiento de nuestro Señor. Es el símbolo de la nueva reconciliación tanto entre los hombres, como entre el mundo de los vivos y el de los difuntos, así como entre el hombre y la naturaleza. O sea que podría decirse que es la armonización del hombre con su entorno.
Desde los tiempos más remotos, en la cena de Nochebuena participaban todas las personas que vivían bajo el mismo techo. Era la oportunidad para que amos y ciervos compartieran el pan en una misma mesa.
El lugar principal del ritual de Nochebuena, en consecuencia, es la mesa en la cual se sirve la solemne cena.
La ya de por si extensa mesa fue ampliada gracias a otra pequeña que se agregó para que todos podamos disfrutar cómodamente de la cena.
  • Creo que hemos puesto una silla de más ya que con Onkel Tolia somos trece personas- señaló Azucena al contar catorce sillas.
  • Es costumbre dejar un sitio libre, con sus platos y cubiertos por si viene algún viajero inesperado- respondió Tatiana mientras colocaba sobre ambas mesas un largo mantel que las cubría por completo-. Antiguamente se decía que este lugar era reservado para que compartan la mesa las almas de los parientes difuntos que, como se creía, retornaban ese día a la tierra para ayudar a los vivos a conseguir la renovación del mundo. También, de forma simbólica, participan de la cena los representantes del mundo de la naturaleza: los pájaros y los animales para los cuales se guardan restos de la cena de Nochebuena.
    Debido a que Anatoli era oriundo de Berlín, aunque de madre rusa y su difunta esposa provenía de una antigua familia polaca, en aquella vivienda, la mezcla de tradiciones se ponía en evidencia en aquella mesa.
    Sobre el mantel y a modo de adorno según la tradición polaca, se colocó heno, paja, semillas de diversos cereales, panecillos y monedas. Todos estos elementos no estaban puestos por capricho o por estética sino que cada uno encerraba una simbología de fertilidad y abundancia.
En cuanto a los alimentos a ser consumidos, la dualidad de costumbres también se ponía en evidencia. En el menú, además del ciervo deliciosamente preparado, que cazara Anatoli, prevalecía la comida polaca, que carece de carne. La abundante cena preparada con esmero por Tatiana, constaba de platos hechos a base de pescado, hortalizas, productos lácteos, semillas de adormidera y granos de cereales entre los que se encontraba la famosa sopa llamada “zur”, hecha de harina de centeno fermentada y mezclada con agua.
Entre los pasteles y dulces que también abundaban puedo mencionar al “stollen”, pan dulce con pasas y azúcar en polvo de origen germánico y la “kutia”, dulce muy popular en las zonas rurales de la Polonia oriental, preparado con granos de trigo cocidos, leche, miel y nueces.
Para las siete de la tarde nos dirigimos a la iglesia de Santa María en donde presenciamos en primer lugar la obra de títeres para luego asistir a la misa que fue presidida por el padre Casimiro.
Luego de la conmovedora ceremonia religiosa, regresamos a la casa donde disfrutamos de la abundante y deliciosa cena.
Finalizada la cena, se sirvieron las tradicionales nueces, galletitas de jengibre en forma de estrella, campanas, abetos, etc., y manzanas asadas rellenas con crema de leche y nueces, además de la tradicional compota, hecha de frutas secas y alcohol.
Cuando faltaba un poco menos de media hora para que el viejo reloj cucú de la sala de las doce de la noche, se escucharon golpes en la puerta de entrada.
Todos los niños corrieron hacia la puerta gritando:
  • ¡Es el Weihnachtsmann!, ¡Llego el Weihnachtsmann!
    Un sonoro suspiro de decepción, que partió de cada uno de los ansiosos pequeños, se escuchó cuando al abrir la puerta vieron en lugar del esperado visitante al padre Nicasio, a quien habíamos conocido el día anterior y cuya familia vivía a una cuadra.
  • Wesolych Świat Bożego Narodzenia i szcześliwego Nowego Roku!- deseó el religioso a los desencantados niños. ¿Por qué tienen esa carita? ¿Acaso no ha llegado el Weihnachtsmann?
  • No padre, todavía no ha llegado, es que tiene que entregar muchos regalos- respondió uno de los niños más pequeños. Creo que este año deberemos esperar toda la noche.
  • No te preocupes Mischa- calmó el sacerdote al preocupado niño-, creo que llegara pronto ya que me pareció escuchar su campanilla antes de salir de la casa de mi madre.
    Esta noticia creó tal algarabía entre los infantes quienes comenzaron a correr y saltar de felicidad por toda la sala.
  • Wesolych Świat Bożego Narodzenia i szcześliwego Nowego Roku!- saludó Anatoli al religioso quien al verlo sonrió y dijo:
  • Anatoli, sé que es un mal momento pero necesitamos de sus servicios. La escalera del campanario tiene floja su baranda y el padre Casimiro le hace preguntar si no la puede reparar esta noche.
  • Que contrariedad... pero debo ir...sin la baranda es muy peligroso subir por esas empinadas escaleras- respondió Anatoli fingiendo estar muy disgustado aunque yo conocía bien a aquellas reparaciones de noche buena.
  • Disculpe padre-intervino Tabatha- ¿es necesario que se repare esa baranda esta noche?
  • ¡Es muy necesario! No querrás que algún sacerdote ruede esta noche por las escaleras- contestó Hans haciéndole un disimulado gesto a su esposa para que no diga nada más.
  • Así es señora, ¿se imagina lo que pasaría si justo en navidad alguien se lastima?
  • Bueno niños... Si no vengo antes que llegue el Weihnachtsmann denle mis saludos.
  • Opa1-dijo Mischa, estirando del abrigo de Anatoli- Lleva muchos clavos y arregla bien esta baranda así el año que viene no necesitas arreglarla de nuevo.
  • Tienes razón Mischa, llevaré el doble de clavos para que la baranda quede muy firme- respondió el nonagenario, acariciando los castaños cabellos del pequeño para luego retirarse con el sacerdote a buscar las herramientas e ir, supuestamente, rumbo a la iglesia.
    Poco antes de las doce de la noche el tintineo de una campanilla seguido de tres golpes en la puerta de entrada hizo que nuevamente los niños corran a abrir la puerta, tras la cual se encontraba el esperado Weihnachtsmann.
    Con andar lento, y ayudándose con su bastón el anciano ingresó a la sala cargando una pesada bolsa en su espalda y diciendo:
  • ¡Fröhliche Weihnachten2!
    Los niños que lo rodearon de inmediato se peleaban para ayudar al anciano a llegar al sillón que se encontraba entre el árbol de navidad a la chimenea encendida donde las llamas danzaban entre los crepitante leños.
    Un estremecimiento en todo mi cuerpo seguido por el rodar de dos impertinentes lágrimas fue mi reacción al ver al Weihnachtsmann, mientras mis recuerdos de niñez volvían a mí.
    Si bien es cierto que con aquel disfraz era muy difícil descubrir quien se hallaba detrás, el ambiente, las luces y mi carga emocional hacían que en ese momento, al igual que los niños, esté convencido que aquel anciano era el autentico Weihnachtsmann.
    Una vez que el visitante se sentó en el mullido sillón de alto respaldo pidió a Igor y a los niños mayores que ayuden a descargar la troica cargada de regalos que había quedado afuera bajo la insipiente nevada que caía en aquella fría, pero cálida a la vez, noche de Navidad.
  • Aquí tiene vino caliente para mitigar un poco el frío-dijo Tatiana entregándole un jarro de madera que contenía la tradicional bebida germana hecha a base de vino tinto, limón, canela, clavos de olor y azúcar.
  • Gracias Tañushka, tu siempre tan amable, te mereces un pequeño presente- dijo Anatoli, con su distorsionada voz debido a una pequeña papa que llevaba adrede dentro de su boca, entregándole la manta de retazos y piel de lobo .
  • Gracias Weihnachtsmann, no se hubiera molestado- agradeció Tatiana.
  • Estoy seguro que te servirá para cobijar a ese pequeñito que pronto llegará- aseguró el anciano acariciándole el protuberante vientre de la embarazada-. Dime Tañushka ¿y tu padre?, ¿tampoco podré verlo en esta oportunidad?
  • No Weihnachtsmann, ha tenido que ir a arreglar la baranda del campanario de la iglesia de Santa María.
  • Deberían enseñarle al padre Casimiro a arreglar esa baranda que siempre se rompe para navidad- interrumpió enfadado Mischa con manos en jarra generando risas contenidas entre los presentes-¡Opa nunca puede estar cuando tú vienes!
  • Es que el padre Casimiro es muy viejito para aprender el oficio de carpintero, además tu Opa es el mejor carpintero de Possen- respondió orgullosamente el anciano que no pudo con su genio y auto elogiarse-. Igual tengo un regalo para él ¿Quieres entregárselo de mi parte?
    Seguidamente los niños se sentaron sobre la alfombra y, haciendo un círculo alrededor del anciano, comenzaron a entonar uno a uno un interminable repertorio de villancicos, aprendidos de memoria, en alemán, ruso, y polaco, a lo que el Weihnachtsmann respondía por cada canción con un regalo para el niño que la entonaba.
    De este modo durante casi una hora todos los presentes fueron recibiendo sus regalos que hicieron las delicias de los infantes.
    Con la bolsa casi vacía el Weihnachtsmann fingiendo que se acomodaba los lentes y trataba de leer la etiqueta que se hallaba sobre una pequeña caja de madera, atada con un moño hecho con una cinta de seda azul, se dirigió a Sascha, el mayor de los niños, y le preguntó:
  • Tú que sabes leer ¿puedes decirme por favor a quien pertenece este regalo?
  • Es de Onkel Gustav.
  • ¿Gustav? ¿el mismo que vivía hace algunos años en esta casa?
    Al escuchar estas palabras el corazón me dio un vuelco. En ese momento, volví en mi mente, veinte años al pasado, y con la inocencia del niño ansioso de recibir su regalo respondí:
  • Así es Weihnachtsmann, soy el mismo que ha venido de visita con mi esposa.
  • Entonces aquel señor que fuma pipa debe ser Hansi- preguntó luego de lo cual Hans asintió con la cabeza tratando de ocultar, en su pose de hombre de ciudad, el mismo sentimiento que a mi me embargaba-. ¡Ustedes dos siempre juntos! Eso es bueno. Los verdaderos amigos nunca pueden separarse. Aunque la vida consiga la separación física, las almas jamás podrán alejarse una de otra.
    El anciano, que previamente había entregado a Azucena una peineta de carey, me entregó el obsequio que torpemente desenvolví descubriendo, en el interior de la caja de madera un cuchillo de caza cuyo mango estaba hecho con el asta de un ciervo, el cual reconocí como perteneciente a Anatoli, por un pequeño monograma disimulado en la base del mango.
    Sin poder hablar de la emoción, ya que sabia que aquel cuchillo había sido obsequiado al anciano por su difunta esposa la primera navidad que pasaron juntos.
    Miré al Weihnachtsmann con los ojos llorosos, al tiempo qué él, tratando de disimular sus propias lágrimas, volvió a hablarme inquisitivamente:
  • Me imagino que ahora que recibieron sus regalos tendrán para mí algún villancico de la lejana tierra donde viven. ¿Estoy en lo cierto?
  • ¡Claro que sí!-exclamé con el entusiasmo propio de un niño-. Pero antes le tomaré a todos una foto para que este momento nunca se olvide.
    Toda la familia y Azucena se agruparon junto al Weihnachtsmann para quedar inmortalizados en aquella fotografía que, días después, enmarcada, adornaría la repisa que se encontraba sobre la chimenea.
    Seguidamente Azucena y yo cantamos un par de villancicos en español, para dejar paso a Hans y a Tabatha quienes luego de recibir sus presentes cantaron villancicos en francés.
    Una vez que todos los regalos fueron distribuidos y las galletas de jengibre y el vino caliente casi se acabaron el anciano se despidió de todos y con su bolsa vacía, ayudado por todos los niños se subió a la vieja troica, tirada por tres caballos, y se alejó mientras los niños corrían detrás por un par de cuadras.
    Igor espero a que todos los niños regresen para decir en voz alta:
  • ¡Otra vez Anatoli se ha perdido ver al Weihnachtsmann! Hans, Gustav, ¿me acompañan a la iglesia para ayudarle a mi suegro a terminar su trabajo antes que amanezca?
  • ¡Nosotros también queremos ir!- exclamaron al unísono Sascha y su hermano Nicolás.
  • ¡De ninguna manera!-dijo con voz severa Igor. Hace mucho frió y se van a enfermar.
    Los niños ingresaron a la casa y colocándose detrás de los gruesos vidrios de las ventanas, en cuyos marcos se acumulaba la inmaculada nieve que seguía cayendo tenuemente, vieron como nos alejábamos en dirección a la iglesia.
    Al llegar a la esquina nos estaba esperando Anatoli en la troica, a la cual subimos, y rodeando la manzana entramos al establo de Anatoli donde desenganchamos los caballos prestados por la familia del padre Nicasio, guardamos la troica en el altillo secreto junto a la rampa utilizada para el efecto y finalmente ayudamos al anciano a cambiarse.
    Antes de ensillar y montar los caballos, para simular haber venido en ellos desde la ciudad, dije a Anatoli:
  • No era necesario que me de un regalo Onkel Tolia, y menos su cuchillo de casa.
  • Yo no te lo obsequié, fue el Weihnachtsmann- respondió alegremente el nonagenario
  • De verdad... no puedo aceptar el cuchillo de caza que le regalo su esposa.
  • Se que siempre quisiste ese cuchillo. Yo apenas voy de caza así que no lo echaré de menos, además se que Kasia3 daría su consentimiento al saber que el cuchillo estará en buenas manos.
    Montamos a los caballos y retrocediendo en nuestros pasos llegamos a la casa donde Tatiana estaba partiendo la tradicional hoja de oblea que según la tradición se reparte entre los comensales de la cena en señal de reconciliación.
La costumbre de partir una hoja de oblea durante la cena de Nochebuena tiene su origen en las prácticas de los primeros cristianos que se obsequiaban pan en la iglesia en señal de comunión y fraternidad. Introducida en Polonia por el clero en la época del barroco, se propagó primero entre la nobleza y en las ciudades para extenderse, en el siglo XIX, a las zonas rurales.
  • Opa, Opa, el Weihnachtsmann se acaba de ir y dejó esto para ti- dijo Mischa que corrió a abrazar a su abuelo llevando en una mano uno de los soldados de madera que le acababan de regalar y en la otra el obsequio que el Weihnachtsmann, le encomendara para su abuelo.
  • Pero que mala suerte ¡Otra vez no he podido verlo! Y eso que este año me apuré en arreglar la baranda para poder verlo y agradecerle en persona todos los regalos que me ha traído en los últimos años.
  • No se preocupe Opa, Onkel Gustav ha sacado una fotografía en la cual podrás ver al Weihnachtsmann junto a toda la familia.
1 Abuelo en alemán.
2 En Alemán: Feliz Navidad
3 Sobrenombre del nombre polaco Katarzyna

Muchas felicidades a todos!!!

1 comentario:

  1. Hola ALEJANDRO, gracias por tan interesante e ilustrativa historia.
    Deseo para ti una feliz y hermosa navidad e igualmente un nuevo año donde se realicen tus más preciados sueños. Lo deseo de corazón.
    Un abrazo.

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