La recuerdo con peinado globo, siempre vestida con elegancia, con su trajecito de confección o con su tapado de piel. Mostrándose, para los que no la conocían, como un terrible ogro a pesar de ser baja de estatura y menuda. También recuerdo muy bien lo feliz y orgullosa que se la veía aquella mañana del 2 de abril del 1982 cuando, con el diario Clarín en mano y la sonrisa más esplendorosa que jamás le vimos, eufórica, interrumpió la clase que estábamos dando, para con su vibrante vos comunicarnos el inicio de las acciones militares en Malvinas.
Los que éramos más allegados, orejas nos decían, podíamos llamarla fuera del aula por su nombre de pila, pero para el resto de la clase solo era la profesora Arias, la profe de historia.
Ella nos enseño, a mí y a todos los que tuvimos la suerte de conocerla, mucho más que una materia en un plan de estudio, nos enseño a luchar, a seguir nuestros sueños, que la mente es la mejor maquina del tiempo y que basta solo con pensar y soñar para viajar por las arenas del tiempo.
Hoy a más de veinte y cinco años que la vi la ultima vez, me duele pensar que jamás le agradecí nada de lo que ella desinteresadamente estaba "sembrando" en mí en esos años adolescencia.
No se si su devoción al trabajo, que era su vida, o el cigarrillo, fue lo que finalmente la arrebató prematuramente de entre nosotros. Sea como fuere su recuerdo, su imagen, están y estarán siempre marcados a fuego en mi alma al igual que su sonrisa.
¡Gracias Margarita, por no haber sido solo mi profe de historia y convetirte en mi guia de vida!
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