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Bibliografía de "Los ojos de Sejmet"
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sábado, 6 de mayo de 2017
Glosario aumentado de la novela "Los ojos de Sejmet"
Etiquetas:
Los ojos de Sejmet
jueves, 30 de marzo de 2017
La justa de Roblin
En este mes de marzo salió de
imprenta mi libro Nº 13, “La justa de Roblin”, el segundo en el género infantil,
esta vez a cargo de Editorial “En Alianza”.
Si bien el cuento fue escrito
hace varios años ha sufrido unas modificaciones debido al excelente criterio de
edición, corrección a cargo de “Las Ramas”.
Como es bien sabido, un libro
infantil debe tener ilustraciones de acuerdo al público al que va dirigido y
generalmente es muy difícil encontrar dibujantes que, además de captar el espíritu
del libro, lleguen a captar la atención del que yo creo el publico más
exigente: los niños. Es así que se contrató en esta oportunidad a Gabriela Burin, una joven argentina, que con sus dibujos, llenos de luz y color, no sólo
capta la atención de los más pequeños sino también de los grandes.
De esta manera “La justa de
Roblin”, destinado para niños del 1 ciclo (8-10 años) y para todo aquel que
quiera regalarse este nuevo libro para alegrar a su “niño interno”, ya está a
disposición de todos en Editorial En Alianza (Juan de Salazar 486 e/ San José y Boquerón, Asunción.)
miércoles, 29 de marzo de 2017
Lo bueno también hay que decirlo
En el mundo de la inmediatez y
la cultura chatarra, donde la destrucción de patrimonios arquitectónicos para la
irreverente construcción de centros comerciales o estacionamientos pagos es cosa de todos los días, una
noticia como la que tuve anteayer me sorprendió gratamente.
Es probable que los lectores de
estas líneas recuerden un posteo, primero en este blog, después en facebook y por
último, el año pasado, gracias a la buena predisposición de la periodista Milia
Gayoso, en el diario La Nación, donde precisamente hablaba en general, sobre la indiferencia que muchos tienen sobre los patrimonios arquitectónicos y la
manera como alegremente sus propietarios los derrumban, o dejan que la
inclemencia del tiempo lo haga, para luego sacar provecho del terreno, y en
particular, sobre la vivienda del general Resquín en Concepción.
Es cierto que desde el primer
momento este posteo tuvo muchos comentarios y lamentos incluso de parte de
autoridades que decían que “nada se puede hacer porque el inmueble en cuestión
es propiedad privada”.
En noviembre del año pasado,
durante una reunión de la Multisectorial del libro, aprovechamos para
comentarle el caso al actual Ministro de Cultura, Fernando Griffith y
posteriormente le acercamos una carpeta con las fotos del estado del inmueble en
ese momento.
El pasado domingo volví a subir una
foto actualizada del antiguo edificio haciendo notar como hasta pequeños
arboles ya se estaban apoderando de sus columnas. Como era de esperar los “me
gusta”, y demás símbolos, seguidos de comentarios no se hicieron esperar. Lo
que no me esperaba y me llenó de alegría es un posteo del mismo Ministro
diciendo que el problema estaba en vía de solución, que en mayo comenzarán los
trabajos de restauración y que la próxima semana el mismo iría a interiorizarse
en el lugar del verdadero estado de este patrimonio histórico.
Noticias como ésta normalmente no
son noticias de periódicos, los que se ocupan de otras cosas, sin embargo creo
que es un gran paso hacia la revalorización de nuestro patrimonio histórico-cultural
lo que nos permitirá comprender un poco más nuestra actual situación y tener
cimientos más fuertes para proyectarnos al futuro que queremos. Estoy seguro
que el Paraguay y el general Resquín agradecen esta acción de la SNC y de todos
aquellos que posibilitaron que este sueño de muchos se haga realidad
domingo, 26 de marzo de 2017
Bibliografía El secreto de Paraguari
El trabajo de investigación que se llevó a cabo para la
creación de esta novela fue realizado casi en su totalidad a través de libros e
Internet
Libros consultados
·
Lecciones de historia Paraguaya, Víctor
Natalicio Vasconcellos, Edición del autor, Paraguay, 1970
·
Historia 2, Jose Cosmelle Ibañez, Editorial
Troquel, Argentina, 1980
·
Popol Vuh, Libro sagrado de los mayas, Ediciones
Libertador, Argentina, 2009
Entre las páginas Web Utilizadas se encuentran:
·
https://www.enciclopedicohistcultiglesiaal.org/diccionario/index.php/PERAM%C3%81S_JOS%C3%89_MANUEL
viernes, 27 de enero de 2017
“El saber y la razón hablan; la ignorancia y el error gritan”
Con esta frase del poeta italiano de ascendencia alemana Arturo Graff, quiero comenzar esta breve intervención debido a un desagradable acontecimiento que me toco vivir y que, debido a las redes sociales, se ha viralizado ligándome indirectamente con este bochornoso suceso.
El día de ayer, 26 de Enero de 2017, me encontraba realizando tramites personales en la Comandancia de Policía en Asunción cuando abruptamente irrumpió en la sala de espera un sujeto gritando e insultando a todo personal uniformado que apareciera en su camino, e incluso llegó a golpear con su puño, con fuerza y sin motivo aparente, a un “pobre escritorio” que se encontraba en el lugar (como dije todo esto se puede ver en un vídeo de más de media hora que este individuo se encargo de filmar con su celular y de viralizar por las distintas redes sociales).
Este sujeto, además de gritar, invadía el espacio individual con su teléfono móvil siendo éste un elemento más de hostigamiento a los uniformados quienes en ningún momento reaccionaron con violencia, que si hubiera recibido en otros países democráticos, como ser Alemania, Francia, entre otros, y ni que decir de los países cuyas practicas distan mucho de serlo.
Este individuo, al ver que los oficiales le pedían que se calmara y tomara asiento para luego ser atendido como los demás, comenzó a gritar queriendo involucrar a los presentes prácticamente obligándonos a que opinemos y le demos la razón mientras nos filmaba con su teléfono móvil. Esto fue para mí la guinda que coronó el pastel, pues nadie tiene derecho a involucrarme en sus actos sin mi consentimiento y mucho menos filmarme y exponer mi imagen, como parte de este hecho, ante la mirada de conocidos y extraños.
Independientemente de las razones, justas o no, del citado personaje, de ninguna manera es esta la manera de actuar.
Si pretende cambiar el modo de actuar de las autoridades e instituciones de este país, primero debe dar el ejemplo y empezar con su propia educación ya que el respeto y los buenos modales no riñen con una causa justa, al contrario la reafirman.
Mirando desde afuera la filmación, se podría argumentar que éste atropello fue montado para ganar notoriedad ante los ojos de sus seguidores (porque, lamentablemente, hay quienes piensan que esa es la forma en que se debe actuar).
Según mi punto de vista, la actitud prepotente, arrogante y despectiva de este individuo no corresponde a alguien que dice querer cambiar al país en el que vivimos. Si queremos mejorar nuestro entorno debemos empezar por nosotros mismos y respetando a nuestro prójimo, aunque esto no sea retribuido. Pero de ningún modo podemos poner nuestra confianza en alguien que no tiene en cuenta que los derechos de uno terminan donde comienzan los de los demás.
El día de ayer, 26 de Enero de 2017, me encontraba realizando tramites personales en la Comandancia de Policía en Asunción cuando abruptamente irrumpió en la sala de espera un sujeto gritando e insultando a todo personal uniformado que apareciera en su camino, e incluso llegó a golpear con su puño, con fuerza y sin motivo aparente, a un “pobre escritorio” que se encontraba en el lugar (como dije todo esto se puede ver en un vídeo de más de media hora que este individuo se encargo de filmar con su celular y de viralizar por las distintas redes sociales).
Este sujeto, además de gritar, invadía el espacio individual con su teléfono móvil siendo éste un elemento más de hostigamiento a los uniformados quienes en ningún momento reaccionaron con violencia, que si hubiera recibido en otros países democráticos, como ser Alemania, Francia, entre otros, y ni que decir de los países cuyas practicas distan mucho de serlo.
Este individuo, al ver que los oficiales le pedían que se calmara y tomara asiento para luego ser atendido como los demás, comenzó a gritar queriendo involucrar a los presentes prácticamente obligándonos a que opinemos y le demos la razón mientras nos filmaba con su teléfono móvil. Esto fue para mí la guinda que coronó el pastel, pues nadie tiene derecho a involucrarme en sus actos sin mi consentimiento y mucho menos filmarme y exponer mi imagen, como parte de este hecho, ante la mirada de conocidos y extraños.
Independientemente de las razones, justas o no, del citado personaje, de ninguna manera es esta la manera de actuar.
Si pretende cambiar el modo de actuar de las autoridades e instituciones de este país, primero debe dar el ejemplo y empezar con su propia educación ya que el respeto y los buenos modales no riñen con una causa justa, al contrario la reafirman.
Mirando desde afuera la filmación, se podría argumentar que éste atropello fue montado para ganar notoriedad ante los ojos de sus seguidores (porque, lamentablemente, hay quienes piensan que esa es la forma en que se debe actuar).
Según mi punto de vista, la actitud prepotente, arrogante y despectiva de este individuo no corresponde a alguien que dice querer cambiar al país en el que vivimos. Si queremos mejorar nuestro entorno debemos empezar por nosotros mismos y respetando a nuestro prójimo, aunque esto no sea retribuido. Pero de ningún modo podemos poner nuestra confianza en alguien que no tiene en cuenta que los derechos de uno terminan donde comienzan los de los demás.
miércoles, 2 de noviembre de 2016
Muchísimas gracias!!!!
Como corresponde a los tiempos en
que vivimos el inicio de la mitad de mi vida empezó de forma vertiginosa.
Luego de abrir los ojos exactamente
a la misma hora que hace 50 años o sea a las 5:55, ya para las 8:00 estaba en
una reunión en la Secretaria Nacional de Cultura a las 9:30 en una reunión de
la multisectorial del libro y más o menos para las 11 me encontraba firmando
contrato para la edición de mis 3 próximos libros. Intercalando estos eventos también tuve que auxiliar vía telefónica y solucionar inconvenientes a clientes del seguro en apuros, que siguiendo la ley de Murphi no podían faltar.
Mientras esto pasaba, el teléfono
sonaba y en Facebook, wassap y mails, se sumaban los saludos de Italia, España,
Japón, Egipto, Costa Rica, Argentina, Colombia, de familiares, hermanos del
corazón, amigos, conocidos, escritores de Paraguay y otros países, profesores
de escuelas, muchísimos lectores de mis libros e inclusive dos arqueólogos, lo
que para un verdadero fanático de la arqueología y la antigüedad, es como si a
su cumpleaños vinieran Nefertiti y Cleopatra.
También he de resaltar que quede
muy gratamente sorprendido por el saludo que me enviaran desde la Sociedad
Argentina de Escritores (SADE Central), como también muy agradecido por los que
me hicieron llegar los amigos de la Comisión Directiva de la Sociedad de
Escritores del Paraguay (SEP).
Todos estos saludos, casi 400 en
su totalidad hasta ahora, demuestran que uno esta haciendo bien las cosas por
lo que este rumbo seguiré en estos próximos 50 años que comenzaron como acabo de narrar.
Es por todo esto que agradezco de
todo corazón a cada uno de aquellos que enviaron sus saludos. Realmente estoy
muy agradecido porque se hayan acordado hoy de mí.
Muchísimas gracias a todos!!!!
Próximos libros a ser lanzados
Muy buena noticia para los seguidores de mis libros!!!Hoy, aprovechando mi cincuentenario firmamos un contrato con Editorial En Alianza para la publicación de tres nuevos Libros: Los ojos de Sejmet (novela), El secreto de Paraguarí (Novela) y La justa de Roblín (cuento infantil), los cuales serán publicados los primeros meses del 2017.
Con estas nuevas obras les prometo, como siempre muchas aventuras y diversión garantizada... además de algunas sorpresas para los jóvenes e inquietos lectores.
martes, 1 de noviembre de 2016
De como descubrí que 50 años no son nada.
Hace algunos años, digamos cuando comencé a tener conciencia de este misterioso mundo lleno de color y cosas nuevas, descubrí a un grupo de enormes personas que me protegían, se acercaban dándome caricias, besos, alzándome y atendiéndome en todo lo que necesitaba. Con el tiempo fui creciendo y estos gigantes, a los que empecé a llamarlos mamá, papá, Omi, Opi, abuela Julia, Abuelo Miguel, Tante Graciela,… quienes me llevaron sobre sus hombros, jugaban, leían sobre antiguas civilizaciones y desaparecidos animales o regalaban jirafas de peluche, fueron achicándose.
Fue más o menos para esa época que me contaron que estos seres no eran gigantes, sino que algunos de ellos eran personas “grandes” y otros, los de cabellos blancos, eran “mayores”, aunque había quienes a este grupo también los llamaban viejos.
“Viejos los trapos”, decía mi abuela materna, “ya vas a ver cuando tengas mi edad” decía tiempo después mi mamá… Y si, como decía Albert Einstein, el tiempo es relativo y la perspectiva que uno tiene de las cosas cambia a medida que este va deshojando el almanaque.
Mañana tendré dos años menos que mi abuela materna cuando nací y como ella en aquel tiempo, no me siento para nada viejo.
A pesar que algunos me tratan de “Don Hernández” o simplemente “señor” con la implícita carga temporal que estos títulos acarrean, yo sigo siendo yo. El mismo de siempre, ni niño ni viejo, pero eso sí, con las mismas ganas de curiosear, viajar a lejanos países y épocas idas montado en libros, y porque no jugar juegos de mesa o ver dibujitos animados, claro está, guardando las formas y estrictamente acompañado por mis sobrinos.
Cuando era chico, 50 años me parecía una enormidad. Algo casi inalcanzable. Hoy, al escribir estas líneas, estoy a horas de llegar a esa frontera temporal y mirando en retrospectiva no fue tanto tiempo, aunque muchos jóvenes se me queden mirando como si fuera un dinosaurio cuando comento sobre como vi la transmisión de la llegada del hombre a la luna en 1969, la transmisión de la caída del muro de Berlín en 1989, o simplemente de cuando acompañado de mi abuela vi el estreno de SUPERMAN I en el lejano 1979.
Y sí, muchas cosas tuve la suerte de ver en este tiempo, como ser: la televisión en blanco y negro, la lapicera fuente, los mapas para tareas escolares hechos con tinta china sobre papel de calcar, el Beeper, la aparición de los teléfonos celulares, el casete, las computadoras Cómodor, el Atari, el Sega, el disquete…
Estos 50 años pasaron volando y muchos de aquellos gigantes de mi niñez se mudaron a otro plano astral y otros aunque se siguen achicando para mí siempre serán gigantes.
Es cierto que en este tiempo ocurrieron algunas cosas malas, pero fueron las justas y necesarias para saber apreciar la infinidad de cosas buenas que me pasaron, pasan y estoy seguro seguirán pasando en los próximos 50 años o por lo menos 49 con 364 días, por eso de que “no hay mal que dure 100 años”… ¿Quién sabe?, capas si esperan hasta el 2066, y vaya a saber por que medio, les cuente sobre estos próximos 50 años que vertiginosamente se vienen con todo.
miércoles, 20 de julio de 2016
Prologo de "Ingrávidos, cuentos para flotar"
Muchos dicen que un
libro es para el autor como un hijo, una parte de si mismo, sus vivencias,
anécdotas, sentimientos y hasta inclusive ocultos resentimientos que afloran en
la obra bajo el manto de un personaje que finalmente puede terminar de mala
manera, convirtiéndose la obra un poco en la catarsis de la propia vida del
autor y un reflejo oculto de su entorno.
Así como en la vida
misma el hijo tiene rasgos del ADN del progenitor, en este caso de la madre, “Ingrávidos,
cuentos para flotar” de Cintia Cañete, nombre este que figura en la
partida de nacimiento (ISBN) de este su primer hijo de papel, refleja la
personalidad y esencia de la autora.
Meticulosa,
extremadamente detallista, pulcra en su manera sencilla y directa de decir las
cosas, pero en especial una soñadora empedernida, Cintia, transfiere estas
cualidades a cada renglón, cada palabra y cada silaba de estos cuentos,
premiados todos, en diversos concursos a nivel local e internacional.
Cuando en el 2009 me
toco ser parte del jurado del concurso de cuentos Cortos “Helio Vera”, que
fuera organizado por la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y la Cámara
Paraguaya de Editores y Libreros (CAPEL), descubrí entre varias decenas de
trabajos un cuento que me llamó la atención. “El pozo del jardín”.
Es con este cuento
de realidades paralelas con el cual conocí a Cintia quien, a pesar de haber obtenido
en aquel concurso sólo “una mención”, no se desanimó y prosiguió afinando su
estilo y persistiendo para lograr lo que la autora siempre persigue en todo lo que se
propone: La excelencia.
La autora no tardó
mucho en hacerse notar en el mundo de los concursos literarios donde casi
siempre, en la apertura de sobres, su nombre comenzó a encontrarse entre los
tres primeros puestos.
La
cristalización de estos 7 años de arduo trabajo es este libro, compuesto por 11
cuentos, que demuestra que si deseamos algo con todas nuestras fuerzas,
trabajamos duro sin desanimarnos con las dificultades que puedan aparecer en el
camino, de seguro nuestros sueños se harán realidad, pues como dice ella, “Los
sueños son realidades esperando cristalizar”
Por todo lo mencionado, es un orgullo para la SEP y para
quien escribe estas líneas, que gracias a aquel concurso organizado junto a
CAPEL y el tenaz trabajo literario de Cintia Cañete, hoy “Ingrávidos, cuentos para flotar”
esté en las manos del lector ávido de lectura inteligente y refrescante a la
vez.
Les garantizo que al zambullirse en el intrincado y deliciosamente
combinado cúmulo de vivencias y sensaciones de cada uno de los relatos
descubrirá, cubierto por el manto de la ficción, un mundo con el que podrá
identificarse, reflexionar y fundamentalmente disfrutar esta pequeña joya de
bolsillo.
Alejandro Hernández
y von Eckstein
Vicepresidente SEP
(2012-2016)
sábado, 9 de julio de 2016
Independencia u...oro por baratijas
Y así fue... y es.
No pasó mucho de aquel 1807 para que depender económicamente de los ingleses y sus bancas, sea una realidad.
En la actualidad, sus herederos,y tantos otros, llámense Banco Mundial, FMI, etc, etc, que si bien, desembarcaron mucho después que Juan de Garay, siguen vendiéndonos inútiles espejitos y baratijas...porque nos gusta y dejamos que así sea, olvidándonos de los tesoros que tenemos y de todo lo que podemos y debemos hacer con ellos.
Tesoros que se esfuman, como los cerebros, que parten hacia otros horizontes; recursos naturales que se escurren entre nuestras manos a bolsillos ajenos; fauna, flora y cultura que es aplastada bajo las ruedas de un rally, son cambiados por espejitos que son aceptados porque, según el señor de la caja boba o de vaya a saber quien dice, el mundo globalizado lo exije.
Es de esta manera como baratijas que nada tienen que ver con nuestra identidad son cambiadas gustosamente por nuestras tradiciones, costumbres y recursos.
Es así como espejitos que encandilan con su brillo y nos hacen elegir lo que los otros quieren que elijamos y no lo que realmente debemos.
Baratijas transformadas en realitis, hamburguesas, shopings y transmisiones deportivas en pantalla gigante que nos distraen mientras se siguen llevando lo mejor que tenemos, pues nos inculcaron que lo que tenemos no sirve. Porque siempre, siempre, lo de afuera es mejor.
Pero,digo yo, si no sirve lo de adentro ¿Por qué los de afuera se lo llevan?
Ojalá que el bicentenario no sea solamente de globos y desfiles, o casitas de Tucumán recortadas de una revista.
Que no necesitemos otros 100 años para aprender el verdadero significado de la palabra independencia y que ser argentino es mucho más que gritar los goles de la albiceleste.
AHvE
jueves, 14 de abril de 2016
Prologo "Contemplar el abismo" de Melisa Ballasch
A pesar que “Contemplar el abismo”,
novela ganadora del “5º Premio literario General Seguros”, organizado por la
Sociedad de Escritores del Paraguay y General Seguros, puede clasificarse como
una novela de ficción debido a que se desarrolla en una sociedad ficticia y en
un futuro después del holocausto de la humanidad, su contenido y esencia distan
mucho de serlo.
Según el diccionario de la Real
Academia Española de la lengua, “la sociedad es un conjunto de personas,
pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes” Estas normas, conceptos y
valores, concebidos originalmente y en su mayoría por un ente
político-religioso, fueron trasmitidos a sus habitantes por medio de leyes para
que al ser cumplidas se evitaran conflictos que pudieran llevar a la destrucción
de la sociedad. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando estos conceptos y valores se
topan con otros de una sociedad distinta?, o ¿cuándo las fibras más íntimas del
ser de un integrante de esa sociedad riñen con las normas impuestas? ¿Qué pasa
cuando un individuo es distinto?
Ballasch, juega con estas preguntas y
conceptos sumergiendo al lector en las profundidades oceánicas y llevándolo a
la mítica Atlántida.
Es en esta sociedad, rígida y
estructurada en base a la igualdad de sus ciudadanos, donde vive Czell, quien
luego de varios sucesos, descubre que sus sentimientos más profundos riñen con
su drástica profesión y en especial con varias leyes que hasta ese momento
había creído verdaderas e inviolables.
Maravillosamente ambientada tanto
en un acuático mundo de ballenas, tortugas, peces y corales, como en los restos
de un mundo destruido por la guerra, donde la vida volvió a abrirse paso, descubriremos
en las páginas de esta novela que el ser diferente no es el problema en una
sociedad, si no el que creamos que nuestras diferencias son las que nos hacen
mejores.
Espero que disfruten de cada una
de las páginas de esta novela así como yo lo hice.
Alejandro Hernández y
von Eckstein
Vicepresidente Sociedad
de Escritores del Paraguay
martes, 29 de diciembre de 2015
Margarita (Cuento)
A Margarita B. Arias, con eterna gratitud
![]() |
| Imagen de la web |
Sin saber por qué, me orillé, detuve el motor, y me quedé
mirando sin observar a ningún lugar en particular. Esperando que el día
despierte.
Desde niño, y en especial durante mi adolescencia, me
fascinaron los días de lluvia, al igual que las noches, para escribir. Creyendo,
tal vez, que las musas o los duendes de la escritura bajaban del cielo en las
gotas para contarme al oído aventuras de viajes realizados a lo largo del
mundo, mientras la “nave” que los trajo a mí, solamente era una pequeña nube de
vapor.
—¿Está libre? —preguntó una mujer, que de la nada apareció
junto a la puerta del vehículo.
Destrabé el cerrojo y abrí la puerta trasera dejando que la
mujer subiera.
Baja de estatura pero con una marcada elegancia, la mujer,
quien desde el primer momento me pareció familiar, se sentó y mientras se
quitaba el pañuelo que llevaba atado a la cabeza me indico la dirección a la
que deseaba ir.
—Parece que está parando de llover —indiqué como forma de
iniciar una conversación mientras la observaba por el espejo retrovisor.
—Así es. Una pena…
—¿Una pena? ¿Le gusta la lluvia?
—Tardé mucho tiempo en apreciarla. En entender que aquellos
retrasos en mi itinerario por su causa eran una bendición. Un momento para
reflexionar. Un momento para compartir, un momento para enseñar y trasmitir.
—Habla como filosofa. ¿Acaso es profesora de filosofía?
—pregunté teniendo en cuenta que la dirección a la que nos dirigíamos
correspondía a una antigua escuela de altos estudios.
—No. Era profesora de historia, pero hace unos años que ya
no ejerzo.
—Entiendo, se jubiló.
—Algo así.
—¿Lo extraña? ¿Extraña enseñar?
La mujer sonrió y luego de un momento respondió.
—Extraño a esos ruidosos adolescentes que con sus preguntas
capciosas me sacaban de mis casillas obligándome a estar bien preparada e
informada. Recuerdo en especial a un estudiante de cabello castaño claro, alto
y delgado, quien con otros dos compañeros iban a la biblioteca de la alameda
especialmente para buscar información que pudiera contrariar a la próxima clase
que yo debía dar.
—¿Quién le dijo?... ¿Cómo se enteró? —dije tartamudeando,
como si el tiempo hubiera retrocedido y esperara una fuerte reprimenda de mi
profesora.
—Es que íbamos a la misma biblioteca, pero como yo me encontraba
en la sala de lectura para fumadores nunca supiste que era yo quien los espiaba
a ustedes y sus travesuras. De hecho sin darse cuenta aprendieron y mucho.
—¡Profesora Margarita!... ¡Qué sorpresa verla! —dije
efusivamente.
Al mirarla detenidamente, no había duda. Aquella mujer, para
quien el tiempo poco había pasado, era sin lugar a duda mi querida profesora de
historia del segundo y tercer año de secundaria.
—La sorpresa es mía al verte detrás del volante de un taxi
—dijo con mirada recriminadora—. Recuerdo que deseabas ser arqueólogo. No es
por menospreciar el trabajo que realizas pero siempre pensé que te convertirías
en un historiador o un escritor. Recuerdo que una vez hablamos sobre el tema.
—Puede decirse que esa época donde creía que debía huir del
bullicio del día a día y viajar a un mundo de aventuras y sueños, para volver
con estos, crear y volcar el resultado en las hojas de papel para que lectores
de todo el mundo los tomen como suyos y puedan seguir construyendo “sus
sueños”, ya se acabo. El tener que llegar a fin de mes y enfrentarse finalmente
a la cruda realidad de que uno tiene que vivir para trabajar, y no a la inversa
como debiera ser, dieron por tierra con todos mis sueños…
—¡Fernández! —dijo imperativamente la profesora marcándose
en su frente la línea en “V” que denotaba su grado de furia y que bien
conocía—. ¿Quieres ser como don Quijote, quién murió al dejar de soñar? Es
cierto que no podemos vivir eternamente en la irrealidad, como el personaje de
Cervantes, pero tampoco podemos prescindir de nuestros sueños, a los cuales el
mundo debe el avance tecnológico que hoy tenemos. Solamente se debe tener un
cable a tierra con el cual comparar la fría y mundana realidad con nuestro mundo
soñado. No debemos bajarnos o soltar a nuestros sueños, debemos aferrarnos a
ellos aunque todo conspire contra nosotros, ya que no sabemos adónde estos nos
puedan llevar.
—Pero profe… Es difícil vivir de la escritura salvo que uno
tenga la suerte de escribir un best seller.
—¿Profe? ¿Acaso estamos en la escuela para que me llames
así? Pero… ya que lo decís, quiero que me escuches atentamente: Sin sueños no
somos más que un pedazo de carne ciega que vaga sin rumbo durante toda la vida.
—Sé que tenés razón, Margarita, pero es muy difícil cumplir
lo que decís.
—Escuchá bien Eduardo. Hace muchos años una profesora me
entregó un papel con dos frases que me acompañaron desde ese momento. La
primera, de autor anónimo dice “Con esfuerzo y esperanza todo se alcanza”, y la
otra del romano Tito Livio, que dice “Cualquier esfuerzo resulta ligero con el
hábito”. Puede que al principio sea difícil y debas compartir tu pasión y
sueños con tu actual fuente de ingresos. Sin embargo, gracias a tu trabajo,
dedicación y fe en ti mismo, llegará el día en el que los sueños dejen de serlo…
nunca dudes de ello. Sé que así será.
—Sin darnos cuenta ya llegamos —dije señalando el gran
portal de la universidad a la que nos dirigíamos—. Como siempre, disfruté mucho
nuestra conversación. Me alegró mucho volver a encontrarte. ¡Ojalá se repita!
—Por ahora no lo creo… debo partir.
—De seguro, aprovecharás que estás jubilada y viajarás a
Egipto como siempre lo deseaste. Pero a tu vuelta… tal vez…
Margarita no dijo nada, simplemente sonrió y comenzó a
buscar en su bolso.
—Ni se te ocurra pagarme —dije firmemente—. El estar estos
minutos conversando es la mejor paga que he recibido en mucho tiempo. Además
nunca tuve la oportunidad de agradecerte todas tus enseñanzas, esfuerzo,
dedicación, aliento, en fin, todo lo que hiciste por mí en los años que fuiste
mi profesora. Porque aunque no quieras que te llame así tu siempre serás mi
profesora ¡y con mayúsculas!
—Gracias. Gracias por acordarte de mí.
—Nunca podré olvidarte. Mi gratitud será por siempre.
Margarita descendió del taxi y se alejó.
Había dejado de llover y los alumnos de la universidad
comenzaban a llegar aunque todavía el día no quería despertar.
Bajé la bandera del taxímetro cuando una joven hizo la
parada.
Luego de unos minutos la mujer dijo:
—Disculpe, alguien olvidó su billetera.
—Gracias, señorita, debe ser de mi profesora de historia que
se acaba de bajar. En cuanto pueda se la devolveré. De seguro en la universidad
sabrán su dirección —dije, luego de verificar que dentro se encontraban su
cédula de identidad y unos pocos billetes.
Había pasado el mediodía y el sol ya se abría paso entre las
nubes cuando regresé a la universidad y luego de estacionar me dirigí al
portero.
—Buen día señor. Hoy traje de pasajera a una profesora
jubilada que se olvidó en mi taxi su billetera. ¿Podría darme su dirección?
—¡Por supuesto!¿Cómo no voy a darle lo que pide? Es raro ver
que alguien devuelva algo en estos días… la mayoría se la hubiera guardado
¿Cómo se llama la señora?
—Margarita… Margarita Arias.
—¿Está seguro que es de ella? Hace tiempo que no da más
clases en la institución.
—Este es su documento, además, la conozco. Fue mi
profesora—dije orgulloso.
—Si usted dice, voy a ver si su dirección todavía está en el
archivo. Aguárdeme.
Quince minutos después, el portero, regresó con una
dirección escrita en una hoja de papel.
—Esta es su última dirección… ¿Está seguro que era
Margarita?... Tal vez era su hija… Bueno, no me haga caso y dele mis saludos.
Leí lo escrito y de inmediato reconocí la dirección donde al
parecer siempre vivió la docente.
Sin demora, encendí el taxi y luego de dos horas llegué al
lugar.
La tarde comenzaba a caer y los álamos que se encontraban
sobre la vereda, a lo largo de la empedrada calle, alargaban sus sombras como
queriendo recibirme con un abrazo. Más allá, la vieja casona, bastante
deteriorada y mucho más pequeña de lo que recordaba, todavía lucía la pintura
rosa deslavada por el tiempo.
Al tiempo que un ruidoso tren pasaba a mis espaldas, abrí el
viejo portón que daba paso al enmarañado terreno, donde otrora se encontraba el
frondoso jardín, y me dirigí a la puerta de entrada.
—Disculpe —dijo una mujer de unos cuarenta años desde la
vivienda contigua—. ¡La casa no se vende!
—No deseo comprarla, sólo deseo devolverle algo a la dueña…
La profe Margarita… que esta mañana...
La joven interrumpió mis palabras, molesta:
—No tengo tiempo para bromas. Y si de verdad la busca, no es
este el lugar donde encontrará a mi madre.
—¿Usted es su hija? —dije acercándome al cerco que dividía a
las dos casas—. Soy Eduardo Fernández, fui alumno de su mamá hace varios años,
inclusive me acuerdo de usted y de su hermano una vez que vine con dos
compañeras. Hoy a la mañana subió a mi taxi y se olvidó su billetera y
solamente quiero devolvérsela. ¿Se la puede entregar?
La joven tomó con desconfianza la billetera de mis manos y
al abrirla palideció visiblemente.
—¿Esto es una broma? ¿Cómo consiguió esta billetera?
—preguntó visiblemente alterada.
—Ya le dije. Ella la olvidó en mi taxi.
—Eso es imposible… Ella murió hace treinta años.
Está de más decir que quedé petrificado en pie por unos
largos segundos. Mecánicamente, me despedí entregándole una tarjeta del radio
taxi, subí a mi vehículo y partí a toda velocidad. No sé cómo, dos horas
después llegué a mi hogar, me metí a la cama y dormí.
Desperté al día siguiente con el ruido de las fuertes gotas
golpeando las tejas del techo de la habitación. Me vestí y en vez de dirigirme
al taxi, encendí la vieja computadora y comencé a escribir.
Una vez leí que nuestros sueños no son sólo tales, sino,
etéreos hilos de luz que nos guían hacia el camino por donde debemos transitar.
Si esto es cierto, y lo vivido fue sólo un sueño, mi profe…
Margarita, encontró la manera de ser uno de estos hilos… y por siempre le
estaré agradecido.
sábado, 19 de diciembre de 2015
Los cambios en la sabana
El día había comenzado en árida sabana. El sol extendía sus
rayos sobre la rala vegetación mientras la hiena, bajo la sombra del viejo
sicomoro, reía revolcándose en grotesco baile sobre los restos todavía tibios
del viejo león.
A la mayoría de los habitantes no les importó el retumbar en
sus tímpanos de las risas espasmódicas de aquel grotesco ser y la de sus
compañeros de manada, quienes habían logrado vencer al antiguo dueño del lugar.
Muchos habían deseado el cambio y ya nadie, absolutamente nadie, dudaba que con seguridad todo cambiaría desde ese momento.
Al mediodía, la hiena seguía revolcándose y riendo bajo la
sombra del sicomoro, mientras los calcinantes brazos de febo invitaban a
acercarse a las frescas aguas del casi seco abrevadero. Muchos de los
habitantes de la sabana lo intentaron, pero ya no era del todo posible pues la
manada de hienas se hallaba en ellas desafiando a aquellos que osaran
acercarse.
Aunque este hecho sorprendió al principio, no importó
porque, finalmente, la mayoría compartiría el vital líquido exceptuando
aquellos que se aventuraron a partir de su ancestral lugar, emigrando a lejanos
lugares, y a los pocos que por su edad o fuerza morían en el intento. Un
sacrificio por el bien de todos dijeron algunas hienas rayadas, recién llegadas
e invitadas por sus pares, entre bocados y risas.
Por la tarde la hiena seguía riendo bajo el sicomoro,
mientras los cadáveres se apilaban y la felicidad de los buitres, que hacia
tiempo habían perdido la esperanza de un festín como aquel, contrastaba con la
añoranza de aquellos que, empeñándose a no dejar su antiguo territorio,
recordaban los tiempos idos.
La noche llegó así como un numeroso grupo de hienas pardas,
que habían dormido en sus cuevas durante el día, y con ellas, la grotesca
muerte de los desprevenidos.
El sempiterno astro rey surgió en la lejanía e ilumino con
sus primeros rayos la roja sabana y a las obesas hienas que peleaban entre
ellas por restos de carroña.
La hiena reía y se revolcaba en grotesco baile bajo el
sicomoro, cuando se escucho el potente rugido de un joven león cuya presencia
no se hizo esperar.
De gran porte y negra melena el gran felino se abalanzó
sobre la desafiante hiena mientras sus compañeras huían despavoridas…
El silencio se apoderó de la sabana, al tiempo que tres
buitres arrancaban con sus picos jirones de cuero, carne y entrañas de la
hiena.
Ya nadie escuchará en aquella sabana la histérica risa,
mientras el verdadero rey de la selva duerma bajo la sombra del viejo sicomoro.
Etiquetas:
Cuentos
jueves, 19 de noviembre de 2015
Las cosas por su nombre y sin diferencias
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| Imagen de la red |
Estoy cansado y agotado de los
continuos comentarios por Facebook, Wasasp, periódico, TV,etc, en donde se
lloran los muertos de Francia, por un lado, y por otro ignoran a los de Beirut,
Nigeria, Brasil y otros lugares.
También estoy asqueado de aquellos
comentarios que fomentan el odio y la destrucción hacia un pueblo o religión
determinada, cargando las redes de comunicación, tendenciosamente, con
información errada o a medias para crear un sentido determinado en la opinión
del público que habla de daños colaterales “inevitables” cuando las muertes ocurren en Asia o África pero de una gran afrenta a la humanidad cuando
los decesos ocurren en Europa o en America del norte.
¿Qué
diferencia a unos humanos de otros?
Muchos dirán que la religión.
Es
cierto que el grupo terrorista, causante de la bárbara masacre en territorio
Frances, como también de la destrucción de varios patrimonios de la humanidad,
como las antiguas ciudades de Dur
Sharrukin, Hatra, Nimrud, Alepo y otras, dice ser musulman. Pero
también es cierto lo que dice el periodista alemán Jurgen Todenhöfer, quien convivió
10 días en Mosul con los terroristas y volvió para contarlo: “El Estado Islamico
predica un tipo de Islam rechazado por el 99 % de los 1,6 billones de
musulmanes del mundo”. Entonces, digo yo, ¿por qué odiar al 99% por culpa de
ese 1%?
Todas las religiones se cimientan
en bases fundamentales como el “no robar”, “no mentir” y principalmente “no
matar”, y el Islam no es la excepción. Son algunos hombres los que tuercen esos
principios a su “piachere”, dando interpretaciones propias tratando de “arrear”
para sus respectivos “molinos” a la mayor cantidad de seguidores. Como ejemplo
doy las palabras de Ibrahim al Kandari, religioso kuwaití que apoya
al Estado Islámico, quien proclamó: “ya es tiempo de que los
musulmanes borren de la faz de la Tierra la herencia de los faraones
egipcios”… "El hecho de que los primeros
musulmanes no lo hayan hecho no significa que no deberíamos hacerlo ahora”.
O sea la palabra y opinión de este religioso, según él, es superior o más
valedera que la del profeta principal de la religión que profesa y que guió a
los primeros musulmanes.
Lo mismo ocurre con los países. Durante gran
parte del siglo XX se estereotipó en películas, historietas, libros, etc, a
todos los alemanes como Nazis, a pesar que muchos germanos del mundo no
abrazaron el ideal de este partido alzando de una u otra forma sus voces contra
el régimen mientras duro. Entonces ¿por qué insultarlos de esta
manera?
“El terrorismo es el
uso sistemático del terror para coaccionar a sociedades o gobiernos, para la
promoción y logro de sus objetivos y/o supremacía sobre los demás que no opinan
como ellos”, no es una condición genética, racial, religiosa o demográfica.
El nacer en un país o pertenecer
a una religión determinada no te hace terrorista o no terrorista. El terrorista
es terrorista sin distinción de credo o nacionalidad.
Llamemos a las cosas por su nombre: Un muerto en un atentado es una victima tanto si muere en París como en Burundi y un terrorista es aquel que realiza esa acción.
Dejemos de estereotipar y etiquetar, o dejar de hacerlo, a quien y
en donde no corresponde… aunque lo digan las redes y la TV.
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