Para hacer un edificio son muy importantes tanto los cimientos como los pilares que lo sostendrán. Cualquiera con un poco de sentido común sobre entiende que no se puede escatimar recursos ni materiales en ninguno de estos elementos fundamentales ya que a la menor debilidad de uno de ellos todo el edificio se desplomará.
El cimiento, ancla al edificio al suelo del mismo modo que las raíces al árbol mientras que los pilares, son los que lo mantienen erguido.
Todo esto sale a colación de una cibercharla que acabo de mantener con una amiga en donde entre otras cosas hablamos de los valores humanos.
El ser humano, al igual que un edificio tiene ocultos bajo su fachada y construcción, cimientos y pilares que lo sostienen como persona.
El cimiento, son las costumbres, consejos, enseñanzas y vivencias que sus padres y familia formaron durante su infancia. De este cimiento parten siete columnas que son: El valor, coraje, fe, alegría, entusiasmo, honestidad y en ultimo lugar aunque no menos importante que los otros seis, el amor.
Cada uno de estos elementos debe estar bien equilibrado para que la persona también lo esté.
Sin tradiciones o renegando de lo que uno es, se pierde la sustentación ya que, como el edificio, si no tiene como anclarse al suelo el menor temblor lo desplomará. Un ejemplo de esto, se puede apreciar en aquellos inmigrantes que luego de haberse afianzado en su nuevo país reniegan del de origen, sus tradiciones y sus raíces, transformándose en lo que se diría “ni chicha ni limonada”.
Lo mismo ocurre con los pilares, todos deben estar en equilibrio, ya que la fortaleza de uno se transforma en la debilidad de los demás.
Para explicar esto ultimo expondré la siguiente situación:
Juan Perez es un empresario felizmente casado con dos hijos, que no escatima esfuerzos para ayudar a un individuo al que le robaron la billetera, en su empresa toma decisiones arrojadas, que hacen que su empresa sea líder del mercado, con su actitud positiva irradia alegría y entusiasmo a los demás, tiene fe en que todo lo que hace, sus empleados confían en él y en su integridad lo que hace que, por su productividad, sea nombrado el empresario del año. Pero... lo que muchos desconocen es que hace un par de meses ha tenido un desliz con su secretaria.
Esta asistente al convertirse en la amante del empresario toma ciertas actitudes y comportamientos que no son bien vistas por el este que al desencantarse de esta y ver en peligro su matrimonio, decide “reemplazarla”. Tiempo después la secretaria vende por despecho información a la competencia y genera un escándalo que, para hacerla corta, termina con el éxito del empresario que es despedido y echado de su casa.
Un lector de estas lineas puede decir que este ejemplo ha sido sacado de la telenovela de la tarde y es una exageración ya que ,”Juan Perez”, tiene seis de los siete “valores” o “pilares” que se hacen mención... además un desliz cualquiera puede tener.
En realidad “Juan Perez”tiene solo cinco de los siete “pilares”(valor, coraje, fe, alegría, entusiasmo) dejando de lado a la honestidad, con su familia, amante, y con él mismo, haciéndole perder la visión del verdadero significado del amor. Y cuando digo amor me refiero al concepto abstracto del mismo y no al carnal o sexual.
Este empresario que, aunque ficticio, se encuentra a nuestro alrededor bajo diferentes nombres, al tener ese romance ha perdido sustentación ya que al tener ese “pecadillo” ha quedado expuesto a la manipulación y posterior traición de su secretaria siendo esta aprovechada por la competencia para desplomarlo y hacerle perder la reputación como líder y esposo, que tanto le costo alcanzar.
Si en la construcción de un edificio no se debe escatimar ni en cimientos ni en columnas y, una vez terminado, se deben realizar inspecciones periódicas de mantenimiento ¿por qué no hacemos nosotros lo mismo revisando nuestras raíces y valores?